Hermanos Martín: «Nunca te acostumbras a trabajar por la noche»

Los hermanos Emilio y Pablo Martín posan en el obrador junto al horno de leña./Samira Hidalgo
Los hermanos Emilio y Pablo Martín posan en el obrador junto al horno de leña. / Samira Hidalgo

Los hermanos Pablo y Emilio Martín llevan varias décadas al frente de su panadería, un negocio artesanal y familiar

Samira Hidalgo
SAMIRA HIDALGOCastro Urdiales

La panadería es uno de esos oficios sacrificados, en gran parte, por el horario en el que se tiene que desarrollar la actividad laboral. Para que los clientes puedan degustar el pan desde primera hora de la mañana, Pablo y Emilio Martín, panaderos del obrador Hermanos Martín, comienzan su jornada a la una y media de la madrugada, finalizando sobre las dos de la tarde. Este horario, al que «nunca» se acostumbra el cuerpo, implica que no puedan pasar tanto tiempo como les gustaría con su familia. Además, no hay que olvidar que el obrador funciona a pleno rendimiento de lunes a domingo, sin tener descanso «ni en fiestas, ni en fiestillas», cerrando únicamente el día de Año Nuevo y de Navidad, lo que hace que la conciliación familiar sea aún más difícil.

Pablo Martín llega a su casa tras una larga jornada laboral e intenta comer con su mujer y sus hijos para poder pasar con ellos un rato, porque después tiene que irse a descansar y dormir tras haber pasado toda la noche trabajando. Cuando estos hermanos llegan al obrador se dedican a mezclar los ingredientes básicos para elaborar sus panes: Agua, sal, harina y levadura. Estos se convierten en una masa que fermentará y que hay que meter en el horno donde permanecerá un tiempo para después ser sacada y vendida en forma de una rica barra de pan.

En su obrador también venden directamente el pan y para ponérselo más fácil a sus clientes, se lo llevan a domicilio. De hecho, lo que más les gusta a estos panaderos de su trabajo es, precisamente, el trato con los clientes. Aunque su labor es artesanal y emplean ingredientes naturales, no quiere decir que no tengan que ponerse al día, y es que siempre hay que «renovarse», porque antes sólo se hacía el pan normal, pero van saliendo especialidades diferentes como el pan de espelta, de maíz o de centeno. Además, la maquinaria también va progresando gracias a la evolución de la tecnología, por lo que a este respecto, también tienen que adaptarse.

Ahora la maquinaria les quita de «mucho esfuerzo físico», algo que se agradece, manteniendo, eso sí, la receta artesana. No obstante, «no ha cambiado mucho» su labor desde que comenzaran en el mundo de la panadería. Ya desde niños veían cómo sus padres trabajaban en el obrador, fundado en 1950, donde los hermanos, desde pequeños, «echaban una mano». De hecho, su obrador cuenta con «uno de los dos hornos de leña» que quedan en Cantabria, habiendo a nivel nacional unos diez», y es en esa antigua máquina donde cocinan cada día sus especialidades: El pan gallego y el pan chapata, productos perecederos que son vendidos en el mismo día, diferentes a los panes congelados y calentados tan comunes actualmente. Tras fallecer sus padres, Emilio y otro de los hermanos se quedaron al pie del cañón, mientras que Pablo se dedicó a sus estudios de FP2 de Maestro Industrial. Sin embargo, este último, tras finalizar sus estudios en plena crisis económica de los 80, donde los contratos «eran de dos meses», decidió unirse a sus hermanos y volver a la panadería.

Por su parte, Emilio ha estado ocupado en la panadería toda su vida, desde la época en la que ayudaba a sus padres en el obrador. Hoy, este lugar se ha convertido en una empresa familiar en la que cada uno pone su parte, estando al frente Pablo y Emilio, sacando adelante con ayuda de su familia la panadería que les ha visto crecer.

 

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