Hay que salvar Cotolino

Era septiembre de 1994, cuando un grupo de jóvenes castreños se decidió a parar la construcción de 66 viviendas en primera línea de costa

Imagen de 1994 que anunciaba la construcción de las viviendas con un 'no' que ocupa la totalidad del cartel. /Javier López
Imagen de 1994 que anunciaba la construcción de las viviendas con un 'no' que ocupa la totalidad del cartel. / Javier López
Óscar Prada Campaña .
ÓSCAR PRADA CAMPAÑA .Castro Urdiales

Última hora. «En el momento de terminar este comunicado nos llega la noticia de que han sido detenidos por la Guardia Civil varios miembros de la Plataforma para Salvar Cotolino por impedir el trabajo de las excavadoras». Corría el mes de septiembre de 1994 cuando un grupo de jóvenes castreños, hartos de hormigón, decidimos organizarnos para evitar que una nueva agresión degradara aún más el paisaje y patrimonio cultural de Castro Urdiales, municipio que ya entonces comenzaba a acelerar su cáncer urbanístico que derivó en la metástasis de todos conocida. En la ladera del monte Cotolino, a la izquierda de los últimos edificios construidos, donde nuestros ancestros dominaban el Portus Amanun, apareció un día un cartelón que anunciaba la nueva construcción de 66 viviendas en primera línea de costa. No podíamos creerlo». ¿Cómo es posible que los representantes municipales consientan algo así? ¿Nadie va hacer nada? Lo haremos nosotros o se nos caerá la cara de vergüenza».

Efectivamente, la parcela nº 15 de Cotolino no solo tenía concedida licencia de obras por el Ayuntamiento, sino que todos los grupos políticos con representación municipal habían dado su visto bueno a la tropelía –gobernaba el PSOE con IU, en la oposición estaban la extinta UPCA y el PP–. Pero el origen venía del Plan Parcial de Cotolino que la anterior corporación –presidida por UPCA– había aprobado poniendo como cebo la construcción de unas viviendas sociales: Las últimas en finalizarse, a pesar de ser los primeros edificios en comenzar las obras. Un clásico. Resonaba en la memoria el macroproyecto de Castro Novo, rechazado por la ciudadanía en la primera Consulta Popular de la Democracia en España quince años antes.

«Paramos excavadoras, hubo un encierro de tres días en el Ayuntamiento y miles de firmas de apoyo»

Visto lo visto, muchos se preguntaban si no hubiera sido mejor desarrollar aquel proyecto antes que el caótico y destructivo urbanismo fomentado por las cuatro corporaciones municipales posteriores a la consulta popular. Pero más acá de las dudas había una certeza: Cotolino debía conservarse para disfrute de toda la sociedad. Paramos las excavadoras, hubo un encierro de tres días en el Ayuntamiento, miles de firmas de apoyo fueron recogidas en pocas horas y durante meses Cotolino ocupó las páginas de los periódicos locales y regionales. La Plataforma siempre reconoció los derechos de la empresa constructora, cuyo representante se mantuvo dialogante a lo largo de las muchas reuniones de negociación que se dieron en el ayuntamiento con la corporación municipal y representantes de la Plataforma. En esas negociaciones pudimos comprobar la resistencia que ejercían los munícipes para encontrar una solución. Reconocer y enmendar errores no suele ser plato de buen gusto para nadie.

No obstante, es insospechado el poder que, en beneficio de común, puede alcanzar la ciudadanía cuando se organiza para defender la naturaleza manteniendo una voluntad integradora en la búsqueda de acuerdos desde la participación. Esta es la esencia compartida por la Custodia del Territorio y la Gobernanza. Y así, de abajo arriba, se salvó Cotolino. Al constructor se le ofreció otra parcela de propiedad municipal donde pudo obtener un rendimiento económico similar, pero sin impacto paisajístico. Hoy en día la ciudadanía disfruta de un bello espacio verde con árboles autóctonos y espectaculares vistas de, y desde, la bahía. Pero más allá del recuerdo de esta gesta ciudadana que convendría no olvidar aún queda algo importante por hacer relacionado con la memoria. Según los expertos Cotolino alberga vestigios históricos que pueden tener gran relevancia, es necesario abordar su estudio arqueológico antes de que se destruyan. La Plataforma para Salvar Cotolino ya lo demandaba hace 24 años, hoy, con un poco de voluntad política, por fin podría llevarse a cabo.

Salvemos la memoria de Cotolino, es la nuestra.

 

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