Santa Clara, algo más que un convento

Santa Clara, algo más que un convento

Durante el asalto francés, cientos de castreños se refugiaron en el templo y los franceses lo respetaron

JAVIER GARAY

Santa Clara es un convento cuya fundación, según el libro Conventos en Burgos y su Montaña, dice que se remonta al siglo XIII, el cual, según tradición recogida por Gonzaga, habría sido fundado también en tiempos de San Francisco por el breve Vitae perennis de Nicolás IV, al igual que los demás conventos que en el siglo XIII integraban la custodia de Vitoria. Se supone que la construcción del convento no tenía patronos, se llevo a cabo gracias a la ayuda generosa de los habitantes de la villa y de los muchos mercaderes y peregrinos que afluían a su puerto.

En el siglo XIV figura el nombre de fray Aparicio, morador de este convento como destinatario de una facultad otorgada en 1329 por el cardenal Bernardo, obispo tusculano. Un lustro más tarde se menciona el convento de Castro Urdiales en el Provinciale de fray Paulino de Venecia. El 10 de agosto de 1360 figura fray Pedro de Dueñas, compañero de fray Lope, «maestro de los frailes Menores de la Provincia de Castiella», en un pergamino que contiene un traslado legalizado, en Santa Clara de Castro Urdiales, de la bula Licet vobis del 20-5-1356. En 1393 se fecha un convenio entre este convento y Pedro Martín de Vitoria y antes de finalizar el siglo, el convento ocupó un lugar destacado en la historia de la villa con motivo de los disturbios provocados por los diversos bandos que ensangrentaron sus calles en luchas banderizas.

Existe, además, una real cédula que, a petición de este convento castreño, dio el rey Juan I en las cortes de Burgos a 28-10-1379, confirmando para todos los conventos los privilegies de exención anteriormente concedidos por Alfonso XI -1313-1350-, Fernando IV -1295-1312-, y Sancho IV -1284-1295- corroborada a su vez pon posterioridad, el 27-4-1414, por su nieto Juan II.

En el siglo XV, una bula del antipapa Benedicto XIII se encarga a un oficial de la curia episcopal de Burgos que ponga remedios en ciertos abusos relativos a la pobreza, aplicando los bienes que poseían al guardián y los frailes en beneficio del convento que estaba necesitado de reparos y atenciones según referencia. El 18 de diciembre de 1480 era guardián del convento Pedro de Arriaga y el 14 de agosto de 1505 el P. Huelmos, a quien se le nombra en dicha fecha visitador perpetuo de Santa Clara, según aparecen en diferentes escrituras de las fechas indicadas. Una de las primeras precauciones del P. Huelmos, al cesar probablemente de guardián en el capítulo custodial de Miranda, del 02 del 7 de 1503, para ser nombrado visitador perpetuo del monasterio de santa Clara de dicha villa, fue limar las diferencias existentes entre ambas comunidades sobre el modo de dar el habito de San Francisco o de Santa Clara, a los que intentaron su enterramiento en la iglesia de Santa Clara consiguiendo para ello de dicho capítulo unas ordenaciones peculiares.

Durante la lucha de los banderizos, el convento de Santa Clara volvió a ser refugio de los fugitivos y también punto de reunión del corregidor con las autoridades de la villa. Durante el asalto francés en 1813, cientos de castreños se refugiaron en él y los franceses los respetaron y dijeron que Santa Clara obró un milagro. Próxima a Santa Clara y según consta en el libro más antiguo de cuentas parroquiales del año 1566 en el folio tres, y habiéndose hecho un inventario como anejas a la parroquia de Santa María, encontramos entre otras a Santa Catalina, la gran desconocida de Castro y que era el ojo avizor de la mar. Esta Santa es venerada en los Países Nórdicos como la autentica Señora de la Mar, vamos como nosotros a la Virgen del Carmen, la verdad que estaba en un lugar estratégico para otear la mar y ver al enemigo merodear y sigue el documento: «Iten, tiene otra ermita en el mercado de la dicha villa de la bocación de la Señora Santa Catalina. Tiene Renta y Libro por si donde se toma la cuenta de de la data y recabo».

Como todo lo que se refiere a Castro Urdiales anterior a la entrada y saqueo de la villa por los franceses es interesante, por haber sido quemados los archivos de la villa, citar varios documentos referentes a la escritura censual de 94.178 reales de vello impuestos con facultad real contra la villa de Castro a favor del real Convento de Santa Clara de aquella villa. Será a la vez una especie de censo de los vecinos de Castro Urdiales que tenía en 1756 por haber concurrido y firmado un acta todos o la mayor parte de los residentes entonces en la villa: «En la ermita de Sta. Catalina desta Noble Villa de Castro Urdiales a 9 de febrero de 1745 en conformidad de lo decretado y bandos echados por voz de pregonero, concurrieron en esta referida ermita, los señores justicia y regimiento de esta expresada villa que son D. Francisco de la Torre Alcalde y juez ordinario de ella y los vecinos y regidores Mateo Enrique de la Bia y Calera, Manuel de Peñarredonda, Antonio de Llantada, Manuel capotillo. Agustín de la Juadra, sindico procurador general de esta Villa, Francisco de Laredo, Procurador general del Noble Cabildo de San Andrés de los Mareantes y Navegantes de ella» y así recoge el texto hasta trescientas firmas.

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