Los que se tiran

En la imagen se aprecia la grúa desde donde Javi Banderitas realizó su salto . /Colección Particular de Jesús Garay
En la imagen se aprecia la grúa desde donde Javi Banderitas realizó su salto . / Colección Particular de Jesús Garay

En 1967, Javi Banderitas se tiró de cabeza desde el brazo de la grúa que sobresalía varios metros sobre el tejado de Santa Ana

JAVIER GARAYCastro Urdiales

Tirarse. Este verbo con decenas de acepciones es el que usábamos en Castro en nuestros juegos acuáticos para definir los saltos al agua. Nunca decíamos vamos a saltar desde el balconcillo de Santa Ana, si no; vamos a tirarnos desde el balconcillo. Pues bien, por esto es por lo que a los que se tiraban por aquella época, bien desde el puente o desde Santa Ana, los subtitulaban como; los que se tiran. ¡Se va a tirar Meguy desde el cargue!, decía alguien. Y allí dirigíamos todas las miradas mientras jaleábamos a Nisio desde las rampas de San Guillén. Hoy se les llama clavistas o saltadores a quienes practican este deporte de clavado (high diving en inglés).

Por supuesto que los que se tiraban en Castro eran seres excepcionales. Valientes para lanzarse, con un control y una fuerza mental especial, además nervios de acero para romper la barrera del miedo, que es el momento de despegarte de donde haces pie y caer a más de 80 kilómetros por hora. Si no dominas el cómo quieres entrar al agua, estás listo, pues como dice el gran saltador Orlando Duque: «Todo lo que no entra recto, duele». Tirarnos, casi todos los jóvenes de la época lo hacíamos. Recuerdo a Luis Portillo, un gran amigo, que le gustaba mucho tirarse desde el balconcillo, pero siempre de pies. Yo me tiraba también de pie y casi todos, pero otra cosa era tirarse de cabeza, eso estaba para los auténticos gallitos del aire, a los que admirábamos, ellos nunca se tiraban de pie, no sabían, me lo ha dicho hace poco Julio Bustillo, Lili, que lo mismo era un gran nadador como uno de los mejores tirándose. Julio fue el delfín del puerto, cogió 27 banderas, habiendo pasado solamente 37 veces. Julio, junto a Tito Acebal; Banderitas, fueron los grandes cucañistas del siglo XX.

Tirarse de pies y desde 10 metro, es solamente un atrevimiento, pero hacerlo desde veinte o treinta y de cabeza es cosa de Hollywood y poco más. En Castro hubo grandes tiradores que se hubiesen medido a nivel mundial en la actualidad: Nicolás Aspirez, Pelocaqui, Costa, los Helguera, Macua, Javier, Juanan, eran buenísimos. Julián Zamanillo, el mismo Julio Bustillo, muy metódico, miraba la altura y marea, Chomin Villar, Madrazo, José Mari Pérez o Polito II, que era capaz de tirarse haciendo una voltereta en el aire y caer de cabeza desde Santa Ana. Ahora que se sabe todo de los saltos, sabemos que al entrar en el agua, superas en casi tres veces la fuerza de la gravedad y, durante la caída, los clavistas deben de controlar el cuerpo para no desguazarse al impacto. Eran auténticos clavados los que hacían y que estaban a la altura de los más grandes, pero de cabeza.

En Castro hubo grandes tiradores que se hubiesen medido a nivel mundial en la actualidad

Tirarse despertaba emoción y allí nos reuníamos para ver volar al águila humana, que era recibido con aplausos y se comentaba en el pueblo. Sería por 1967 y me encontraba bañándome en San Guillén y alguien gritó: ¡Javi Banderitas, se iba a tirar de arriba de la grúa del rompeolas! Todo San Guillén subió a Santa Ana para ver tirarse a uno de los más grandes. Como pueden ver en la foto, mirábamos para arriba ya que el brazo de la grúa sobresalía sobre el tejado de Santa Ana varios metros. Si alguien se pregunta cómo era posible que le dejaran tirarse los obreros desde la grúa, sepan que se estaba al acecho para cuando los obreros se iban a comer. Unos días antes habían estado porfiando que si se tiraba de la grúa, que si no y ahora, allí, en la misma punta de la pluma, como un avecita y ante nuestros ánimos, Javier abrió los brazos y se dejó caer en horizontal, solo así con valor, con la inercia y control podías entrar al agua de cabeza. Pero horror, el pie izquierdo se le deslizó y se quedó de costado mientras caía, hubo un rumor, Javier se reiría, pues para eso era el ángel volador de la bahía, plegó un brazo al cuerpo y pronto planeo. Llevaba el cuerpo en el aire en forma de U para controlar la caída y antes del contacto se estiró, entrando al agua con una suavidad de seda y un chombo perfecto colocando. Se había colocado las manos y tocándose las palmas por encima de la cabeza a modo de Yogui hindú, para proteger su cabeza. Al entrar al agua, se oyó como un disparo, un autentico bombazo de artificio, dejando en su zambullida un chorro o embudo de burbujas, como si hubiese caído un proyectil al agua, fue todo un cañonazo. ¡Se ha tirado Javi Banderitas desde la pluma de la grúa de cabeza!, se comentaba por el lugar. Lo hicieron muchos, no todos se tiraron de cabeza, pero aquel chombo, con todos nosotros desde Santa Ana, mirando para arriba y que duró tres segundos, fue lo más emocionante que se pueda ver.

Javi Banderitas, y el destino es cruel, falleció muy joven al caer desde una higuera. También fue gran cucañista como su padre y un gran nadador que dominaba todos los estilos. Se tiró en bajamar desde el puente, lo hizo de cabeza y cuando salió, tenía los nudillos destrozados al haber impactado contra el fondo. Te seguimos queriendo Javier.