Las churrerías

Paco y Virtudes, el auto bar a principio de la década de los 70./Familia López Alonso
Paco y Virtudes, el auto bar a principio de la década de los 70. / Familia López Alonso

Los churros parece ser que fueron inventados por pastores españoles para sustituir la ausencia de pan fresco

Damián garcía .
DAMIÁN GARCÍA .El Astillero

Existen algunas profesiones que se resisten a ser intervenidas por los nuevos tiempos y no digamos por las nuevas tendencias del insaciable americanismo, que nos quiere reeducar, ya no solo en el lenguaje, sino también en nuestro acerbo gastronómico, pero llegados a este punto considero una autentica despreocupación que nuestras autoridades no alcen la voz y exclamen un «basta ya», debido a querernos intervenir desde el extranjero para cambiarnos nuestras conductas saludables alimenticias.

¿Qué porqué lo digo? Pues nada más y nada menos, porque ahora al tocino de hebra se le ha pasado a llamar bacon, los filetes rusos que amasaba tu madre con carne picada bañada en leche, con ajo y perejil, lo prostituyen lingüísticamente e indecentemente y lo recalifican como burger y para remate lo aderezan con una salsa sintética llamada kétchup, que quiere arrinconar a esa salsa de tomate natural que arrastrabas con el pan por el plato hasta dejarlo belicosamente limpio.

Ante semejante tropelía no nos podemos quedar callados y les invito a reivindicar con fuerza y en alta voz «vivan los churros» pues esta delicia al paladar parece ser que fue inventada por pastores españoles para sustituir la ausencia del pan fresco. La masa de los churros es fácil de producir y freír en un fuego abierto en las montañas, donde los pastores vivían la mayor parte del tiempo. Algunos historiadores sostienen que el producto lleva ese nombre porque es similar a los cuernos de las ovejas churras originarias de Castilla y León.

Desde mis primeros años recuerdo en el pueblo un establecimiento que se dedicaba a la venta de churros, de la que tengo más conciencia, es de la que estaba en la calle San José que llevaba el mismo nombre de la calle y santo, también me recordaba Alfredo, que en la plaza del Mercado estaba la churrería Meneses, las demás churrerías tenían carácter ambulante y en las fiestas patronales nos venían a ofrecer sus móviles productos.

Pero si tenemos una voz autorizada en el pueblo para hablar de este manjar esa es Virtudes Alonso Marañón, nacida en Liérganes en el año 1932, casada en el mismo pueblo de su nacimiento, con un mozo de Socabarga llamado Francisco López Ruiz, con la friolera de veintiún años ambos. Después del viaje de novios que fue a ninguna parte, instalaron su primera residencia en Liaño de Villaescusa, para posteriormente vivir casi permanentemente en Astillero.

Me cuenta Virtudes que Paco era conductor de un Barreiros pequeño, para posteriormente ser chofer de un Pegaso, aunque la adicción al pluriempleo en aquellos años estaba a la orden del día y ayudaba a Rivero que era amigo suyo en las romerías haciendo churros. Hasta que decidieron dar un paso al frente y pensaron «que aquello que hacen otros, también lo podemos hacer nosotros al estar a nuestro alcance».

Empezar siempre es complicado pues tienes que hacerte con los utensilios apropiados para la actividad, al establecimiento de la plaza del mercado le compraron la churrería de carbón, la caldera y los barreños para elaborar la masa que habitualmente la daban vuelta con los cucharones de madera en el prado de la romería, para entre vuelta, masa y rueda, se soñaba dar un mundo mejor a los hijos (pues crié a mis hijos al pie de la churrería) cuando me conto esta reflexión Virtudes, pensé con cuanta profundidad y sencillez se puede querer a los hijos, un zasca de realidad, que viene que ni pintado para despejar tonterías a las madres modernas.

La siguiente inversión novedosa de aquellos años, la fraguan comprando un camión viejo a la empresa de galletas 'La Sara', para hacerle una reforma vanguardista y poner en circulación la coquetería del auto-bar, churrería, con sus ochenta mesas y trescientas veinte sillas, para lo cual ascendió el coste a mas de quinientas y pico mil pesetas, pero este nuevo medio de comunicación y de concebir el negocio les dio la capacidad de empezar las fiestas patronales en San José diecinueve de marzo en Astillero, terminando el diecinueve de octubre en San Lucas en Hoznayo, todo un hito para los tiempos que corrían.

Atentos al dato cuando se pregunta ¿cuál es el secreto para un churro perfecto?, El aceite bueno que les comprábamos a la casa de Sotoliva, la harina fuerte echada al bidón, un puñado de sal cuando hierve el agua, remover con una pala de madera, mover sin parar hasta que la masa del churro quede dura, hecha la masa y posada echar a freír hasta que tenga su punto de doración y como prueba del algodón el churo para que este perfecto no tiene que escurrir grasa y estar triscón (espero no haberme equivocado en el orden, para no hacer yo un churro).

Para finalizar tengo a bien decir que Virtudes, conserva una lucidez extraordinaria para su edad y se despide con un reconocimiento entrañable cuando dice «los niños por donde iba, me abrazaban», para rematar con un suspiro: «!Ay!, he trabajado toda la vida como una burra». Contar nuestras pequeñas historias son tan necesarias como el respirar, pero lo que nunca podemos olvidar, que tanto el churro, como Gibraltar, son españoles.

 

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