La última dentellada del vandalismo en Astillero

Uno de los juegos del parque infantil ha sido arrancado de su base por una acción vandálica que lo ha dejado fuera de servicio./Sheila Izquierdo
Uno de los juegos del parque infantil ha sido arrancado de su base por una acción vandálica que lo ha dejado fuera de servicio. / Sheila Izquierdo

En lo que va de año, los parques infantiles y el recientemente inaugurado Puente de Solía se han llenado de desperfectos inesperados y grafitis

Sheila Izquierdo
SHEILA IZQUIERDOEl Astillero

En las últimas semanas, el municipio de El Astillero ha sido víctima, una vez más, de la acción vandálica. En este caso, se ha cebado con el puente de hierro de la Ría de Solía, una estructura cuya renovación y puesta en marcha ha supuesto al Gobierno de Cantabria la cantidad de 165.000 euros. Casi nada. Y es que, esta estructura, que llevará cerca de un mes inaugurada, ya ha sido 'tocada' por la acción grafitera, causando un impacto visual que se aleja de lo deseable para toda obra nueva que se precie. Pero no ha sido el único elemento de la vía pública que ha sufrido daños en lo que va de año. También uno de los columpios bajo la iglesia San José, en concreto, el que se ubica junto a La Planchada, ha sido forzado de tal manera que el Ayuntamiento ha tenido que precintarlo y dejarlo fuera de servicio ante el riesgo que supone para los niños, los principales usuarios.

La situación, explicó al alcalde, Francisco Ortiz, no obedece a ningún recrudecimiento de la acción vandálica y, según valoró, se tratan de «hechos puntuales» que no se alejan de lo que suele ocurrir habitualmente en el municipio. Sin embargo, llama la atención que el flamante puente de hierro sobre la Ría de Solía, todavía 'huela' a nuevo y ya cuente con firmas que nada tienen que ver con el titular de la obra.

«Una pena», lamenta una vecina que suele aprovechar las mañanas para caminar por la zona acompañada de un grupo de amigas. «Con lo que han tardado en abrir de nuevo este puente, que une Villaescusa con El Astillero, y que ya esté garabateado».

El Ayuntamiento vigila estos actos vandálicos, pero no considera que hayan aumentado

Peor pinta tiene el columpio de la Planchada, que está completamente destrozado después de que algún 'valiente' -probablemente en plural- arrancara la base de la estructura y, lógicamente, se fuera con la misma por donde vino. «Una gracia que ahora pagamos todos», comenta un vecino en uno de sus paseos diarios mientras se detiene a observar cómo ha quedado la zona de juegos del concurrido parque infantil de El Astillero.

Los grafitis se han convertido en el elemento decorativo más indeseable de todo mobiliario urbano municipal. Un 'okupa', que prolifera bajo el pretexto de un dudoso gusto artístico y el ímpetu de dejar constancia de su presencia, que se ha colado desde hace años también en el patrimonio municipal de El Astillero. De hecho, no deja de fijarse en zonas de juego infantiles, como La Cantábrica, enclaves patrimoniales de referencia, como la iglesia San José o el puente de Los Ingleses, suponiendo un agravio económico a las arcas municipales.

El grafiti y los grafiteros a pie de calle están considerados actos vandálicos y en algunos casos suponen una sanción económica que, en el caso de ser menor de edad, repercute en los progenitores.

Medidas ejemplares

En un municipio próximo a El Astillero, como es Santa Cruz de Bezana, se adoptó el pasado año una medida ejemplarizante. Sancionar con cerca de 12.000 euros a los padres de un menor que realizó pintadas en varios rincones del término municipal. Al joven se le pilló in fraganti ('spray' en mano) por agentes de la Policía Local y la medida que vino a continuación trascendió a la opinión pública, empujada por el interés del municipio de ponerle freno a esta conducta y encontrar, quizá a largo plazo, una solución.

Los puntos que suelen sufrir más el vandalismo son La Cantábrica o el puente Orconera

También en ese municipio se llevó a cabo una campaña de sensibilización consistente en etiquetar parte del mobiliario urbano con el precio que supone su reposición para las arcas municipales, una medida que pretendía crear conciencia ciudadana para pensárselo dos veces antes de deteriorar todo lo que tenga que ver con lo público.

En El Astillero, los grafiteros hacen gala a su nombre con relativa frecuencia. De hecho, hace unos meses aparecían unas pintadas de tinte obsceno en la entrada de la iglesia San José, que causaron cierto estupor entre los feligreses y paseantes de la zona. Tuvieron que ser limpiadas de inmediato, sin que, que se sepa a día de hoy, se haya dado con los autores de los hechos y con el consiguiente gasto económico.

También el puente de la Orconera, el emblema del municipio, era un habitual dentro de los 'escenarios' escogidos por los artistas callejeros para inmortalizar su paso por la zona. Antes de que fuera cerrado al tránsito por motivos de seguridad, se registraron toda clase de actos vandálicos relacionados con el fin de semana, como quema y retirada de traviesas, elementos que forman parte de la estructura y de difícil sustitución -pertenecen a la industria del ferrocarril de la década de los noventa-.

Más lugares proclives al vandalismo son La Cantábrica, donde es frecuente la rotura de bancos e incluso el robo de tramos de barandillas de metal. Para ello, los autores, según explicaron fuentes municipales, recurrieron al uso de herramientas. Vamos, que había premeditación y alevosía.

Todas estas acciones, de un pasado reciente y un presente riguroso, son de sobra conocidas por el Consistorio astillerense, aunque ninguna de ellas son calificadas como significativas o fuera de lo que se conoce como habitual. Quizá la costumbre también se ha colado en el ojo del que mira. Aún así, en el municipio hay consciencia de que no se puede mirar para otro lado ante este problema. Por eso, el Ayuntamiento está «vigilando» de cerca estos hechos y los similares que puedan sucederse de aquí en adelante, como apuntó el alcalde, Francisco Ortiz, que si bien reconoce que en las últimas semanas se han detectado nuevos actos de vandalismo, no significa -matizó- que se esté produciendo en el municipio un incremento alarmante. «No puede hablarse de un aumento significativo, aunque en las últimas semanas sí que hemos tenido un par de casos».