Los clásicos brillan en cabezón

Jóvenes de la comarca que han formado un club de vehículos antiguos, organizaron un encuentro de coches clásicos en el Conde San Diego

Los clásicos brillan en cabezón
Javier Rosendo
Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Coches brillantes, azules, verdes fosforito, blancos impolutos, coches viejos resplandecientes, de la década de los cincuenta, del año 1992, de la Segunda Guerra Mundial, coches rojos, coches pequeños, de tres puertas y tres asientos. Coches y coches, pero todos ellos de más de 25 años de antigüedad (desde el año de matriculación).

El pasado domingo, el parque Conde San Diego de Cabezón de la Sal acogió la II Exhbición de Vehículos Clásicos (la primera se realizó el año pasado), un evento que organiza el Club Clásicos Villa de Cabezón y que tiene como objetivo principal satisfacer a los amantes del motor y presumir de 'carro'. Juan José Martínez es uno de los jóvenes del municipio, «aficionado a los coches y a los rallies», que el verano pasado decidió organizar este encuentro de clásicos por primera vez y que este año ha repetido «tras el éxito cosechado entonces».

El domingo, más de cien vehículos brillaban sobre la hierba en el parque, «el doble que la primera vez», sacaba pecho Juan José, con una camiseta blanca y relajado, joven. «Sobre todo coches de calle y de competición, aunque también motos y algún camión». ¿De competición?«aquellos que tienen una preparación especial a nivel mecánico y de seguridad y a los que no es habitual ver en la carretera». El precio de los clásicos puede ir desde los 2.000 euros a «lo que cuestan un Ferrari o una limusina», explica el Juan José, que no da cifras «para no meter la pata». El objetivo, aclara, «es rememorar otras épocas de la automoción y unir a las personas que tienen afición por este mundo». Juan José tenía un Peugeot 106 del año 1992 que no le salía rentable. Mira los clásicos, «reliquias que requieren mucho gasto».

La exhibición reunió a gente «de diferentes lugares de Cantabria, de Asturias, País Vasco y Navarra». A las doce de la mañana, daría comienzo la ruta por la comarca, con parada en Udías, para luego volver y comer juntos en el parque. «Después daremos unos premios», anunciaba el organizador. «Al más antiguo (esperaban un Escarabajo del año 1927, pero no sabían si iba a llegar) y al que venga desde más lejos». Tras los premios, tendría lugar el homenaje a RamónSan Pedro, organizador de numerosos eventos del mundo del motor en la zona, «que debutó como piloto en Asturias con más de cincuenta años».

Nada más entrar al parque, a la derecha, estaba el coche de Pedro Díaz y Rodrigo, su hijo pequeño. Un M38 de la Guerra de Corea, que según su propietario, «luego compró el Ejército Español». Un vehículo del año 1950, verde caqui, que Pedro adquirió hace cinco años y que ha ido restaurando con piezas de un hangar americano. «El 99% es original», dice. La reliquia lleva una metralladora M30, un botiquín con utensilios de primeros auxilios «porque es un coche de guerra» y un casco auténtico de la II Guerra Mundial que pesa una tonelada. Lleva la bandera española, aunque en su momento portaba la americana, y parece un coche de juguete de tamaño real, pero resulta que el vehículo funciona perfectamente y tiene que pasar hasta la ITV. «Es de mi hermano, que es un amante de la historia y sobre todo de la IIGuerra Mundial», explica Pedro y todo el mundo quiere hacerse fotos al lado de su clásico.

«Para mí un clásico es una forma de vida, porque me trae muchos recuerdos»

A la derecha de éste estaba el Citroën AC4 de Miguel Ángel Callejo, del año 1928. Este vecino de San Vicente del Monte que reside en Santander tiene varios coches antiguos, «un 44 Renault del 58, una moto sidecar de 1954 y ya la Lambreta clásica del 70». Detrás de cada aficionado hay una historia. «Mi padre transportaba leche con un Ford 4 del Ejército rematriculado y yo aprendí a conducir con ese coche cuando tenía siete años». «A esto hay que dedicarle mucho trapo, que se dice», afirma. Si es caro o barato «depende de las manos de cada uno». Su coche antiguo tiene «serbofreno de origen», que significa que tiene la frenada predispuesta. «Es de hierro, hierro, no hay plástico, muy duro, robusto y fiable». «¡Ah!», añade, «y no es bueno que se moje».

En la historia de Manuel Ángel García caben más automóviles aún. A Cabezón se ha traído su limusina Lincoln del año 1989,«que es la misma que la de la película de Pretty Woman». Cuando iba a la escuela, Manuel se compró un Seat 124 que le costó 10.000 pesetas «y cuando lo cogí me cargué el muro de casa de mis padres». Desde entonces, no ha dejado de pensar en coches clásicos y a día de hoy acumula en torno a quince. «Me he gastado mucho dinero, casi incalculable». Va cogiendo clásicos y los va arreglando. Tiene un Corvette C4 rojo igualito al de la serie del Equipo A del año 1987 y un SEAT 127 del año 1975. Además, está haciendo una réplica del Coche Fantástico, «el Pontiac», con piezas compradas en Estados Unidos. A la exhibición también se ha traido un coche de un verde «como el que tenía la compañía telefónica hace años». Entran cuatro personas, «pero en su época iban hasta once a la playa». Lo de Manuel es un tema «nostálgico». «Para mí un clásico es una forma de vida, porque me trae muchos recuerdos y es parte de nuestra historia».

Una historia, la de la automoción, que no se olvida gracias a este tipo de iniciativas,«que deberían llevarse a cabo con mayor frecuencia», pues ¿a quién no le gusta presumir?

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