Comillas conecta con su pasado indiano

Comillas conecta con su pasado indiano
Javier Rosendo

La villa celebra hasta hoy la décima edición de esta fiesta que exalta la figura de los emigrantes de ultramar

LUCÍA ALCOLEAComillas

Las carpas blancas apuntando al cielo, banderillas del mismo color colgando de los edificios, una canción que dice «todo fue por ella...», una voz que menciona al Marqués Antonio López y López desde el escenario y mucha, mucha gente de blanco y gorros de paja, que beben mojito y comen barquillo. Es la inconfundible imagen del Día del Indiano en Comillas. De nuevo este fin de semana la villa se ilumina y recuerda, hasta hoy domingo, su identidad y su esencia.

Con el sol como invitado inesperado en una mañana que amaneció lluviosa, a la una del mediodía de ayer la plaza del Corro estaba a rebosar, los alumnos de la escuela de danza de la localidad se ganaban los aplausos del público en el escenario y las paradas (del ron, de los mojitos, del café, la comillana, la solidaria, la de los puros, la del chocolate y la de Intermon Oxfan) llenas de público con ganas de probar y de introducirse en el ambiente.

Entre el gentío, Luisa Barrica y su hermano Tomás, de Valladolid. «Esta fiesta es increíble, pero lo mejor es la gente». Uno bebía mojito y otra comía barquillo. Aunque lo que más llamaba la atención era el grupo formado por Paqui Bolado, José Luis Agudo, José Ruiz, Gonzalo Alonso, María Jesús Bolado, Juanma Gómez y María Eugenia Cuevas. Todos vestidos con deslumbrantes trajes de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cosidos puntada a puntada por las mujeres. Una de ellas, este año, se ha hecho cinco, «dos para mí y tres para mis nietas». Y así todos, de exposición. Llevan diez años viniendo al Día del Indiano desde Santander y pertenecen a la Asociación de Trajes de la Tierruca, como Vera Simons, reina en la confección de trajes de época. «Nos pasamos el verano esperando a que llegue esta fiestas, porque de Comillas al cielo», dicen, mientras la gente no para de pedirles que se saquen fotos. «Las mujeres cambian su forma de andar cuando se ponen los trajes», asegura uno de los hombres. «Nos volvemos más finas», confirma otra.

Entre las paradas, estaba la de Ultramar, con Alfonso Benito al frente, de Burgos, que pertenece a la Asociación de Indianos de Pradoluengo, uno de los municipios que conforman la Asociación de Municipios Indianos del Norte. «Hoy es un día intenso, porque todo sucede muy rápido y es continuo». Vendía papel maché, café de Sierra Maestra (Cuba), pintura, semillas y su buen humor lo daba gratis. «Me gusta el indiano, porque nos conecta con lo que fuimos y con lo que somos ahora», concluye su argumento con solemnidad.

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