Los jóvenes viven noches saludables

La Mancomunidad de Servicios Sociales Saja-Corona pone en marcha un programa de ocio sano para los jóvenes durante los fines de semana

Rocío Ortíz, educadora social (a la izquierda) y Ana Poo, integradora, en el centro juvenil 'El Centruco' de Cabezón de la Sal./Javier Rosendo
Rocío Ortíz, educadora social (a la izquierda) y Ana Poo, integradora, en el centro juvenil 'El Centruco' de Cabezón de la Sal. / Javier Rosendo
Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Clanc! ¡Clanc! ¡Clanc! El golpe metálico del futbolín. El olor a comida mezclándose con el aire tibio de la noche. Los gritos de los jóvenes por encima de todo. Una adolescente que mira la pantalla del móvil recostada en el sofá. La mesa llena de envoltorios de pan de molde, el suelo sobre el que alguien acaba de pasar una fregona. El centro juvenil 'El Centruco' de Cabezón de la Sal acoge cada viernes y sábados por la tarde noche (entre las 18.00 y las 23.00 horas) a alrededor de 50 jóvenes de 13 años en adelante, que acuden a disfrutar de las alternativas de ocio saludable que ofrece el programa 'Vive la Noche', coordinado por la Mancomunidad de Servicios Sociales Saja-Corona. Se trata de un proyecto que lleva en marcha desde el año 2.000 (ha sufrido interrupciones) y que funciona a pleno rendimiento desde hace cuatro años, gracias al empeño de la presidenta de la Mancomunidad, Rosa Fernández y de la educadora social, Iosune Fernández.

La iniciativa consiste en ofrecer una alterantiva saludable a los jóvenes de la zona, como medio de promoción de una socialización positiva y respetuosa, alejada del alcohol y de las drogas. En el proyecto trabajan educadores e integradores sociales que son contratados a través de Corporaciones Locales, como Rocío Ortíz (educadora) y Ana Poo (integradora), que en seguida se distinguen entre el grupo de jóvenes. «Hola, vamos a hablar a un lugar más tranquilo si quieres». Es viernes por la noche, pronto, y los chicos y chicas intentan hacer la cena.«Pizza y unos sandwiches». Hoy toca taller de cocina. Tienen un pequeño horno y una mesa que parece de ping pong. Dos sofás más bien viejos, futbolín, billar y Play Station. Todo lo que parece necesitar un joven hoy en día, además de su inseparable móvil. El ambiente es distendido y amable.

«Es un espacio destinado a los chavales de la zona, que busquen una alternativa a los bares» Ana Poo | Integradora social

«Ahora venimos, portaos bien», sugieren las técnicos, que se dirigen a un despacho contiguo. Con ellas va Iago Seoane, un chico de 20 años que lleva cinco acudiendo al Centruco, un referente para los demás jóvenes. «Es como su padre», apuntan. Pero un padre enrollado, casi de su edad. «Aquí se intenta ayudar a los chavales mediante juegos, competiciones, actividades... Yo empecé a venir porque lo veía como una salida a los problemas, y porque podía pasar tiempo con personas a las que les pasaba lo mismo que yo. Nos ayudábamos entre todos», explica Iago.

«Este es un espacio destinado a todos los chavales de la zona que busquen una alternativa a los bares. Ten en cuenta que son jóvenes y que lo más sencillo para ellos es pasarse la tarde tomando algo con sus amigos, lo que es normal, pero aquí pueden pasar el tiempo relacionándose de forma sana», señalan las profesionales. Se trata, explican las chicas, «de un grupo de apoyo, un lugar de encuentro, donde los participantes hacen amistades y donde además nos tienen a nosotras». El papel de las educadoras es fundamental. «Nos cuentan sus dudas, las situaciones a las que se enfrentan o nos hablan sobre sus preocupaciones». «Son temas que surgen en las conversaciones, como es normal en la adolescencia: el sexo, las drogas, los conflictos familiares...». Aunque las técnicos rotan cada seis meses, los jóvenes adquieren confianza con facilidad. «En seguida te cuentan cómo se sienten o las situaciones que están viviendo». El formato se aleja mucho de una clase magistral en la que ellas hablan y los chicos y chicas escuchan, «porque todo se dá de una forma muy natural». La mayoría de las veces «les vale con que los escuches y vean que hay gente que tiene los mismos problemas que ellos».

«Se trata de un grupo de apoyo, un lugar de encuentro, donde los jóvenes hacen amistades»

«Se encuentran en esa edad en que sienten que sus padres no les entienden y es más fácil empatizar con nosotras». A pesar de todo, la presidenta de la Mancomunidad considera que sería muy interesante «que los padres pudieran acudir una vez al local, para que vean lo que hacen sus hijos, que es muy positivo para ellos y que se divierten sin tomar alcohol». Además, se trabajan conceptos y valores de forma transversal. «Hablamos de medio ambiente, de reciclaje, sexualidad... pero no se trata de que reciban una charla, sino de que surjan los temas, porque son personas inteligentes, con inquietudes y con sus propias opiniones, solo hay que escucharles».

«El objetivo es que sea un servicio permanente»

El programa 'Vive la noche' se creó en el año 2000, pero en el 2006 sufrió un parón por falta de interés de las partes implicadas, hasta que en 2014 la actual presidenta de la Mancomunidad, Rosa Fernández, decidió darle un nuevo impulso. «Nuestro empeño es que sea un servicio permanente, donde surjan sinergias y nuevas iniciativas». De hecho, desde la Mancomunidad ya se está ideando un proyecto para ampliar el servicio y implicar a toda la comunidad, «pero es algo que todavía tenermos que matizar mucho», admite Rosa. La presidenta también opina que se podría ampliar el servicio y ponerlo en marcha algún día más, no solo viernes y sábados, pero es complicado, «porque no disponemos de más personal». Las ayudas son las que son. A pesar de todo, el servicio, opina la presidenta, «es fundamental, porque en esta zona no hay cines, ni centros comerciales, que son quizá lugares a los que acuden los adolescentes». Además, «muchos de ellos no tienen facilidades para desplazarse», por lo que contar con un centro juvenil en Cabezón de la Sal donde puedan relacionarse y llevar a cabo este tipo de actividades «es muy positivo para ellos». Si alguien quiere comprobarlo, que se pase por allí.

También se proponen salidas o rutas. «Nosotras les planteamos actividades al aire libre y ellos deciden». Alguien llama a la puerta preguntando por una fregona. Las técnicos vuelven al local. Han pasado 25 minutos y las pizzas ya están en el horno, un poco quemadas, pero lo que importa es la voluntad. Llega un joven y se marcha otro. Hay un panel colgado de la pared con fotos de los chavales. «¿Habéis comido todos?», preguntan las educadoras. En una lista se recogen «las cosas que podrás pedir: ajedrez, poker, parchis, monopoly...».

«Son personas inteligentes, con inquietudes y sus propias opiniones»

«El ocio no es solo para los que tienen dificultades en casa, sino que es indispensable para la vida de todos, para el desarrollo personal. Aquí conocen gente y crean una red de apoyo», explica Rocío. «Además, revierte en ellos de forma positiva, porque en verano son los propios participantes los que buscan alternativas sanas y hacen planes entre ellos a través de un grupo de whasapp». La forma de comunicarse ha cambiado, «pero continúan necesitando relacionarse con gente de su edad».

 

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