Los buitres regresan a por su presa de Caviedes

Javier Rosendo

«Cuando llegamos, más de 80 buitres se habían comido la yegua por dentro», ha dicho el propietario del animal, que fue alertado por los vecinos al ver «una gigantesca bandada» volar sobre Caviedes

Rafa Torre Poo
RAFA TORRE POOSantander

La estampa llamó la atención de todos los vecinos. El cielo de Caviedes se cubrió ayer al mediodía con una «gigantesca bandada» de buitres y puso en alerta a José Manuel Gutiérrez González. Este ganadero tiene una estabulación con vacas y en una finca anexa solían pastar tranquilamente dos yeguas. Ahora ya sólo podrá hacerlo una porque el ataque de estas aves «mató y vació por dentro» a un ejemplar de tres años de edad «completamente sano», se lamenta.

Gutiérrez González no terminaba de creérselo. Normalmente no se suelen divisar buitres en esta zona de Cantabria y, los pocos que se ven, «cruzan de paso». La finca donde se produjo el ataque se encuentra situada entre la localidad de Caviedes y el monte Corona, «a apenas medio kilómetro del pueblo». Prácticamente pegada a la autovía A-8.

Allí tenía encerradas a las dos yeguas cuando recibió la llamada de su padre, al que habían alertado varios vecinos comentándole lo extraño de la imagen que estaban viendo. Casi por instinto, José Manuel salió a toda prisa acompañado por su primo. «Cuando llegamos a la finca ya no pudimos hacer nada. Una bandada de entre ochenta y cien buitres había matado y prácticamente desollado al animal», explica. «Era un buen ejemplar de tres años de edad y no estaba enferma», recalca el ganadero.

«Cogimos unos palos y prácticamente a golpes nos abrimos paso, porque ni con esas se marchaban», añade. Les costó espantarlos y cuando llegaron hasta el animal contemplaron el destrozo. «Los buitres se habían comido las partes blandas, no dejaron nada de los intestinos», relata. Incluso horas después del ataque, seguían en los alrededores de la estabulación.

Mejor suerte corrió la otra yegua que pastaba junto a ella. El ataque debió ser «tan feroz» que huyo despavorida. «En su huida se llevó por delante un cercado de alambre de espino», explica el ganadero. Lo peor es que, «ya no la podré llevar de nuevo allí», comenta, «al menos que me quiera arriesgar a perder otro animal». Una situación que también se plantea su primo, Pablo García. En esa misma finca solía tener un rebaño de ovejas y, desde ayer, le surge la misma incertidumbre. «La yegua que me queda la traeré a un terreno que tenemos más cerca de casa, en el pueblo. Allí imagino que estará algo más resguardada», explica José Manuel.

Otros ataques

El ataque de buitres de ayer en Caviedes no es el primero que se registra en Cantabria a ganado vivo. El anterior fue en Castañeda, aunque en aquella ocasión la bandada estaba formada por unos treinta ejemplares; se cebaron en febrero con un pequeño rebaño de 17 ovejas que un vecino de La Penilla de Cayón, Aquilino Crespo, tenía en su finca. Mataron y se comieron una. Al igual que la yegua de Caviedes, el animal estaba vivo y, según declaró su propietario, «en perfecto estado de salud». A finales de abril del año pasado, estas aves necrófagas mataron a una vaca que estaba a punto de parir en Revilla de Camargo. Ese mismo mes, dos vecinos de Beranga consiguieron, vara en mano, salvar a un ejemplar de frisona que había sido cercado por otra bandada.

Una de las soluciones adoptadas por el Gobierno regional en 2017 fue redactar una norma para intentar reducir este número de ataques. El Ejecutivo permitió a ganaderos y juntas vecinales depositar en zonas establecidas, tras la correspondiente comunicación, los restos de animales muertos para alimentar a los carroñeros. Fue una flexibilización de las estrictas medidas que durante la crisis de las 'vacas locas' usaron para que la enfermedad no se propagase. Ahora, las peticiones para dejar ganado muerto para los carroñeros en los muladares del monte crecen con esta nueva ley. Asociaciones como Seo/Bridlife defienden la efectividad de la norma, pero los ganaderos siguen teniendo reservas por los últimos ataques de buitres a animales vivos. Aseguran que los necrófagos no tienen qué comer y por eso «atacan a cualquier bicho vivo que ande suelto».