El Palacio de los Velarde será un hotel

El edificio está situado en el extremo norte de la villa de Santillana del Mar./Javier Rosendo
El edificio está situado en el extremo norte de la villa de Santillana del Mar. / Javier Rosendo

El edificio ha sido comprado por un empresario mexicano que invertirá en su recuperación para este fin | El inmueble del siglo XVI está ubicado junto a la Colegiata de Santillana del Mar y es uno de los más emblemáticos del conjunto histórico local

Sara Torre
SARA TORRESantander

El Palacio de los Velarde, ubicado en el extremo norte de la villa de Santillana del Mar, se transformará en un majestuoso hotel cuando sea preparado para tal fin por un empresario mexicano, con orígenes en el pueblo Riva de Ruesga, que acaba de finalizar las gestiones de su compra. Se trata de una de las joya arquitectónicas más significativas de la villa medieval, y fue mandado construir por el caballero Alonso de Velarde, dando por concluído el edificio 1556.

Las gestiones para realizar la venta han corrido a cargo de la Inmobiliaria Montaña y, hasta el momento, sólo ha trascendido que el comprador ha adquirido este bien protegido a los descendientes de un médico de Torrelavega, además de adelantar que se hará una importante inversión para conservar y adaptar al edificio al fin hostelero citado. Un destacado y ambicioso proyecto de restauración que se dará a conocer «en su momento», según adelantan.

Desde el Ayuntamiento se ha recibido con agrado la noticia, aunque se precisa que, en todo caso, se trata de una transacción de carácter privado. «Estamos encantados de que lo mantenga alguien», afirmó a preguntas de este periódico el teniente de alcalde de Santillana, Ángel Rodríguez, quien incidió en que se trata de uno de los palacios «más importantes» del amplio patrimonio local. El responsable municipal destacó además que el inmueble «hasta ahora estaba bien cuidado».

Se trata de un inmueble protegido dentro del conjunto histórico y el plan de protección especial de Santillana del Mar, por lo que su restauración tendrá que someterse a la normativa vigente.

La historia

El palacio está ubicado en la Plaza de las Arenas, frente al flanco oriental de la histórica colegiata de Santa Juliana. Es un edificio descrito por los expertos como de transición del gótico al renacimiento, y mandado construir por el caballero Alonso de Velarde, cuya finalización data de 1556.

En sus orígenes, el palacio perteneció a la familia Velarde, pero más tarde fue morada de escritores, príncipes o condes. Se sabe que una de sus propietarias posteriores al linaje Velarde, María García de la Llata, lo vendió por 15.000 pesetas en 1915 al escritor catalán Ricardo León, quien residió allí durante varios años hasta que pasó a manos de los Duques de Parcent, pasando años después al príncipe Hohenlhoe, de descendencia alemana, casado con una hija de los duques de Parcent. El hasta ahora propietario, descendiente de un médico de Torrelavega, lo poseía desde hace 35 años.

En cuanto a su estructura, es un edificio de planta rectangular, de tres alturas y zona abuardillada en su fachada frontal. Destaca el antepecho de la estancia principal, el salón de la primera planta, enmarcado en un balcón de decoración plateresca, y el escudo del linaje Velarde.

En la fachada trasera se puede contemplar un hastial escalonado característico de los palacios del siglo XVI de la comarca, como tienen o han tenido los palacios cercanos de Mijares, Queveda, Villanueva de la Peña, el desaparecido de Cortigüera y la Casa del Águila y la Parra, en la misma Santillana. Además, una vez dentro destaca también el mobiliario que conserva la decoración de la época.

«Aquí está la Edad Media hecha poema y símbolo en la imagen esbelta, soñadora, espiritual de Santa Illana, encarnación del misticismo heroico, aventurero, apasionado en la edad de hierro del Cristianismo», destacó sobre el palacio uno de sus moradores, el escritor Ricardo de León, quien también lo describió como «un libro magnífico de piedra del que cada página es un pedazo de historia, un capítulo de leyenda, una anécdota peregrina».

Hay otras referencias en la literatura que rodean y abundan en la fantástica leyenda de este inmueble y el conjunto histórico de la villa. Así, el historiador Enrique Lafuente Ferrari también se inspiró en estas estancias para destacar «la densa huella» que dejó la humanidad en la villa de piedra y «las obras de arte del hombre, la que se posa y concentra, callada, sobre las formas y las piedras, la que es capaz de quedar flotando en el ambiente de una ciudad que, en su reposo, guarda el perfume de otros modos de ser, de otros ritmos y hábitos de vida».

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