Los tejados del Poblado estrenan peluca

El teitador Manuel Monteserín estudia ahora cómo reformar el tejado de la segunda cabaña del Poblado. /Javier Rosendo
El teitador Manuel Monteserín estudia ahora cómo reformar el tejado de la segunda cabaña del Poblado. / Javier Rosendo

Un teitador experto en el tema está llevando a cabo la reforma integral de los tejados del Poblado Cántabro para que luzcan de cara al verano

Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Era una mañana de viernes que parecía lunes en Cabezón de la Sal y una tímida llovizna caía silenciosa sobre los tejados de las cabañas del Poblado Cántabro. En este recurso turístico del municipio, donde la hierba crece como los fantasmas de los ancestros cántabros, está estos días Manuel Monteserín Santín, un teitador (el que repara cabañas u hórreos) de Pollensa, un pueblo de León, experto en realizar cubiertas vegetales (teitos) de paja de centeno con las técnicas del macizo galaico. Un hombre que lleva su profesión encima, como si no pudiera separarse de ella, que pasa mucho tiempo en los tejados y que desde hace dos meses está llevando a cabo una reforma integral de los tejados de las cabañas del famoso Poblado Cántabro de Cabezón. Lo que, según Sara Escalante, técnico encargada de la oficina de turismo, «es toda una suerte para nuestro municipio», y solo hace falta escuchar a Manuel para corroborarlo.

Sara dio con el experto y Sara lo trajo a Cabezón, así que el mérito en parte es suyo. La técnico visitó hace un año la Palloza -casa de estructura de piedra y madera con cubierta de paja- de Chis, que es la palloza que Manuel regenta en Balboa, un lugar donde comer, beber y asistir a actuaciones musicales, una experiencia monumental en un monumento. «Me pareció un lugar espectacular y observé que Manuel era todo un experto en el tema de cabañas, por lo que pensé que podríamos traerle a Cabezón para ayudarnos a mejorar el Poblado Cántabro», señala. Al volver a Cantabaria, el alcalde de Cabezón, Víctor Manuel Reinoso (PRC), le propuso a Sara buscar a alguien para reparar los tejados del Poblado, y Monteserín se dibujó en la mente de Sara. «Al principio no quería venir, porque hay cuatro horas en coche hasta aquí y ha tenido que trasladar todo el material en grandes camiones, pero al final le convencí». La sorpresa al final se la llevó el teitador. «Le ha encantado Cabezón y se ha sentido muy a gusto desde el principio». Además, «no se esperaba que el Poblado Cántabro recibiese tantas visitas de escolares y de turistas en temporada baja y cree que está muy bien organizado».

Así que decidió quedarse y aportar su experiencia. Desde entonces ya ha reparado el tejado de una de las cabañas y organiza con Sara la técnica para reparar el de otra y que aguanten otros tres o cuatro años más. Manuel, que además construye estructuras de madera para cubiertas vegetales o pizarra y ha realizado numerosas recreaciones arqueológicas (Castro de Santa Tegra, Castro de Vigo, Ribeira, Poblado da Prehistoria...), explica que los tejados de las cabañas «estaban muy deteriorados y hacía bastante tiempo que no se tocaban». «Se trata de materiales que sufren un desgaste y que es necesario mejorar cada dos o tres años, como se hacía antiguamente en los poblados», explica.

Para reformar el tejado de la primera cabaña, el experto ha empleado «una técnica tradicional que consiste en ir clavando la escoba en el techo anterior, una por una, lo que lleva mucho tiempo y esfuerzo». Parece que la cabaña tiene peluca nueva con las puntas del pelo perfectamente acabadas. «Está nueva, fresca y limpia», como un implante de cabello. «Tiene el triple de capa que tenía antes y es de escoba blanca, la que crece en las montañas a gran altitud». «Como llevaba mucho tiempo sin experimentar ningún arreglo, hemos tenido que clavarlas muy bien y con escoba muy fina». Monteserín dice que «hemos ido clavando de abajo a arriba, tratando de crear una nueva cubierta». Además, en el interior de la estructura «se crea como una especie de musgo que va haciendo capa porque se pudre y queda compacto, lo que no deja entrar el agua». Y esa es la forma de que no haya filtraciones, un proceso largo y costoso, «que no sucede de la noche a la mañana». La buena noticia es que hasta dentro de tres o cuatro años no será necesario volver a actuar en el tejado de esta cabaña.

«Los tejados de las cabañas sufren un desgaste y es necesario mejorarlos cada tres años» Manuel Monteserín | Teitador

Una vez reparada la primera, Manuel se plantea seguir otra técnica diferente para reformar el tejado de la segunda cabaña, que es redonda. «Aquí quiero utilizar el sistema 'beu', que implica emplear centeno de Castilla». Consiste en colocar cordones de brezo alrededor del tejado, de forma que quede sujeto, y que una vez se pudra, se pueda arreglar sin necesidad de volver a desmontar todo. Este método «se empleaba en el Occidente de Asturias para recuperar luego los tejados sin demasiado gasto».

Aunque al final en sí la reforma de los tejados es «cara, porque lleva mucho tiempo la mano de obra y hay que trasladar el material adecuado y no está bien pagada». Tampoco se suelen cumplir los plazos porque la meteorología juega un papel importante. «Dices que lo acabas en cuatro días pero si llueve no puedes y al final los procesos se alargan». El objetivo de Monteserín y su equipo es que los tejados «luzcan bonitos para el verano», cuando el Poblado recibe la mayor afluencia de visitantes. Y antes de finalizar, un dato: «me ha sorprendido lo bien organizado que está como recurso turístico, porque he visitado poblados que quizá tenían mejores infraestructuras, pero estaban mucho más desaprovechados en este sentido y no había cuatro personas trabajando como aquí». Así que además de contar con un experto, Cabezón está de enhorabuena.

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