La torre, en medio

La torre eléctrica está situada en el centro de la calzada de una carretera de Boria. /
La torre eléctrica está situada en el centro de la calzada de una carretera de Boria.

Lo increíble es que una torre eléctrica nacida del mismo centro de una calzada no sea causa de accidente | Hasta ahora nadie se ha ocupado de arreglar este desaguisado

EDUARDO NORIEGABoria

La estupidez humana no debería sorprender a todos aquellos con espíritu mínimamente crítico. Algo así dijo, para ayudar a evitar sus malas consecuencias, un italiano de nombre muy dado a la rima -Cipolla- en su maravilloso opúsculo 'Las leyes fundamentales de la estupidez humana'.

Tal vez lo que sigue a continuación no sea fruto de estupidez, o de los laberintos reglamentarios de las obras, o de una mala praxis. Quién sabe. Pero desde la osada ignorancia de quien desconoce las causas y solo se asombra con el resultado, lo que se ve en Boria solo puede calificarse como la consecuencia de alguna estupidez.

Estas letras nacen el día previo a una marcha, de noble y necesario objetivo, que va a discurrir para aquellos osados que la realicen, a lo largo de los vericuetos, acantilados, playas y carreteras de la zona de Boria y Santillán, para finalizar en los secaderos de la Barquera, donde se iniciará. Cuando se publique, ya habrá sucedido. Seguro que fue un éxito. El caso es que esos modestos aventureros pedestres pasarán, casi al final del recorrido, junto a una torre que sujeta una línea eléctrica aérea, que se yergue orgullosa, retando a todo el que pase y la mire con mirada torva o burlona. Lo destacable no es que la torre esté ahí dirigida hacia lo alto, sino el punto en el que nace: en medio de la carretera.

En un mundo en el que la sociedad indiferente se sobresalta con las cifras de accidentes de tráfico que año tras año salpican los telediarios, empeñadas en asustar, cuando no en hacer lamentar algo peor, un obstáculo en mitad de una carretera contradice todas las buenas intenciones. Tal vez esto dicho así parezca algo capcioso, provocador, incluso malintencionado: no es eso lo que se pretende.

Pero lo cierto es que ahí está.

Hace años, en una carretera local, evidentemente con poco tráfico, algún avispado (o resignado) técnico plantó (o tuvo que plantar) una carretera donde ya estaba una torre, o una torre por donde discurría una carretera (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Los escasos vehículos que por allí circulan no restan riesgo al hecho. La iluminación artificial durante las horas nocturnas -que es escasa, pero existe- de la zona, no quitará peligro al tránsito motorizado por ese camino. La señal abandonada en su pie -tímido, inútil y sarcástico intento de justificar la presencia de la torreta donde no debería estar-, que para más inri, es una señal de obras, lo que le confiere una provisionalidad que ya ha caducado hace años en este caso, no aportará mejor advertencia a un coche que circule despistado. Además, la señal es equivocada, pues el estrechamiento de calzada que anuncia por uno o los dos lados de la misma no es tal: la calzada no se estrecha, sino se divide en dos por mor de un obstáculo justo en medio.

Confíese, y así parece confirmarlo el tiempo transcurrido sin desgracia alguna que lamentar en la zona, que esta maravilla que es una torre eléctrica nacida del mismo centro de una calzada no sea causa de accidente hasta que alguien se ocupe de arreglar este desaguisado. Y que no hubiera algún caminante despistado que, fatigado por los kilómetros ya caminados, se chocase de frente con el apoyo de esta conducción eléctrica, y acabase mentando a la inocente madre de alguien, precisamente el día de una marcha contra la violencia de género.

¿Y si está ahí para provocar una sonrisa al que la vea? Seguro que lo consigue: Spain is different.

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