Un narco de Parbayón conduce a un alijo de cuatro toneladas

La Guardia Civil de Cantabria ha dirigido una de las mayores operaciones contra el tráfico de drogas de los últimos años, con 26 detenidos de tres nacionalidades distintas y miles de kilos de hachís intervenidos

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

Un Citroen Picasso con una silla de bebé en su interior y el maletero repleto de objetos de playa, juguetes y ropa infantil es cualquier cosa menos sospechoso de pertenecer a un traficante de drogas. Pero las apariencias a veces engañan. Eso era precisamente lo que pretendían hacer los integrantes de la organización dedicada a la introducción de grandes cantidades de hachís procedente de Marruecos que ha desarticulado la Guardia Civil de Cantabria.

Se trata de una de las operaciones de este tipo más importantes a nivel nacional de los últimos años, con 26 personas de tres nacionalidades detenidas y la incautación de 4.350 kilos de costo, además de diferentes cantidades de cocaína, marihuana y ketamina, a lo que hay que sumar 234.000 euros en efectivo y 17 vehículos. Una operación que además coincide en el tiempo con la que se realizó ayer en Laredo, en la que fueron detenidos cuatro narcos franceses.

Los delincuentes utilizaban este método para intentar pasar desapercibidos y no levantar sospechas, pero también para que, con tanto bulto, los espacios de los vehículos que quedaban liberados para esconder la droga no fueran tan evidentes. Transportaban el hachís por carretera desde el sur de España -variaban sus rutas para reducir riesgos- almacenado en distintos espacios de los vehículos a los que era difícil acceder. Frente al método de la sombrilla en el maletero para que en caso de ser inspeccionado por un agente de Tráfico este no se percatara de que había espacios huecos, a la hora de bloquear los dobles fondos eran mucho menos rudimentarios.

Los sistemas de ocultación tenían sistemas electromagnéticos que, como ha explicado esta mañana Alfonso Serrano, teniente jefe del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de Cantabria, eran “prácticamente imposibles de identificar”. Al pulsar un botón, se accedía al punto de almacenaje. Tan sotisticada era la tecnología que, en algunos casos, los agentes no fueron capaces de desentrañar el mecanismo y tuvieron que acceder a la droga rompiendo algunas piezas del vehículo.

En realidad, la operación Araticu -coge el nombre de una fruta paraguaya porque a la persona que desencadenó las investigaciones se le conocía en la calle como ‘El Paraguayo’- ha servido para desarticular dos organizaciones. La primera trabajaba en Cantabria y el País Vasco y también exportaba el hachís a Francia, Bélgica y Holanda y la restante centrada en Málaga y Cádiz. En ambos casos, la Comandancia de Santander ha sido la encargada de coordinar los trabajos.

Tras los pasos del vecino de Parbayón

La operación se inició cuando los agentes estaban vigilando a un vecino de Parbayón que realizaba frecuentes viajes al sur de la península regresando en el mismo día. Los agentes sospechaban que podía estar transportando sustancia estupefaciente en cantidades de notoria importancia. Al mismo tiempo se constató que tenía conexión con un grupo organizado de distribución de hachís afincado en el País Vasco, con contactos a nivel internacional en Francia, Holanda y Bélgica, a través de los cuales importaban vehículos preparados para el transporte de sustancia estupefaciente mediante el medio de ocultación de "doble fondo" y lo suficientemente sofisticados para intentar burlar los controles policiales.

En uno de esos viajes, el investigado se reunió en un centro comercial de Madrid con un vecino de Marbella, cuya esposa era la única administradora de una sociedad que poseía diversos inmuebles por la Costa del Sol sin constarle actividad productiva alguna y al que los investigadores vinculan con un alijo de 2.460 toneladas de hachís que incautaron en San Roque (Cádiz). Desde ese momento se comenzó el trabajo conjunto entre los EDOA de la Guardia Civil Málaga, que se encargaba de la investigación del sur peninsular, y los de Cantabria que se encargaban de las indagaciones relacionadas con el norte.

A partir de entonces, los investigadores se centraron en localizar e identificar a todos los componentes de ambos grupos organizados, procediendo a primeros del mes de abril a la desarticulación del grupo afincado en el País Vasco, efectuándose registros y detenciones coordinadas de forma simultánea en Durango, Matiena, Zumaia y Vitoria, así como en Madrid (rama de la organización con logística en la capital del país). Las actuaciones se saldaron con la incautación de otros 300 kilos de hachís.

 

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