La ballena que Santoña nunca olvidará

Este martes se cumplen 75 años de la aparición de este enorme cetáceo, que se subastó y despiezó, destinándose su carne a alimento y su grasa para cosméticos

Imagen de la enorme ballena que varó en aguas de Santoña en 1943./Rehisan
Imagen de la enorme ballena que varó en aguas de Santoña en 1943. / Rehisan
Ana Cobo
ANA COBOSantoña

Es un capítulo de la historia de Santoña que ha pasado de generación en generación. Está tatuado con tinta permanente en la memoria de los santoñeses. Porque, ¿quién no ha oído hablar de aquella gran ballena que apareció en la playa? Pero, ¿quién sabe exactamente que ocurrió con el enorme cetáceo que varó en la madrugada del 30 de octubre de 1943?

Este martes se cumplen 75 años de aquel acontecimiento que generó una pregunta eterna y una rivalidad entre dos villas marineras, Laredo y Santoña que comparten bahía, ¿quién se comió la ballena? Depende de quién cuente la anécdota le dirán que un municipio u otro pero, lo cierto, es que el mamífero dio mucho de sí.

A eso de las tres de la madrugada del 30 de octubre de 1943, el cetáceo arribó a Santoña. Llegó muy herido. Fue avistado en la bahía por el pescador, Miguel Cachán, el de El Dueso, que su vez avisó a otro pescador, Octavio Valle, 'Tavio', quien tomó una cuerda de su bodega y amarró el animal a un noray de la escollera, frente a las proximidades del actual monumento a Carrero Blanco, para que las corrientes no se lo llevarán. Así lo narra José Luis Gutiérrez Bicarregui, en su valioso libro 'Santoña, historia e imágenes de cambios, sorpresas y sucesos'. La noticia de que había aparecido una ballena corrió al amanecer como un reguero de pólvora por el pueblo y fue la protagonista de todas las conversaciones. Nada más se iban enterando, los vecinos se acercaban hasta el lugar para contemplar el enorme mamífero de unos 16 metros de longitud y 14 toneladas de peso. Tal fue la expectación, explica Bicarregui, que las fábricas vieron alterados sus horarios de trabajo y los pupitres de los colegios se quedaron vacíos. Todos querían verla con sus propios ojos y tocarla. Y aunque, desde luego, pocos eran entonces los que tenían cámara de fotos, se tomaron instantáneas de las gentes con ella, para que quedara constancia.

La enorme ballena causó una gran expectación en el pueblo y nadie quiso perder la oportunidad de contemplarla.
La enorme ballena causó una gran expectación en el pueblo y nadie quiso perder la oportunidad de contemplarla. / Rehisán

Poco después de amarrarla, un pequeño vapor, el 'Plus Ultra', patroneado por el propio Tavio, remolcó el animal hasta el playón que servía de varadero de embarcaciones, donde se construyó posteriormente el muelle norte o nuevo. En el libro de Bicarregui, se detalla que la ballena fue subastada en la lonja y adquirida por «los industriales Luis Maza y los hermanos Ambrosio y Vicente Herrería por el precio de 2.500 pesetas, las cuales fueron entregadas a sus dos descubridores. Luego hubo que despedazarla en trozos grandes en el propio lugar que fue depositada, labor que realizaron los hermanos Bonet, Casimiro y Tomás provistos de un tronzador».

Los trozos se trasladaron de seguido a la fábrica de Luis Maza donde varios hombres contratados, entre ellos Quico el Cano, Rufino Salgado y Bienvenido Ruiz, 'Nido', procedieron al despiece, labor que realizaron con cuchillos prestados por el carnicero, Isaac Pila. La labor resultó «muy duro», no en vano trabajaron sin descanso 16 horas, percibiendo por ello seis reales de pesetas a la hora. Las piezas se fueron salando para su conservación.

Los primeros filetes de ballena se frieron en el bar de Eustolia (antiguo bar Colón), aunque posteriormente los tacos de ballena fueron llevados por unos y otros a sus respectivas casas, además de aquellos que, cruzando en botes desde el Punta, marchaban más tarde con los carpanchos bajo el brazo, llenos de trozos de carne del animal marino. Aquí, ya se da respuesta a la famosa cuestión de quién la saboreó. No obstante, Bicarregui señala que su consumo no era apreciado, pues como pueblo costero, disponía de otras especies de pescado, pero apunta, acertadamente, que estamos hablando de unos años en los que se pasaba mucha hambre.

Los niños tuvieron permiso para 'saltarse' las clases e ir a ver el cetáceo.
Los niños tuvieron permiso para 'saltarse' las clases e ir a ver el cetáceo. / Chelín

Objetos en su interior

En el cuerpo de la ballena se encontraron objetos metálicos, como alambres y tornillos. Tenía su gran aleta agujereada, lo que llevó a pensar que el cetáceo pudo ser confundió con un submarino y ametrallado desde un avión, pues se estaba en plena II Guerra Mundial.

La cabeza de la ballena se envió al Centro Biológico de Santander, mientras que parte de la carne fue consumida en Santoña y Laredo. A la población hermana fue llevada una partida, por medio del transportista Manuel Valmaseda, que se vendió al precio de cinco pesetas el kilo. Una mayor cantidad, unos 8.000 kilos, se enviaron a un cuartel del Ejército de Tierra de Burgos. La grasa extraída, unos 2000 kilos, se vendió a un laboratorio de cosmética de Barcelona, que proporcionó un vehículo para su traslado.

En 2011, la playa vivió una escena similar que trajó a los vecinos multitud de recuerdos.
En 2011, la playa vivió una escena similar que trajó a los vecinos multitud de recuerdos. / Antonio 'Sane'

Muchos años después de aquello se descubriría un error de fechas. Para conmemorar el medio siglo de la aparición de la ballena en aguas santoñesas se organizó en noviembre de 1992, una mesa redonda con la participación de representantes de las dos villas marineras. «El animado y chispeante coloquio, explica Bicarregui, no aclaró mucho más las cosas sobre quién se comió la ballena, sin embargo el acto sirvió para ser conscientes de un dato erróneo y enmendarlo: la fecha en que apareció la ballena. Durante años, quedó recogido el suceso con fecha de 2 de noviembre de 1942, información que había dado Luis Maza. Y no fue realmente ese día. El que aclaró el asunto fue el periodista y corresponsal de Santoña en El Diario Montañés, Antonio Cefalú, quién consultando en la hemeroteca del periódico, encontró que en la fecha indicada no había ninguna noticia de la ballena y si un año después. El suceso ocurrió, concretamente, el 30 de octubre de 1943.

En noviembre de 2011 varó otra en la playa de San Martín

Es la más famosa y las más grande pero no la única ballena que ha acabado su vida en Santoña. La última apareció en la playa de San Martín en la tarde noche del 9 noviembre de 2011. Medía 10.30 metros y pesaba casi cinco toneladas. Fueron miles los curiosos que se acercaron a contemplarla, entre ellos alumnos de los colegios llevados por sus propios profesores. El animal, un macho de apenas año y medio, tenía en su boca restos de plástico, que fueron la posible causa de su muerte. El dispositivo para retirar el enorme rorcual fue largo y complicado. El propio peso frenaba a la pala excavadora que tuvo que trabajar sobre arena húmeda lo que complicó las maniobras para acercar el animal hasta la rampa de acceso de arenal. Cuando se consiguió, con un camión grúa se izó al animal y se depositó en otro gran camión que lo transportó hasta el vertedero de Meruelo. Allí, se enterró con la intención de, al cabo de dos años, recuperar su esqueleto con objeto de investigar y exponerlo. Nada de eso se ha hecho.

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