El Marismas se rodea de supervivientes

El instituto está llevando a cabo un proyecto con charlas, exposiciones y un ciclo de cine para acercar al alumnado las historias de superación de personas anónimas

Los alumnos posan ante el mural y la decoración del proyecto 'Súper-vivencias' que han instalado en el instituto./Daniel Pedriza
Los alumnos posan ante el mural y la decoración del proyecto 'Súper-vivencias' que han instalado en el instituto. / Daniel Pedriza
Ana Cobo
ANA COBOSantoña

El alumnado del instituto Marismas está aprendiendo estas semanas una lección de vida que nunca encontrará en los libros de texto. Los estudiantes están descubriendo que están rodeados de supervivientes, de gente anónima que, en algún momento de sus vidas, ha sorteado una dificultad, más grande o más pequeña, para salir adelante. Sus historias son el mejor ejemplo de la capacidad del ser humano para adaptarse a situaciones o estados adversos y seguir viviendo.

Esas experiencias personales, con su crudeza en algunos casos y belleza en otros, se están colando en las aulas a través del proyecto 'Súper-vivencias' puesto en marcha por los profesores del departamento de Lengua y Literatura, Pablo Escribano y Ana Rojas, y en el que se ha implicado el claustro, el alumnado de todos los cursos y sus familias.

No es la primera vez que este centro se enriquece con historias vitales del mundo que hay fuera de las paredes del Marismas. Hace cuatro años pusieron en marcha esta iniciativa dando la bienvenida a escritores, hace tres conocieron a profesionales del cine y el pasado curso a viajeros. En esta ocasión, el llamamiento en busca de supervivientes anónimos para relatar sus historias ha costado algo más de lo esperado. «El arranque ha sido complicado en parte porque coincidió con la semana de vacaciones y porque, luego todo el mundo tiene la sensación de que su experiencia, que lo suyo, no es para contar porque lo ha superado sin pena ni gloria. Hemos tenido que llamar nosotros a algunas personas y animarles a que vinieran a relatarnos sus testimonios», explican Escribano y Rojas.

«Se trata de poner en valor las vivencias cotidianas que todo el mundo tiene y que pasan desapercibidas» Pablo Escribano y Ana Rojas (Profesores de Lengua y Literatura)

Esta propuesta pedagógica, cultura y creativa no busca las palabras de grandes héroes. Al contrario, quiere escuchar a gente anónima que haya superado algún obstáculo cotidiano, que quizá no sea para salir en las noticias, pero que tiene su fuerza y su importancia para la vida de esas personas. «Queremos subrayar la idea de resiliencia. Las pequeñas dificultades que vamos superando nos convierten en quienes somos. Se trata de poner en valor esas historias del día a día que todo el mundo tiene y que pasan desapercibidas».

El proyecto implica una exposición de plástica plasmando sus héroes más cercanos.
El proyecto implica una exposición de plástica plasmando sus héroes más cercanos. / Daniel Pedriza

Este amplio concepto les está permitiendo recibir a supervivientes de muy diferentes perfiles. Así, han podido conocer la dura travesía de Osman, un senegalés que trabaja actualmente como pescador en Santoña. Les ha contado su periplo de inmigrante subsahariano. «Como tiene la motivación de venir para mejorar su vida, las peripecias que sufre hasta llegar aquí y cómo, finalmente, ha acabado teniendo una vida razonablemente normal en los estándares españoles».

«Hay una parte de la educación que es emocional, tan válida como los conocimientos académicos» Pablo Escribano y Ana Rojas (Profesores de Lengua y Literatura)

Raquel Liaño, que padece Lupus, les ha hablado de cómo vive con esta enfermedad, mientras que Nicolás y Odri se han superado dentro del mundo laboral. Son dos jóvenes emprendedores que han acudido al Marismas para narrar cómo han montado su propia empresa, ante la falta de oportunidades laborales, y están saliendo adelante. El proyecto también busca testimonios cercanos. Varios familiares del alumnado se han animado a relatar sus experiencias. Así, un padre que trabaja como bombero les ha detallado los entresijos de su oficio, mientras que otra madre, de origen belga, les ha acercado sus vivencias y sensaciones al cambiar de país y venirse a España por motivos de estudios. «Es una excusa para que las familias vengan al centro y participen de lo que hacemos, al fin y al cabo esto es una comunidad educativa, los necesitamos tanto como ellos a nosotros», apunta Escribano. El proyecto encierra valores como la tolerancia, la variedad, el respeto... «Te enseña a comprenderla vida de los demás».

Los propios alumnos están descubriendo que ellos, a su corta edad, también pueden aportar sus pequeñas heroicidades a esta iniciativa. Rojas así se lo ha demostrado a sus clases de 3º de la ESO. «Primero, les he contado los obstáculos normales de mi vida y luego, les he invitado a que ellos hicieran lo mismo. La sensación inicial es que no hay nada que decir porque yo solo tengo 14 años y no he tenido ninguna historia de superación. Pero se han ido animando y han expresado dificultades como el divorcio de sus padres, una mudanza, el cambio del colegio al instituto, que para muchos fue bastante duro por el cambio de amigos. Pequeñas cosas cotidianas que ellos no ven sino les ayudas a reparar en ellas y que, al fin y al cabo, son vivencias de las que han salido fortalecidos».

Daniel Pedriza

Cohesionan

Apuestan por cuarto año por este proyecto porque «las clases (en su sentido más estricto) no dan identidad, ni cohesionan al instituto. Hay una parte de la educación que es emocional, hay que formarles un poco más para vivir en el mundo real y las emociones son tan válidas como los conocimientos académicos», argumentan ambos docentes.

Y van más allá porque tienen claro que «para poder adquirir bien los conocimientos académicos hace falta que el alumnado esté cómodo, se sienta a gusto, en un contexto interesante y que vea que se hacen cosas chulas, dentro de lo posible, en el centro. Les predispone a sentirse bien en el lugar que están y genera un clima de pertenencia. Todo eso, por ejemplo, hace que estén más predispuestos a aprender literatura del siglo XVI porque contigo han hecho otras cosas interesantes». Es por ello, que los docentes también han dado el paso de relatar sus supervivencias. «Te permite ver al profesor de otra manera. De repente te enteras que su vida tiene determinados elemento que son interesantes, duros, tremendos...Hay una cercanía, una intimidad que es positiva para el aprendizaje».

La propuesta se completa con un ciclo de cine con películas relacionadas con la resiliencia y un trabajo colectivo de plástica que se ha materializado en una exposición que se puede ver en la entrada al instituto. Llaman la atención una caja de la que los estudiantes sacan pequeños papeles con frases de supervivencia del tipo 'Debes hacer las cosas que piensas que no puedes hacer' y unas cartulinas con siluetas de superhéroes en las que los rostros son héroes cotidianos de los alumnos. Sus familiares o ellos mismos. «Es como un homenaje a la gente verdaderamente importante en sus vidas». El proyecto se prolongará hasta final de curso, pendientes de escuchar testimonios tan interesantes como el de una joven con una enfermedad rara, un integrante de la fundación gitana o un interno que hablará de la decisión equivocada que le llevó a la cárcel.

 

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