Santoña se da un homenaje de marmite

La campa de Glacis se llenó de público para disfrutar de la tradicional marmitada. /Antonio 'Sane'
La campa de Glacis se llenó de público para disfrutar de la tradicional marmitada. / Antonio 'Sane'

Vecinos y visitantes tomaron la campa del Glacis para degustar las 10.000 raciones del popular guiso marinero

Ana Cobo
ANA COBOSantoña

Para cenar ayer en Santoña hubo plato único. Marmite y más marmite. Ningún comensal había reservado 'mesa' con antelación, pero a la cita se presentaron miles de vecinos y visitantes. La campa del Glacis, convertida en un restaurante al aire libre, colgó el cartel de completo.

Cada uno tomó sitio donde mejor le pareció. Algunos plantaron las sillas traídas desde casa, otros extendieron la toalla y los menos preparados se sentaron directamente sobre la hierba. Con la familia, con los amigos, con los compañeros de la peña... En hermandad.

El alcalde, Sergio Abascal, colaboró en el reparto del marmite.
El alcalde, Sergio Abascal, colaboró en el reparto del marmite. / Antonio 'Sane'

Esta avalancha de asistentes no pilló de sorpresa a los organizadores. Y es que el propio nombre del acto así lo avisa. 'Gran marmitada'. Un adjetivo, el de grande, que no es decorativo. Porque esta fiesta, declarada de Interés Turístico Regional, es inmensa en todos los sentidos. No en vano, ayer, en Santoña, se cocinaron y repartieron más de 10.000 raciones de este guiso marinero. Casi nada.

«Esto es un marmite de verdad y no lo que hicieron en Masterchef», bromearon asistentes

Aunque sí por algo es grande este evento es porque sale adelante, y ya van 39 ediciones, gracias a la desinteresada colaboración popular. Es un marmite hecho por y para los vecinos.

Sin sus manos, nada de lo vivido hubiera sido posible. Este evento esconde cifras de récord. Para la elaboración de la 'Gran marmitada' se emplearon 2900 kilos de patatas, 1400 de bonito, 450 kilos de cebollas y unos 190 litros de aceite. El engranaje de este acto gastronómico arrancó en la mañana del lunes en la plaza de Abastos. Cerca de medio centenar de vecinos pelaron una tras otra todas las patatas. No faltaron a la cita los mayores de la residencia de Santa Ana que, sentados en una sillas, aportaron su grano de arena y se contagiaron de la fiesta reinante.

Los santoñeses pudieron disfrutar del popular guiso marinero.
Los santoñeses pudieron disfrutar del popular guiso marinero. / Antonio 'Sane'

Ayer, tocó madrugar. A la ocho se arrancó con la trisca de patatas en Abastos. Todo eran prisas porque había que llevarlas cuanto antes hasta el patio del patronato militar. Allí, a medida que llegaba el ingrediente principal, se encendieron los nueve fogones con sus respectivas pailas. Alrededor de cada una, camisetas azules, rojas, amarillas... de los integrantes de las peñas y murgas Los Maky's, Juan de la Cosa, Las Santas, Los Artistas, Vinikis... que se encargaron del cocinado bajo la atenta mirada de José María Sobrino, uno de los organizadores. Se echó en falta la presencia de Juanjo Sañudo, que estuvo en la memoria de todos. Cada paila lleva una hora y media de preparación. El truco es dorar la cebolla. Que coja un color oscuro sin llegar a quemarse. Y fundamental: no dejar de mover el 'remo' para que no se pegue nada. Siempre con buen humor y alegría aunque el intenso calor complicó la labor de estar a la vera de los fuegos.

Con todo listo. A las siete se procedió al reparto. Un año más las colas fueron inmensas. Había mucha ganas de saborearlo. La espera hasta que te llenaban plato mereció la pena. Y al llevarlo a la boca toca poner nota. «Esto es un marmite de verdad y no lo que hicieron en el programa 'Masterchef'», bromeaban Mari luz y su grupo con el estomago lleno. No dejaron ni las migas.

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