De Santoña de toda la vida

Cuatro establecimientos con gran solera y antigüedad en la villa cuentan sus orígenes, evolución y agradecen la fidelidad de la clientela que les hace seguir en activo

José Luis Calvo, que en breve cumplirá 73 años, abre todos los días la Peluquería Calvo fundada en 1931. /Daniel Pedriza
José Luis Calvo, que en breve cumplirá 73 años, abre todos los días la Peluquería Calvo fundada en 1931. / Daniel Pedriza
Ana Cobo
ANA COBOSantoña

Hay nombres de establecimientos que están unidos de forma indisoluble a la historia de Santoña. Sus puertas las han atravesado varias generaciones de vecinos: abuelos, padres, hijos y a día de hoy son muchos los nietos que siguen siendo fieles 'a los de toda la vida'. El día a día de la villa sería más difícil de entender sin ellos. Porque sus dueños y empleados, después de tanto tiempo, se han convertido en amigos. Porque su servicio ofrece una cercanía que nunca recibirás en las grandes superficies. Y porque, en definitiva, dentro de ellos, te sientes un poco como en casa. Algunos suman más de un siglo levantando la persiana y los que llevan ahora sus riendas lo hacen con la misma ilusión y ganas que sus antepasados.

Francisco Gómez se remonta a noviembre 1890 para decir el año en el que la administración de loterías 'Doña Amalia' se implantó en Santoña de la mano de Ricardo Meléndez. En sus orígenes, estuvo dentro de la imprenta Meléndez. En 1930, su hija Amalia, la que le da nombre, coge el testigo y una década después abre el local en la calle Alfonso XII. «Al principio junto con la lotería vendía también artículos de papelería, librería, mercería, juguetes...hasta que se prohibió y se quedó solo con la venta de lotería». De hecho, es la única administración del pueblo. En 1985, se puso al frente la tercera generación, el hijo de Amalia, José Ramón Vidal, que estuvo hasta 2005 que dio el relevo a su marido, Francisco Gómez.

En esta última época se ha trasladado a la calle Cervantes, donde cada día recibe a ciento de vecinos y visitantes que acuden a probar suerte. «Para durar tantos años la atención al público es fundamental. Hay que ser cercano con el cliente y cuidar el trato». Aunque también influye que es una administración aliada con la fortuna. «Estamos dando una gran cantidad de premios, el último un día antes de la Virgen del Puerto». Y es que, sin duda, los mejores momentos están ligados a la alegría de repartir una lluvia de millones. «El premio más grande que hemos dado fue de 4,3 millones de euros con la Primitiva». En estos años, han visto como las costumbres cambian. «Los jóvenes juegan más a la Primitiva, el Euromillón, la Bonoloto mientras que la gente mayor compra más Lotería Nacional y quiere el décimo de papel para poder tocarlo». Otra característica de este establecimiento es que los empleados llevan décadas trabajando. «Al cliente le da confianza ver las mismas caras». Y es que cuando tienen que comunicar la feliz noticia de un gran premio ejercen un «poco de psicólogos». Gómez asegura que a la administración le queda mucho futuro y adelanta que habrá quinta generación. El paso de 'Doña Amalia' por Alfonso XII se recuerda con un mural en esta calle que encargó el Ayuntamiento junto al de otras tiendas. Sin embargo, Francisco lamenta que lo que se ha pintado «no tiene nada que ver con la foto que dimos para el proyecto. Han hecho lo que han querido y no nos ha gustado el dibujo».

«Después de tantos años muchos clientes se convierten en amigos porque les he visto crecer» José Luis Calvo | Peluquería Calvo

Un referente de la hostelería de Santoña es el bar Buciero, fundado en 1910. Es imposible encontrar un vecino que no se haya tomado algo en él. Su historia empezó con el burgalés Sandalio López que lo inauguró con el nombre de 'La Santoñesa' en honor a su mujer, Agapita. Las crónicas de entonces destacaban su «confort y buen gusto» a la altura de los mejores de la capital. En sus orígenes tuvo fonda, comedor y la zona para bar era más reducida. Del matrimonio, pasó a su sobrino, Moisés López que le dio el nombre actual. Al caer preso durante la Guerra Civil se cerró temporalmente hasta que reabrió teniendo entre su clientela a muchos militares destinados en la villa, por lo que se le llegó a conocer como «la Sala de Banderas», explica Pedro López. Él es la cuarta generación. Antes pasó también su padre que en los 60 popularizó el bar y lo abrió a todo Santoña, no solo a la gente selecta. Además, agrandó el espacio de la barra y lo adaptó a la estética de le época. Se convertía así en lugar de encuentro, de consigna, de dejar recados que aún hoy sigue vivo. Porque como dice su famoso eslogan: '¿Dónde te espero?, Donde siempre, en el bar Buciero'. En 2013 pasó a ser propiedad de Pedro que junto a Sheila mantiene la esencia de un bar en el que se respira olor a café y en el que las tertulias son interminables. «Algunas clientas me han dicho que ya lo consideran la sala de estar de su casa». Y es que el trato familiar es una de sus señas de identidad. «Se establece una conexión porque los empleados se mantienen en el tiempo». Ellos y Pedro agradecen la «fidelidad de los clientes». Algunos empezaron a ir de niños y hoy, con noventa años, se siguen sentando en la terraza junto a los ventanales. Y es que desde esta esquina de la Plaza de San Antonio se ve pasar la vida de Santoña. En su dilatada apertura, El Buciero ha sido objeto de varias reformas. En la última, en 2016, tomó una decoración inspirada en los años 20 y 30. Además, también cuenta con un servicio de alojamiento.

Arriba, Puerto Diego, en el Bazar Marcelo que se inició en 1951. Abajo, Francisco Gómez, cuarta generación al frente de loterías 'Doña Amalia' que abrió en 1890. Y Pedro López, que representa a la cuarta generación al frente del bar 'Buciero', un clásico de Santoña. / Daniel Pedriza

Amor al oficio

Podría estar jubilado pero a sus casi 73 años, José Luis abre todos los días la peluquería y barbería Calvo. «Sigo por amor a lo que hago» ¿Y hasta cuándo? «Hasta que el cuerpo aguante», responde sin soltar las tijeras y llenó de vitalidad. Su padre, Tomás Calvo, abrió el negoció el 2 de abril de 1931. Vino desde Palencia a Santoña a realizar el servicio militar y le gustó tanto el pueblo que acabó montando su propia peluquería. Entonces, recuerda su hijo, la gente se cortaba el pelo «más por higiene que por estética». Y no solo eso también hacía curas y ponía inyecciones. Uno de los servicios más demandados era arreglar la barba y el bigote «conforme a la ropa y los trajes que llevaban». José Luis recuerda que al mismo tiempo que iba al colegio, con diez años, su padre le enseñó a él y a sus hermanos el oficio. También les inculcó la pasión por la música. De hecho, una de las salas de la peluquería llegó a ser una academia musical. Él y su hermano Toñín fueron los que, ya adultos, cogieron el testigo. Se enorgullece de poder decir que ha cortado el pelo a cinco generaciones. El secreto para perdurar tanto es «la calidad, el servicio y el precio». Y sobre todo, «mucho amor al oficio». A él le sobra. Después de tantas décadas, «los clientes se han convertido en amigos, a muchos le he visto crecer y he cortado el pelo a sus hijos, nietos y bisnietos. Les estoy muy agradecido». Y siempre al tanto de las nuevas técnicas y modas. Uno de los motivos por los que mantiene el negocio es por la parte de la 'barbería musical'. Todos los jueves, cuando cierra, se reúne con más amigos allí a cantar y tocar las guitarras.

«Hay que ser siempre honesto y dar un buen precio, además de saber adaptarse a los tiempos» Puerto Diego | Droguería Marcelo

En la céntrica plaza de San Antonio sigue abriendo sus puertas desde 1951, la droguería y perfumería Marcelo. Puerto Diego tiene imborrable en la memoria la imagen de su padre en este negocio que empezó como bazar. «Vendía lámparas, vajillas, cristales de bohemia, juguetes, colonia a granel... El techo y la pared estaban llenos de clavos para colgar cosas porque no entraba todo». Ella y sus hermanos le echaban una mano en la época de reyes. Al fallecer su padre, se incorporó una hermana un breve tiempo pero, enseguida, se puso Puerto al frente adaptándolo a lo que los clientes demandaban. Fue así como se especializó más en productos de droguería, perfumería, belleza o complementos. Su máxima siempre ha sido ser «honesta» con el que está al otro lado del mostrador y «ofrecer un buen precio para que no pasen de largo». Se vuelca en la atención al público y los clientes se fían de sus sabios consejos. En Marcelo se respira la esencia del comercio de toda la vida, el cercano, aunque ha evolucionado con los tiempos «para no quedarme atrás. Antes daba yo los productos a la gente y ahora pueden cogerlos de las baldas». Puerto agradece «infinito», que «sigan entrando y que sepan que estoy aquí». En su mente está retirarse el año que viene. Su hijo quiere seguir con el negocio, en otra ubicación, pero con el nombre y la solera de Marcelo. «No quiere que se pierda una tienda que nos ha dado tanto».

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