Castil Negro, la historia olvidada del castro cántabro a un paso de la bahía

Construcción fortificada de seis metros de ancho por otros tantos de alto que protegía a los antiguos cántabros./Daniel Pedriza
Construcción fortificada de seis metros de ancho por otros tantos de alto que protegía a los antiguos cántabros. / Daniel Pedriza

Acanto y Medio Cudeyo piden el desbroce y limpieza del poblado fortificado para preservar el yacimiento y reanudar la investigación que se paralizó en 2005

Elena Tresgallo
ELENA TRESGALLO

La Federación de Asociaciones en Defensa del Patrimonio Cultural y Natural de Cantabria (Acanto), con el respaldo del Ayuntamiento de Medio Cudeyo, ha pedido a Medio Natural el desbroce y tala de algunos pinos y zarzas que están afectando «de manera preocupante» a la estabilidad del yacimiento arqueológico de Castil Negro. Se trata de un importante poblado fortificado cántabro de la Edad de Hierro ubicado en un lugar estratégico, a un paso de la bahía, cuya investigación se paralizó en 2005. Los conservacionistas piden que se actúe para preservarlo y comience ya el deshielo de una historia que creen puede desvelar muchas de las incógnitas que pesan sobre nuestros antepasados cántabros.

El yacimiento permanece en el olvido desde hace casi quince años, a pesar de los intentos de protegerlo mediante una figura BIC, o de proponer un plan director de gestión de este área arqueológica en 2009, que se presentó en el Ayuntamiento de Medio Cudeyo. En la actualidad, desde Acanto se pone de relieve las «preocupantes circunstancias de la estabilidad del yacimiento» por el crecimiento de la población de pinos plantada, ya que sus raíces están afectando a la estructura de las fortificaciones. Por ello, han trasladado la petición de tala de los ejemplares que afectan al yacimiento así como el desbroce de la zona por la situación de «abandono» en la que se encuentra. De ello se dio traslado hace unas semanas al Ayuntamiento de Medio Cudeyo que, a su vez, se comprometió a cursar la petición a la Dirección de Medio Rural. No obstante, según Acanto, el titular de esta dirección ya «se ha comprometido verbalmente a hacerlo», indicó Víctor Moreno, miembro de este colectivo.

El yacimiento

Han pasado más de dos décadas desde que Esteban Velasco Agudo y Virgilio Fernández Acebo descubrieron Castil Negro. Un castro cántabro de la Edad de Hierro (del siglo V al I a.C) con hasta 'tres líneas' de murallas que pudieron alcanzar los seis metros de altura y que todavía esperan para contar una historia aún por reconstruir del todo. Un yacimiento ubicado en un lugar privilegiado, un mirador caleidoscópico natural que limitaba al norte con Santander y el arco de la Bahía, mientras que al Sur, divisa los valles de Penagos y Pámanes.

Por sus características y gran tamaño de sus fortificaciones cientos de antiguos cántabros tuvieron que habitarlo. Así lo deduce el actual presidente de Acanto, Mariano Luis Serna, que destaca que se trata de un asentamiento singular porque posee un importante dominio visual y se encuentra en línea con otros castros menores como el de Peñarrubia, Mizmaya o Gurugú que abren muchas incógnitas sobre si este -el de Castil Negro- fue el enclave dominante «la cabeza del territorio» y el resto asentamientos menores que orbitaban a su alrededor.

El castro supuso una importante aportación para reconstruir el puzzle de la historia de los antiguos cántabros, sus hábitats y construcciones defensivas, por ello fue objeto de varias campañas de investigación a finales de los noventa, estudios y prospecciones arqueológicas que se prolongaron hasta 2005. Serna formo parte de aquellas campañas dirigidas por la arqueóloga Ángeles Valle, en las que, entre otras cosas, se logró asegurar el perímetro del yacimiento, vallándolo, señalando las entradas, la definición de sus sistemas defensivos además de conocer la secuencia ocupacional o su urbanismo. A la par, durante aquellas campañas el arqueólogo Eduardo Peralta descubrió el castro de Peñarrubia.

«Al principio tuvimos apoyo de la administración, pero la investigación se cortó en seco en 2005 por la falta de medios», relata con cierta nostalgia Serna desde la cima de Castil Negro. No obstante, el estudio que se realizó no fue en vano, aunque se paralizase, ya que arrojó algo de luz sobre nuestra historia. De hecho, uno de los descubrimientos más curiosos fue el hallazgo de comida de los antiguos constructores que permitió a los investigadores datar esa muralla en el siglo V».

En el yacimiento, además de las fortificaciones, se hallaron objetos y los restos de una cabaña de carboneros del siglo X y restos de lo que pudiera ser una vieja galería minera romana. A la par, también se encontró una «importante colección de cerámicas» y objetos metálicos como fragmentos de hacha, un brazalete de bronce, una fíbula, una aguja de bronce etcétera.

Pero quizás, uno de los descubrimientos más valoradas por el equipo que realizó los trabajos es que pudieron demostrar «que se molían bellotas», enlazando así con la teoría del cronista griego Estrabón que atribuía a las tribus cántabras la molienda de este material durante el invierno «para hacer pan cuando les faltaba el trigo».

 

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