Fuentes de vida

Fuente de El Tolle, en el pueblo de Rubayo construída en los años veinte./
Fuente de El Tolle, en el pueblo de Rubayo construída en los años veinte.

Hasta mediados del siglo pasado los pueblos de Marina de Cudeyo se nutrieron de agua a través de pozos, aljibes, bebederos o manantiales, un lugar popular de encuentro

Elena Tresgallo
ELENA TRESGALLO

En su libro, Memorias de un alcalde, el exregidor de Marina de Cudeyo, Hilario Trueba, dedica uno de sus capítulos a las fuentes públicas en Marina de Cudeyo. Algunos de estos ejemplos son verdaderas obras de arte, con una estructura arquitectónica similar en cada pueblo y barrio, en torno a las que fluía la vida. Lavaderos, pozos, bebederos o aljibes, un lugar público y de encuentro donde, durante siglos, se reunían los vecinos a parlamentar de lo humano y, también, de lo divino.

La fuente de El Tolle, del mismo nombre que el barrio en el que se encuentra en Rubayo, es un buen ejemplo de ese pasado, ese patrimonio monumental y popular entorno al agua que existía en los pueblos, pero también en las ciudades.

En el libro 'Memorias de un alcalde' el viejo regidor de Marina de Cudeyo dedica un capítulo a estas infraestructuras que desaparecieron con la modernidad, pero de las que quedan siempre testigos en cada rincón de cada barrio, de cada pequeña población o núcleo vecinal.

En los sesenta, los ocho pueblos del municipio contaban con alguna de estas infraestructuras

En el año 1965 se procede al saneamiento de parte de esta infraestructuras. Existían entonces más de cuarenta fuentes en diferentes puntos del municipio como la de El Tolle, la mayor parte de ellas eran mixtas, se utilizaban como bebedero, pero también como fuente pública, también habia algunas que eran fuentes y lavaderos a la vez, de hecho existe uno en Pedreña que todavía sigue siendo utilizado como antaño por una de las vecinas, Begoña Rozadilla, que sigue con la tradición de lavar en 'la poza' de el barrio La Valle, un antiguo lugar de reunión y encuentro de las mujeres de la localidad.

En los años sesenta, como recuerda el viejo alcalde, a parte de las fuentes existían también pequeños manantiales que cumplimentaban el consumo vecinal, cuya conservación era cosa de los vecinos de la zona y servía para riego, ganado u obras.