«Las piedras de la Iglesia nos marcan»

Los feligreses de sus distintas iglesias organizan hoy domingo una comida de despedida en Hoznayo./Héctor Ruiz
Los feligreses de sus distintas iglesias organizan hoy domingo una comida de despedida en Hoznayo. / Héctor Ruiz

El párroco de Pontejos, Heras, San Salvador y Santiago se traslada a Cuba para continuar con su labor

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZHeras

Cuando Amable Verrire se acerca a la iglesia de San Miguel de Heras saluda a un grupo de jóvenes que está en un banco de la plaza. «La Iglesia son los chavales que están ahí sentados», explica el cura haciendo hincapié en que «lo importante está en el exterior de los templos, no dentro». Puede que por eso sólo haya llevado el alzacuellos una vez en su vida, ya que asegura que «tenemos que actuar de la manera más normal posible. Si voy de clériman al bar no me dejan pagar el café». La cercanía ha sido una de sus señas de identidad durante casi una década como párroco en Pontejos, Heras, San Salvador, Santiago y, desde hace tres años, Pontejos, su pueblo natal. La siguiente parada es Cuba, motivo por el cual sus feligreses le despiden con una gran comida en Hoznayo para desearle suerte en su nueva etapa.

Verrire nació en Pámanes hace 56 años, de los cuales los últimos 24 ha ejercido como cura. Tras finalizar sus estudios eclesiásticos en filosofía y teología, trabajó en Ucieda (Ruente), en una unidad familiar de menores delincuentes. Ahí tuvo a su cargo a chavales de entre 16 y 20 años condenados y pertenecientes a familias desestructuradas. «Fuimos los primeros en Cantabria que hicimos algo así», recuerda. «Muchos de esos chicos salieron adelante con normalidad, pero también enterramos a muchos».

Más tarde, comenzó a volcarse con inmigrantes procedentes de Cuba, Colombia, Chile, Argentina, e incluso Mongolia. Con ello, el párroco quiere mostrar que la labor de los clérigos debe ir más allá de la misa y el culto. «Como Iglesia nos jugamos el futuro en lo social, Cáritas es una parte fundamental». Por ejemplo, destaca la importancia del «acompañamiento» en momentos duros, como en fallecimientos o cuando hay quien pasa por problemas de exclusión y económicos. «La pobreza no se da a conocer lo suficiente porque no gusta. A los Españoles se nos olvida muy pronto que hemos sido emigrantes», valora.

«En la Iglesia se nos ha escapado el mundo real. Vivimos de muros para dentro en lugar de para afuera»

Hablando de futuro, Verrire reconoce que «somos una Iglesia de viejos», e incluso confiesa que «se nos ha escapado el mundo real. Hemos vivido de muros para dentro en lugar de muros hacia fuera». Algo que, en su opinión, ha implicado que, en ocasiones, no dieran con las claves para atraer a la gente joven. «Los chavales expresan la fe de otra manera, hacen más preguntas y puede que nosotros no les estemos dando las respuestas correctas».

A pesar de ello, no nota que en sus años de carrera hayan descendido notablemente el número de bautizos, pero sí de bodas religiosas. Sobre todo, explica que eso depende, entre otros factores, de «las facilidades» que se pongan a la gente. «Debemos hacer más cercana la relación con Dios y abrir siempre puertas, no cerrarlas». Además, mantiene que es necesario que en los colegios e institutos se ofrezca historia religiosa, aunque no sólo católica. «Los cristianos los hacemos en la Iglesia, no en la escuela», destaca.

Ahora Verrire prepara su marcha a Cuba. En el año 1997 comenzó a viajar al país para conocerlo. Finalmente, en 2009 pidió llevar una parroquia en Holguín. «Mi idea era marchar para quedarme definitivamente, pero enfermé de una depresión y regresé a los seis meses a España». Este mes vuelve a cruzar el charco, esta vez para trabajar en Ciego de Ávila, situado en el centro de la isla. «En principio voy por tres meses, pero si puedo me quedaré más tiempo», comenta. Aunque él pidió el traslado, asegura que se marcha «con pena», porque «la gente y las parroquias de aquí son una auténtica gozada».

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