Así fue la vendimia en Villaescusa

Un total de 18 voluntarios acudieron a cosechar en esta ocasión. /
Un total de 18 voluntarios acudieron a cosechar en esta ocasión.

La Asociación de Amantes de la Viticultura (Adavo) no consiguió igualar la «excelente» cosecha del pasado año

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZVillaescusa

Con la precisión de un reloj suizo, la uva de la finca 'La Mauela' (Obregón) estaba lista el pasado día del Pilar para su cosecha. «Hacer la vendimia en esta fecha es una tradición, porque siempre coincide con la maduración óptima», explica Juan Manuel Salinas, uno de los tres propulsores -junto a Ricardo Sierra y el ya fallecido Joaquín Lamagrande- de Adavo (Asociación de Amantes de la Viticultura de Obregón). Así que un total de 18 voluntarios acudieron a la llamada de la uva el pasado viernes 19 para liberar a las vides de su fruto. Un peso que esta vez no ha conseguido alcanzar al del pasado año, que, en palabras de Salinas, fue «una temporada excepcional».

Que la cosecha de este año -con poco más de 700 kilos- se haya quedado muy lejos de la del 2017 -que obtuvo un dato récord de más de 2.000 kilos- es para Juan Manuel Salinas, biólogo de profesión, «una lotería». Sobre todo porque el principal elemento que ha repercutido en los datos es una enfermedad, conocida como mildiu larvado, que «aparece de un día para otro sin mostrar signos en la hoja» y afectó a las vides hace unos meses.

Como las desgracias nunca vienen solas, la afección de las plantas estuvo acompañada de un tiempo con muchas lluvias y, por ello, poco propicio. «Hubo un día a mediados de julio que fue crítico porque hacía 24 grados de temperatura y estábamos metidos en la niebla, con lo que el viñedo se convirtió en un horno», recuerda Salinas. En consecuencia, esta temporada se ha quedado alejada de los 1.500 kilos que se deberían haber cosechado, con lo que, según las cifras de los responsables de la finca «ha caído un tercio de lo que cabía esperar».

La disminución de la uva de este año se debe a una enfermedad de las vides y el tiempo poco propicio

Sin embargo, consiguieron actuar a tiempo y salvaron los racimos sanos. «Se ha visto afectada la cantidad, pero no la calidad», especifica el biólogo que además incide en que «la uva de este año tiene el azúcar y la acidez perfecta». Una vez finalizada la cosecha, el propio día del Pilar prepararon el mosto y, en estos momentos, está en los depósitos fermentando. Ahora comenzará la segunda fase, en la que se lleva a cabo el proceso de la vinificación.

Ahora el caldo, como si se tratara de un oso que se retira a hibernar para descansar y hacerse fuerte, requerirá del invierno y parte de la primavera para estar listo. Al igual que ocurre con la puntualidad de la fecha para la vendimia, el vino suele ser embotellado en mayo, justo cuando vuelve a florecer la vid, la cual ya está centrada en su próxima añada.

Un vino para los amigos

La producción de vino de Adavo nunca tuvo un fin comercial. De hecho, se trata de un proyecto que surgió hace más de dos décadas a partir de la afición de Ricardo Sierra, Juan Manuel Salinas y Joaquín Lamagrande por la viticultura. Los tres amigos de Obregón se sumaron en 1997 al Plan de Viticultura Experimental del Gobierno de Cantabria, para comprobar las posibilidades del cultivo en la costa. Como fruto del proyecto en común nació la Asociación Adavo y la finca 'La Mauela', que se ha convertido en el viñedo «más antiguo de la costa de Cantabria».

Con el reto de investigar y elaborar un caldo adaptado al clima y las posibilidades orográficas de Villaescusa buscaron la planta más adaptada al clima de su tierra para garantizar el éxito. Encontraron la respuesta en Francia, al norte de los Pirineos franceses, allí, tras calcular muchas variables, se decantaron por dos variedades de blanco y una de tinto. Así llegó a Obregón el denominado como 'Vino de los Reyes' en la localidad de Jurançon, las especialidades 'Gros Manseng y Petit Manseng'. Variedades con leyenda a las que sumó otra cepa de tinto de nominado Achédia con un poco de Tannat, también de ascendencia gala.

Cuando llegó la prueba de fuego, su elección de variedades no superó el listón del Gobierno de Cantabria para crear una denominación de origen. Sin embargo, como nunca afrontaron la travesía con afán comercial, siguieron adelante. Esta vez con el horizonte de recuperar una cultura que siglos atrás estaba instalada en las casas de Obregón y Villaescusa. «Aún quedan vestigios y restos de lagares en muchos puntos del municipio, donde había viñedos», explican.

«¿Y cómo dan salida a la cosecha de vino?», se preguntarán muchos. La respuesta es fácil para Salinas. «Cuando tienes un viñedo pronto acuden amigos a probar el vino»; explica. Además, la finca se ha convertido en un espacio en el que frecuentemente acuden alumnos de colegios y otras personas para descubrir el motivo de que el vino se convirtiera en la bebida de los dioses.

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