«Fue un gran hombre que sentía una gran pasión por Villacarriedo»

«Fue un gran hombre que sentía una gran pasión por Villacarriedo»

La Catedral de Santander acoge el domingo, 4 de febrero, una misa para despedir al empresario, Emeterio Sámano Zabala

Elena Tresgallo
ELENA TRESGALLO

El pueblo de Villacarriedo despedía esta semana a uno de sus hijos más queridos, el empresario afincado en México, Emeterio Sámano Zabala, propietario -entre otros negocios- de una gran cadena de ferreterías en el país azteca, del Palacio de Soñanes en Villacarriedo o el Hotel Golf Rovacías en Comillas. La iglesia de San Martín se quedó pequeña para despedirle y agradecer su labor altruista en favor de su localidad natal. Tanto que sus vecinos ultimaban el pasado enero un homenaje en vida que no pudo celebrarse por estar convaleciente. El indiano carredano, de 81 años, fue enterrado por deseo propio en el cementerio de su pueblo y este domingo se celebra una misa en su honor en la Catedral de Santander, a las 13.30 horas.

Hasta el pasado domingo, gran parte de la sociedad cántabra desconocía la amplia trayectoria vital y empresarial de este indiano hecho a sí mismo, que siempre tuvo un gesto «amable y generoso» para su pueblo. Su repentina muerte y despedida descubría quizás a su pesar -sus vecinos lo describen como un hombre «discreto y cercano»- la cara más humana del empresario de éxito que tanto amó a Villacarriedo. «Fue un gran hombre que sentía una gran pasión por su pueblo, era el lugar donde había nacido», explica su hija Esperanza Sámano.

'Terio' -así era conocido por los carredanos- emigró con solo 17 años a México y comenzó trabajando en el negocio de los abarrotes, que consistía en la compraventa de semillas. Permaneció en este sector durante 13 años, hasta que decidió ponerse por su cuenta y avanzar en su propia aventura empresarial. «Allí estuvo muy contento, pero decidió emprender otro camino diferente y montó el negocio de las ferreterías», añade su hija, que destaca también la nostalgia que su padre siempre sintió por Villacarriedo. «Se tuvo que separar muy joven de su familia, al principio no celebraba las navidades hasta que se casó, lo pasaba mal».

El indiano carredano emigró con 17 años a México y allí fundo su negocio de ferreterías

La distancia de la tierra duele mucho, pero Terio tuvo una vida plena y feliz en México donde también encontró y fundó su hogar. Allí levantó de la nada todo su imperio empresarial (54 ferreterías y 1.500 empleados) y se enamoró de Esperanza González, una mexicana-española de padres asturianos, con la que tuvo tres hijos: Alfredo, Amable y Esperanza.

A finales de los años noventa (1998), el empresario adquirió el Palacio de Soñanes en Villacarriedo, un inmueble barroco del siglo XVIII. Su compra supuso todo un símbolo, ya que se realizó una magnífica restauración del edificio y su puesta en valor como un recurso turístico. Hoy en día, sus instalaciones albergan un hotel de la cadena Abba. Esta instalación, Junto al Hotel Rovacías Golf y el Abba Santander, también forman parte de su patrimonio.

Homenaje póstumo

Sus amigos y vecinos de Villacarriedo ultimaban el pasado enero la preparación de un homenaje al indiano en el propio Palacio de Soñanes, pero a Emeterio se le acabó el tiempo un poquito antes. Le habían dedicado una placa en la que se agradecía toda su aportación al pueblo. Una labor altruista que nunca quiso que le reconocieran públicamente. El pudor del hombre generoso que da sin recibir nada a cambio.

«Era un gran hombre», le definía ayer su hija Esperanza. Una afirmación que también compartían sus vecinos y que reflejaron en un escrito de reconocimiento a su labor en la localidad. No sólo por su contribución a la construcción de las piscinas de Villacarriedo o su devoción a la patrona del valle, también por cuidar de los suyos cuando cruzaban el Atlántico como hizo el mismo a mediados de los cincuenta. «El chaval no quería estudiar y quería descubrir las Américas, iba a pedir el favor a Terio, que no sólo los llevaba, los pulía, los enseñaba y los daba trabajo, sino que los cuidaba como hijos, con ayuda de su mujer y buena compañera Esperanza», agradecían en su misiva.

También recordaron anécdotas del popular carredano, como cuando mandó instalar calefacción en la Iglesia de San Martín «porque las señoras tenían frío» o arreglaba las goteras del templo. Terio «disfrutaba viendo disfrutar a su pueblo» durante las fiestas de la patrona del Valle de Carriedo y enseguida «sacaba la cartera» allí donde veía «necesidad económica de los vecinos», describen.

El pasado domingo, sus amigos de Villacarriedo le despedían con tristeza en el templo que él mismo se preocupó de mantener en vida y mañana, sábado, a las 18.00 horas, se celebrará una misa en su honor. Al mismo tiempo, este domingo, habrá una nueva oportunidad de rendirle homenaje en otro oficio religioso que se celebra en la Catedral de Santander.

 

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