Selaya y Villacarriedo retratan su historia

julipis, cantero, herrero y ganadero perteneciente a la familia de los Pedrucos, dando pizarra al dalle en su prado del Nogal./DM
julipis, cantero, herrero y ganadero perteneciente a la familia de los Pedrucos, dando pizarra al dalle en su prado del Nogal. / DM

Los promotores de la iniciativa preparan la edición de dos libros que recogen parte de la biografía gráfica de las gentes de ambos municipios

Elena Tresgallo
ELENA TRESGALLOSantander

Un viaje en el tiempo en blanco y negro o tecnicolor, esa es la propuesta que vuelven a traer a la palestra los vecinos de Selaya y Villacarriedo para rescatar del olvido la historia de un pueblo a través de sus gentes. La primera iniciativa impulsada por ellos se compuso de una serie de exposiciones fotográficas que tuvieron lugar el pasado verano en estos municipios, además de en Saro y Esles de Cayón. Previamente habían recopilado más de 4.000 instantáneas de estos territorios logrando reunir un importante patrimonio en imágenes. Ahora, con la ayuda de los ayuntamientos y la editorial Librucos, se van a editar dos libros monográficos que compaginarán imágenes e historia de ambos territorios.

Es el culmen de una aventura que dura más de un año ya y en el que se implicaron activamente varios vecinos de estas zonas pasiegas. Entre ellos, tirando un poco más del carro, Enrique Ruiz, Catú Ruiloba junto al historiador Javier Obregón, el carredano de Aloños Pedro Portilla o la escritora Regina Carral. Contaron además con más colaboradores que les acompañaron en el viaje recopilando fotos «casa por casa», entre sus vecinos. «Nos hacía falta una cara conocida para que confiasen en nosotros y nos dejasen las fotos para digitalizarlas», explicaron. De hecho, ahora en este mes concluye la recogida de fotos y «queremos dar las gracias a todos los vecinos que, cada uno a su manera, hacen todo esto posible», agradecieron.

Y es que los vecinos confiaron en ellos, y las exposiciones en los pueblos salieron «muy bien, y fue mucha gente a verlas», incide Enrique Ruiz, quien también destaca que se han cumplido varios de los objetivos que ellos mismos se plantearon. Uno de ellos, quizás para él el más importante, el preservar de la carcoma o del olvido el impresionante fondo documental con el que se han hecho, y que ponen a disposición del pueblo y las instituciones. «Hemos tirado de ese hilo, lo hemos puesto ahí y ya hay estudiantes que nos están solicitando el fondo para sus trabajos de fin de carrera, y eso es muy importante», afirman.

Los libros son otras dos criaturas que se están gestando. De momento el embrión ya está puesto y se harán dos ediciones monográficas, una de Villacarriedo y otra de Selaya con una selección de unas 420 fotografías.

Las ediciones no sólo serán un álbum fotográfico, tratarán de recoger la historia y los personajes que les marcaron a través de ella y a caballo entre dos siglos. Así, los oficios, las amas de cría, las estirpes familiares destacarán en Selaya o los indianos y los jándalos en Villacarriedo. Estos últimos lo harán con sus historias vitales, la impronta de progreso que dejaron por su carácter emprendedor y que quedará retratado en estas páginas para la historia, que ya tienen un editor interesado, Ramón Villegas, además del respaldo de ambos ayuntamientos.

El fondo documental cuenta con de más de 4.000 fotos de varios municipiosLos libros dedicarán un espacio especial a los jándalos, indianos y las amas de cría

Entre sus páginas se contarán retazos de historias vitales atrapadas entre el recuerdo y la imagen como la de Julipis, un cantero, herrero y ganadero de Selaya perteneciente a la familia de los Pedrucos. También la de Sabina, matriarca de esta saga tan conocida de artesanos en la zona, y ama de cría en Barcelona donde amamantó a Leticia Boch-Lebrus y López-Guijarro. «En la imagen se la ve descansando y tratando de olvidar, junto a su hija Ventura y su nieta Fabiola, los duros momentos cuando regresó a casa y le dijeron que el pequeño Juan, que ella había dejado a cargo de su madre, había fallecido. La familia catalana no le había comunicado lo ocurrido para que no se le cortase la leche», rememoran. De la misma forma, en Villacarriedo, el trabajo que se está preparando «de cara al verano» tendrá un capítulo especial para los indianos y los jándalos, «las dos sagas emprendedoras no pueden faltar en el libro de fotografía de Villacarriedo», añade Catú Ruiloba.

Familias como la de José Cobo Fernández y su hijo, que marcharon jóvenes a Andalucía, donde fundaron su negocio de Sevilla, el Bar Cobo. También la «famosa corrida de toros en Villacarriedo que se celebró en el patio de los Escolapios» en la década de los cincuenta, y que fue un hito en todo el valle. Entre los «valientes» toreros se encontraban indianos como Belisario Septien, Manolín Abascal o Carlos Maromo. Recuerdos felices que trajeron prosperidad a Carriedo y Villacarriedo.

Según destaca Ruiloba, para su trabajo ha sido fundamental la colaboración de las familias indianas. «Han estado en continúa comunicación e ilusionadas con el proyecto las familias de Manolín Abascal, Fernández Mantecón o Sámano, todos carredanos-mexicanos», concluyó.