El sueño de ser un restaurador lebaniego

El restaurador en su taller de Tezanillos de Villacarriedo. :: Toni Fernández/
El restaurador en su taller de Tezanillos de Villacarriedo. :: Toni Fernández

Agustín Fernández se ha profesionalizado los últimos 20 años en la recuperación de casas montañesas y elementos del patrimonio menor

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZ

Agustín Fernández todavía recuerda cuando, siendo niño, se sentaba a contemplar cómo restauraban la casa de su tío. «Eran artesanos lebaniegos, de los que ya no quedan, con métodos casi medievales», relata. Y, claro, él «flipaba» ante esa imagen. De hecho no tiene dudas de que esa imagen plantó en él «una semilla», que acabo creciendo hasta hacer de la restauración su profesión. Desde hace tiempo se dedica a ello, y ahora acaba de montar su propio taller, Lacebal, en Tezanillos de Villacarriedo en el que presta un servicio especializado para restauración de casas montañesas, cabañas pasiegas y otra serie de elementos del legado tradicional.

Agustín estudió Bellas Artes en el País Vasco con especialidad en escultura. Lo hizo porque «era lo más artístico», sin embargo cuando asentó la idea de que quería dedicarse a la restauración de casas fue cuando tuvo que «aprender el oficio». Para ello, una vez terminada la carrera, continuó su formación en el aprendizaje de diversas técnicas de construcción, con cursos de carpintería, ebanistería, fontanería... Algo que más tarde complementó al trabajar y aprender junto «los mejores artesanos y conocedores de la arquitectura popular montañesa». Con ellos ha trabajado durante los últimos 20 años, realizando proyectos por toda Cantabria y otras provincias.

Su carrera profesional ha estado centrada en la conservación del legado tradicional arquitectónico de Cantabria. De hecho, Agustín recalca de forma insistente que se trata de «nuestro patrimonio», y ensalza la capacidad que tiene para «atraer turismo», sobre todo cuando «se respeta y se cuida».

«Nuestro patrimonio arquitectónico tiene un gran potencial para atraer turismo»

También apunta hacia la necesidad de mirar por los detalles y buscar una armonía entre los pueblos y los paisajes. Por ello no sólo se dedica a trabajar en viviendas y negocios, también lo hace sobre «el llamado patrimonio menor, los cierres, portillas, bebederos y otros elementos exteriores». En su opinión es una labor por la que todavía falta mucho por hacer. «Ahora se ve una mayor concienciación al respecto, pero ese interés va demasiado lento», comenta. Añade que «estamos a años luz en comparación al resto de Europa; Francia sin ir más lejos cuida mejor ese patrimonio. Lo cierto es que el boom de la construcción provocó estragos».

Lacebal está actualmente construyendo su taller en Tezanillos. Se ha asociado con otros artesanos y trabajadores de diferentes gremios, dentro de la red de contactos establecida en los últimos 20 años, para ofrecer un servicio integral para la restauración de casas, cabañas y negocios de turismo rural intentando siempre recrear la belleza sencilla de la construcción popular. Al respecto reconoce que es un trabajo «más caro» que adquirir nuevos elementos, porque «se trata de una tarea artesanal y de detalle».

Además hace estructuras en madera, diseño y construcción de muebles de tipo tradicional, cartelería publicitaria para comercios, decoración de espacios interiores, y cualquier otra cuestión que le puedan solicitar dentro de su filosofía de trabajo, que implica el cuidado de todos los detalles al integrar el edificio en el entorno buscando una armonía estética, y como se relaciona el edificio con el paisaje, apostando por una continuidad para evitar la ruptura visual. Sobre ello recalca que «Cantabria siempre ha tenido una arquitectura potente, variada y bella que tenemos que preservar».