El tiroteo de Cazoña que no fue

O cómo un bulo en las redes sociales se convierte en una falsa noticia

DAVID REMARTÍNEZSantander

Ayer lunes 19 de diciembre pasó algo en Cazoña. Como bien saben nuestros lectores, nuestro trabajo diario consiste, principalmente, en contar y analizar lo que sucede en cualquier parte de Cantabria. Pero en la difusión de informaciones mantenemos una serie de reglas. En primer lugar, no lanzamos una noticia en la web hasta que la tenemos confirmada. Esta tarea, en apariencia sencilla para quien nunca la haya realizado bajo los parámetros básicos de un profesional, resulta difícil en ocasiones, y más todavía desde que las redes sociales han convertido a cualquier ciudadano en un emisor de mensajes multimedia. Es muy fácil confundir un rumor con un hecho por la simple sensación de que todo el mundo lo está comentando en Facebook.

Como excepción a la regla general, tenemos que aclarar que en nuestro periódico no informamos de suicidios, a no ser que el suceso genere una alarma social importante. Lamentablemente, es el caso que nos ocupa hoy.

Una persona se suicidó ayer en Cazoña lanzándose desde la ventana de un edificio, según nos confirmó la Policía Nacional el lunes hacia las once de la mañana. Decidimos no publicar el hecho, a pesar de que hasta la redacción nos habían llegado, por diversas vías, fotografías del suceso que parecían sugerir algo distinto. En alguna de esas imágenes se apreciaba una lona dorada como la que utilizan los servicios médicos para tapar cadáveres en la vía pública, junto a otros bultos en el suelo que podían interpretarse como personas. Algunos vecinos decían haber escuchado disparos.

A mitad de mañana, las fotos empezaron a circular por las redes e incluso algunos sitios web de la región afirmaron que se había producido un tiroteo en Santander donde habían muerto dos o tres personas. Volvimos a confirmar nuestras fuentes, y nos reafirmaron que se trataba de un suicidio.

El bulo, sin embargo, se viralizó hasta tal punto que algunos lectores llamaron para preguntar por qué no dábamos cuenta de lo sucedido. Les explicamos, claro, que no había sucedido lo que creían que había sucedido.

El fenómeno que os describimos aquí (como aclaración general de lo acontecido ayer) es cada día más habitual en nuestras vidas, y se produce y engorda a causa del ruido tremendo que genera la comunicación virtual. Buena parte de nuestro oficio, del periodismo actual, consiste en aclarar ese ruido, en filtrar lo veraz de entre los miles gritos que se escuchan en internet. Es lo que nos hace necesarios: ofrecer buenas historias, interesantes y rigurosas. No siempre lo conseguimos al cien por cien, al igual que cualquier persona no todos los días desempeña su trabajo con un éxito rotundo, pero cuando nos equivocamos (no muchas veces, todo sea dicho), rectificamos al instante. No es el caso que nos ocupa hoy, sino todo lo contrario. Según la Policía, una persona se suicidó ayer en Cazoña. Y si no fuera por la alarma social generada en las redes, y amplificada por algunas webs, no estaríais leyendo esto.

 

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