Reina Sofía-Lafuente, una obligación

Es una exigencia que las administraciones sumen voluntades para hacer realidad un proyecto único que aportará a Cantabria y a sus ciudadanos cultura, progreso y riqueza

DM .Santander

Transcurridos más de dos años y medio desde que en octubre de 2014 se sellara el acuerdo a cinco bandas para hacer realidad una sede asociada del Museo Reina Sofía en Santander que acogería la colección del Archivo Lafuente, la realidad se impone y el proyecto parece varado. No solamente no se ha avanzado en articular un sustento jurídico entre administraciones que permita el desarrollo de la idea, sino que las actitudes de unos y otros y la falta de voluntad política de entendimiento pueden estar poniendo en riesgo una sede cultural de primera magnitud. Y el temor a perder el tren es más que real, porque aunque el propio mecenas del proyecto el empresario y editor José María Lafuente mantiene la discreción, a nadie se le oculta su hartazgo por el dislate administrativo y la pugna partidaria.

Tanto Ayuntamiento de Santander como Gobierno regional admiten el bloqueo del futuro museo a ubicar en el edificio del Banco de España. Es más, tampoco se han dado pasos para resolver el sistema de gestión y financiación de la futura sede cultural. Y eso a pesar de que sobre la mesa hay varias propuestas e incluso la opción apuntada desde el ayuntamiento de la capital cántabra de adelantar el dinero cerca de diez millones de euros para realizar los trabajos.Hasta ahora ninguna alternativa ha sido válida, pese a que todos los actores implicados en este sainete ya dilatado en el tiempo coincidan en afirmar que el proyecto es "una prioridad" y "bueno para Cantabria". Dos reconocimientos tan explícitos como lógicos.

Que José María Lafuente haya mostrado de forma inquebrantable su deseo de que su colección tenga por sede Santander es un regalo que Santander y Cantabria deben aceptar. Se trata de albergar una colección de más de 120.000 documentos que está considerada única en su especie en Europa. Es, por tanto, un activo cultural singular y único que es un preciado objeto de deseo de instituciones culturales y museos de todo el mundo. De ahí que la inacción y el inane pleito entre administraciones estén alimentando el riesgo de la pérdida de una colección inigualable. Un museo que sumado al Centro Botín, al Mas y al futuro Museo de Prehistoria convertirán Santander en referente internacional de la cultura. De ahí que acelerar y ejecutar el proyecto del Reina Sofía-Archivo Lafuente haya dejado de ser una oportunidad real y nacida y pactada hace años, para transformarse en una obligación y una exigencia en la que los actores públicos ni pueden ni deben mirar para otro lado. Y además, se requieren decisiones de urgencia. Lo contrario vendría a demostrar la ineficacia e ineficiencia de las administraciones, incapaces de desarrollar un proyecto clave.

Es comprensible que se hable de la necesidad de vertebrar y asegurar una "financiación sostenible en el tiempo", pero también lo es que gobernar supone definir prioridades y destinar el dinero público a aquello que se considera estratégico. Y en ese camino es obligado que todas las administraciones implicadas sumen y aporten. Cantabria debe saber aprovechar sus fortalezas y la cultura es, sin duda, una de ellas. Que Lafuente haya decidido que su colección irrepetible se exhiba con toda su belleza en Santander y que el Reina Sofía la acoja con una sede no puede pasar a ser solo un bonito sueño. La región y sus ciudadanos no podemos permitirnos el lujo de perder un regalo que aporta cultura, progreso y riqueza.