El Centro de Arte Botín se asoma a la bahía con dos edificios suspendidos sobre pilares

Recreación informática del Centro de Arte Botín tal y como fue presentada ayer por el arquitecto Renzo Piano. Parte del edificio se adentra sobre la bahía./
Recreación informática del Centro de Arte Botín tal y como fue presentada ayer por el arquitecto Renzo Piano. Parte del edificio se adentra sobre la bahía.

La primera obra del arquitecto genovés en España fue explicada ante la clase política de la región por su autor y por el presidente de la Fundación Botín, Emilio Botín, su promotor y financiador

REDACCIÓNsantander

El Centro de Arte Botín, el proyecto de Renzo Piano que está llamado a cambiar la pequeña y la gran historia de Santander, fue presentado ayer en una sesión que dejó traslucir la importancia de la ocasión y en la que se escucharon palabras como «revolución cultural», «cambio de modelo» e «internacionalización». Y el objeto de estos elogios, además del plan cultural y artístico que encierra, es un edificio suspendido sobre la bahía y formado por dos rectángulos truncados, unidos por una plaza a la que se llegará por una pasarela desde los jardines de Pereda.

La primera obra del arquitecto genovés en España fue explicada ante la clase política de la región por su autor y por el presidente de la Fundación Botín, Emilio Botín, su promotor y financiador. Y cada uno con su lenguaje: el de Botín, directo como una cuenta de resultados y el de Piano, poético y evocador. Y los dos en sintonía: con corbata roja.

Botín centró rápidamente el tema: «Será inaugurado en el verano de 2014 (las obras empezarán en el verano de 2012), en el 50 aniversario de la creación de la Fundación. El coste ascenderá a 62 millones de euros y tendrá una dotación para actividades de siete millones al año. Esperamos que el primer año acudan a sus salas 150.000 personas».

Pero más allá de las cifras, el ambiente que se respiraba ayer en la Fundación Botín trasmitía el convencimiento generalizado de que esta vez sí, de que este es un proyecto que tiene un final anunciado y una ambición clara: cambiar el centro de la ciudad, instalar en una ubicación clave un edificio que se convertirá en lugar de encuentro, formación, ocio y cultura y que será un motor económico para el sector de servicios de Santander. Y colocar a la capital en el circuito mundial del arte. El alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, lo resumió en una frase: «será una revolución en el modelo cultural de la ciudad y una oportunidad que no vamos a desaprovechar».

Renzo Piano confesó que este es el primer proyecto que diseña que ha empequeñecido de tamaño mientras progresaba su desarrollo sobre papel. «No se trata de enseñar músculo, sino de ser sutil. Y, además, hemos intentado devolver a la ciudad parte de lo que nos dio inicialmente. Al no ocupar todo el solar generamos un gran parque de 17.000 metros cuadrados con 200 árboles que se unirá a los espléndidos Jardines de Pereda».

Que no se vea esto como una precaución ante las críticas que, en cuanto a tamaño y ubicación, han proliferado en Santander en los últimos meses: «No soy tan tímido como para comprometer mi proyecto porque me preocupen las críticas», adujo Piano. «Simplemente, era el tamaño apropiado», aseguró Piano. Y el tamaño apropiado es una construcción de 6.000 metros cuadrados (2.000 menos que en primer proyecto), de los que 5.000 están sobre los muelles y los 1.000 restantes son subterráneos y albergan los servicios.

Piano, no obstante, destacó y enfatizó a lo largo de su intervención en el carácter de edificio público del centro y su voluntad de que sirva como el gran lugar de encuentro de la ciudad. «Y espero que los santanderinos estén orgullosos de él».

La luz de la bahía

Y, efectivamente, el 'nuevo' Piano no enseña músculo. Se agazapa en cierta manera bajo los árboles de los Jardines de Pereda, cuya altura no superará («los pilares tienen la altura de los troncos y la parte cerrada del edificio es como las copas de los árboles»), se adentra en el mar para no comer demasiado terreno a los muelles, levita sobre sus columnas para no quitar más vistas de las imprescindibles e intenta dejar paso libre a «esa luz tan especial que viene desde la bahía por el sur» y, a la vez, no turbar el paseo al borde del mar «y el encanto de acercarse al agua». Y juega con ideas «divertidas y poéticas», como la pasarela de cien metros que atraviesa a cinco metros de altura los Jardines de Pereda y llega hasta la plaza que divide los dos edificios, el Ala Este y el Ala Oeste, la cruza y se adentra 25 metros en la bahía. Ese juego es una de las características que más llamaron la atención en la presentación, ya que además creará un mirador inédito sobre la bahía y será la clave de la parte más lúdica -«más liviana», dijo Piano- del proyecto, enfocada al ocio de los visitantes.

Los dos volúmenes, suspendidos a cuatro metros de altura sobre los muelles y sustentados por cuatro columnas de acero, dividirán el programa cultural.

 

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