A la espera del 'efecto Piano'

Infografía del proyecto de Renzo Piano./
Infografía del proyecto de Renzo Piano.

El proyecto del Centro de Arte Botín de Santander abre el camino a un eje cultural en la Cornisa Cantábrica

EL DIARIO MONTAÑÉSsantander

Santander busca un 'efecto Piano' que le suponga el empujón necesario para enfocar con decisión la próxima década. Y busca a la vez que un efecto cultural, social y económico, un nuevo orgullo como ciudad abierta al mundo, como faro artístico y lugar de cita turística y social.

La apertura del Centro de Arte Botín en 2014 colocará a Santander entre el grupo de ciudades del norte de España en las que una dotación cultural ha servido a la vez de revulsivo social y económico. La lista es corta y selectiva: Bilbao (el Museo Guggenheim, de Frank Ghery), San Sebastián (el Kursaal, de Rafael Moneo) y Avilés (el Centro Cultural Internacional, de Óscar Niemeyer). Santander pugna por que el nuevo edificio de Renzo Piano sirva para los mismos efectos que en las otras ciudades.

Es una apuesta atrevida que aúna dos circunstancias: el singular edificio de Renzo Piano en el mejor solar de Santander y el programa artístico, educativo y cultural de la Fundación Botín, la mayor entidad de su género en España. Con esos mimbres se trata de forjar un eje cultural en la Cornisa Cantábrica que influya positivamente en la región. La conexión tiene particular fuerza con el Museo Guggenheim y con el Centro Cultural Niemeyer, dos proyectos que no han supuesto únicamente una explosión cultural, sino que influyen de manera determinante en el aspecto arquitectónico y en la salud económica de las poblaciones que los albergan.

En el caso de la capital de Vizcaya, el origen de su apuesta por la creación de un centro de estas características surge de la necesidad de pasar de una economía basada en la industria pesada a otra apoyada sobre el sector de los servicios. La gran masa de empleados que proporcionaba la industria ya no podía sostenerse. El primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Bilbao y Coordinador de Infraestructuras y Espacios de Oportunidad, Ibon Areso, estuvo presente desde el principio en la gestación y puesta en marcha del proyecto Guggenheim. Como cargo electo a partir de 1991, presenció la polémica despertada por la construcción del museo. «No fue comprendido en su momento», afirma. «Se atravesaba una crisis y se consideró una frivolidad. Pero no era únicamente una iniciativa cultural, sino que tenía un componente económico importante».

En el primer año de actividad -de noviembre de 1997 a noviembre de 1998-, el PIB de la Comunidad Autónoma Vasca, derivado sólo de la existencia del museo, se incrementó en 144 millones de euros. Esta situación supuso un aumento de los ingresos por impuestos de la Administración municipal.

Asimismo, Areso asegura que los casi un millón de visitantes que el Guggenheim recibe al año (según datos del propio museo) «sostienen indirectamente 4.000 empleos en la hostelería y en los hoteles y generan tráfico económico en la ciudad». Aunque el teniente alcalde pone el acento en otro tipo de impacto sobre Bilbao: «Éramos una ciudad que comunicaba noticias en negativo. Continuamente se hablaba de Bilbao y Euskadi para referirse a ETA y al terrorismo. El Guggenheim nos ha dado una proyección positiva en el mundo». Porque, añade, «una ciudad debe poder ofrecer dos cosas: un entorno agradable para vivir, (en el que pueda accederse a la cultura y al ocio) y un nivel alto de renta, con más empleos y mayores sueldos posibles». A este respecto, se muestra satisfecho del cambio en el entorno de la ría: «Se puso a la ciudad mirando al agua; antes estaba de espaldas».

Otra de las personalidades clave, artífice fundamental en la plasmación del Guggenheim fue Joseba Arregi, consejero de Cultura del Gobierno vasco durante los años de gestación del proyecto, y para quien su consumación tuvo un reflejo importantísimo en el aspecto «psicosocial» de la ciudad. «Sirvió para que Bilbao recobrara la confianza en sí misma, que es, según dicen, una de las características de sus habitantes». Pero no fue así desde el principio. «Fueron años muy difíciles -afirma Arregi-, porque entonces se trató de un proyecto pionero en el que pocos creíamos».

A él le tocó liderarlo «contra viento y marea» desde su puesto en Cultura y no le faltaron críticas, incluso desde el interior del propio gobierno de coalición, ya que algunos de sus miembros no eran precisamente «fervientes seguidores» del plan. Tampoco ayudaba, en opinión de Arregi, el hecho de que fuera un momento en el que «pululaban muchos proyectos sin que acabara por concretarse ninguno. Por eso, cuando empezó a aflorar el museo, y se vieron sus cimientos, cambió la percepción de mucha gente».

Según el exconsejero, el Guggenheim fue la «primera piedra» de un modelo «nuevo y distinto de entender la ciudad, para recuperarla urbanística y paisajísticamente», y al que siguieron otros edificios como el Palacio Euskalduna. Además, en esta línea elogia Arregi la labor de la sociedad Bilbao Ría 2000, fundada en 1992, que aglutinó y reflejó el consenso institucional sin fisuras, con la finalidad de dirigir la recuperación de los antiguos espacios industriales de la metrópoli.

La presencia del museo en la ciudad coincide con una vocación del gobierno municipal por rehacer su aspecto externo. Iñaki Esteban, periodista y autor del libro 'El efecto Guggenheim: Del espacio basura al Ornamento', afirma que su impacto sobre Bilbao ha sido «determinante». Según Esteban, el cambio comenzó a producirse con la inauguración del metro diseñado por Norman Foster. De ahí se pasó a la «explosión arquitectónica» que produjo la apertura del museo. «En Bilbao encontramos las mejores firmas», sostiene Esteban. «Solo en el paseo Abando-Ibarra podemos admirar edificios de Calatrava, Álvaro Siza, o Moneo. El periodista considera que «la experiencia y la vida urbana de Bilbao han cambiado totalmente. Antes nadie se fijaba en los edificios, mientras que ahora es una ciudad apoyada en la arquitectura».

Avilés se transforma

Un caso parecido al de Bilbao es el de la localidad asturiana de Avilés. Una ciudad donde la implantación del Centro Niemeyer, inaugurado el 25 de marzo del presente año, ha transformado radicalmente su propuesta económica y cultural, de un perfil netamente industrial y conectado con la siderurgia, a un aspecto saneado que ha producido un auténtico 'boom' de turismo y un cambio de 180 grados en la imagen proyectada al exterior. También ha servido para incrementar la oferta hostelera y recuperar el casco histórico. Avilés, en la actualidad, recibe la visita de miembros tan destacados de la cultura como el actor Kevin Spacey, que va a estrenar en la ciudad su versión de Ricardo III de William Shakespeare, Brad Pitt o Woody Allen.

La alcaldesa, Pilar Varela, considera la apuesta por el centro cultural «un gran revulsivo para nuestra situación anímica. Ha crecido nuestra autoestima como ciudad». El hecho de que Avilés sea una ciudad industrial no negaba su deseo de acoger un gran centro cultural. La del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer es la obra de mayor envergadura de Europa y la única firmada por él en España. El Gobierno del Principado, junto con Puerto de Avilés y el Ayuntamiento, participaron en la gestación de la fundación destinada a la creación del centro. Se decidió construirlo en un terreno de 44.000 metros cuadrados, que pertenecían al Ayuntamiento y al Puerto a partes iguales. Esta parcela fue cedida al Gobierno del Principado, que es el que hace la inversión.

Pero las actividades del centro no se han desarrollado exclusivamente desde la inauguración. «Mucho antes de poner la primera piedra», dice la alcaldesa, la fundación estaba programando exposiciones y otras iniciativas, como fue la reunión del 'C8 de la Cultura', con la presencia de los representantes, junto al Niemeyer, del Lincoln Center de Nueva York, Sydney Opera House, centro Pompidou de París, Barbican Centre de Londres, Hong Kong Cultural Center, Tokyo International Forum y la Biblioteca de Alejandría.

«Esto no ha hecho más que empezar», declara Varela. «Si hay un 'efecto Guggenheim' en Bilbao, también hay un 'efecto Niemeyer', en Avilés». Ademas, el puerto ha experimentado el cambio. Para el próximo año, está previsto que atraquen tres cruceros con 1.300 personas. La alcaldesa se muestra muy satisfecha. «El proyecto en Santander será muy bueno. Sería importante crear un gran espacio cultural que conecte Galicia, Cantabria y País Vasco».

Pero quizás tenga Santander más en común en su idiosincrasia con San Sebastián. La capital guipuzcoana también se ha dotado de un edificio destinado a la cultura, pero con una finalidad algo diferente, el Kursaal.

Se trata de un palacio de congresos, que también cuenta con una sala de exposiciones patrocinada por la Kutxa. Un centro muy ecléctico que se utiliza para albergar actividades del Festival de Jazz, el de cine y cuya construcción no estuvo exenta de polémica. El proyecto ganado en concurso por Rafael Moneo contó con la oposición de sectores de la ciudad que lo tachaban de demasiado vanguardista. Ahora ha conseguido una mayor aceptación.

Debate intenso

El exalcalde de San Sebastián Odón Elorza fue testigo de primera mano del proyecto del Kursaal. Recuerda con exactitud todos los pasos que desembocaron en la apertura del centro cultural. «Los trabajos previos llevaron del orden de seis años. Primero, para tomar la decisión de abordar la construcción de un edificio sin saber cuál, para que sirviera de sede para congresos y festivales. Después, el estudio de viabilidad económica».

No rehuye Elorza el debate sobre la polémica generada por el proyecto de Rafael Moneo. «El concurso fue muy serio y el debate ciudadano, muy intenso, ya que se trataba de edificar sobre un solar en el que se encontraba un edificio muy romántico y valorado por la memoria de la gente, pero poco funcional y de mala calidad en sus materiales». La prensa se hizo eco del malestar que se había generado entre la ciudadanía. «Consideraban que rompía la armonía del área romántica», recuerda Elorza.

En cuanto a la financiación, se decantaron por crear una sociedad anónima, de capital público. «Desde el año 1999, fecha de la apertura del Kursaal, hasta hoy, el resultado ha sido de superávit, con una gestión muy empresarial de la dirección», asegura el exalcalde. «La guerra terminó -se felicita-. La gente se hace rápidamente al ojo. El Kursaal ya forma parte del paisaje». Sobre el Centro de Arte de Santander, Elorza lo tiene claro: «si se hace bien, una iniciativa de este tipo puede ayudar a cambiar para bien a una ciudad».

 

Fotos

Vídeos