El Centro Botín atrae a 40.000 personas en su primer fin de semana de actividad

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La azotea del edificio permite descubrir una perspectiva inédita de la ciudad desde la bahía / Luis Palomeque

  • Las exposiciones de Carsten Höller y sobre los grabados de Goya registraron 3.500 entradas entre el sábado y el domingo, según la Fundación Botín

Aunque la expectación era enorme tras cinco años de obras, nadie en la Fundación preveía unas cifras de visitantes tan exageradas en los primeros días. El Centro Botín, recién estrenado el pasado sábado, atrajo a cerca de 40.000 personas durante su primer fin de semana de actividad. Un síntoma de la curiosidad que existía en la ciudad por comprobar el maridaje entre la bahía, los Jardines de Pereda y la infraestructura diseñada por Renzo Piano. De hecho, el edificio fue el gran protagonista, más allá de las exposiciones que presumiblemente cobrarán importancia con el paso de los días. Pero lo que todo el mundo quería en estos primeros días era encaramarse a las pasarelas y subir a las azoteas para ver con sus propios ojos una nueva perspectiva de la ciudad. Un ‘skyline’ inédito de Santander.

Uno de cada diez de esos visitantes se decidió a entrar también a las salas de exposiciones. La Fundación Botín sumó 3.500 entradas a los espacios donde se muestran los grabados de Goya o las piezas interactivas del artista belga Carsten Höller, que como curiosidad es doctor en agronomía y especialista en estrategias de comunicación olfativa de los insectos.

La obra de Höller fue la que más llamó la atención por su búsqueda de la participación, tanto en los pasillos de luz, como en el juego de las jaulas de pájaros o las píldoras sobre el suelo. Y el precio de una noche en la cama elevador –250 euros a diario o 350 durante el fin de semana– acaparó muchos de los comentarios de los que accedieron a las tripas del edificio.

Desde la Fundación destacaron que esta afluencia de visitantes «ha estado por encima de cualquier previsión», aunque todo funcionó con cierta normalidad, no se formaron colas para entrar y la gente pudo subir y bajar por las escaleras y pasarelas con fluidez. Tampoco las taquillas, la tienda o la cafetería sufrieron grandes atascos, debido a la apertura de espacios ideada por el arquitecto genovés, que entiende el Centro Botín y su entorno como una gran plaza pública. Es decir, aunque haya mucha gente, la sensación de agobio no existe.

Este lunes, las exposiciones permanecerán cerradas, pero será accesible todo el exterior del edificio. La cafetería sí abrirá por la tarde para los que se quieran tomar algo antes del concierto de la Orquesta Camerata Orphica, de 20:00 a 21:15, en el auditorio interior. Con Mario Hossen como director y violinista solista. La entrada general costará 8 euros y para los amigos del Centro será de 4 euros. A partir del martes, volverán los horarios habituales para conocer las salas interiores.

Una vez superada la novedad de los primeros días, la instalación se enfrenta ahora a un verano que se prevé especialmente concurrido. El objetivo a medio plazo es convertir al Centro en un referente cultural del Norte del país, junto al Guggenheim y al Niemeyer, y alcanzar el objetivo de los 200.000 visitantes anuales. Esto supondría una revolución económica para Santander por su impacto en el turismo, además de repercutir en la oferta cultural y en el desarrollo urbano. Sólo hay que recordar que en ese mismo suelo sólo había, hasta hace cinco años, un parking separado de la ciudad por una valla y la carretera.

El exalcalde de Santander y actual ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, al que ayer se pudo ver visitando el edificio tras haber participado en la inauguración del pasado viernes, junto a los Reyes, se mostró convencido de que el Centro Botín «cambiará la historia de la ciudad». «La idea del proyecto es situar a Santander y Cantabria en los circuitos mundiales del arte y la cultura», destacó.

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