Condenado a seis meses de prisión por atropellar a un peatón en 2015 en Navajeda y no auxiliarle

El conductor condenado, /Sane
El conductor condenado, / Sane

La magistrada Almudena Congil ha acordado la suspensión de la pena si no delinque en los próximos dos años | Los hechos se remontan a noviembre de 2015 cuando el fallecido cruzó la vía de forma indebida

DM .
DM .Santander

La Audiencia de Cantabria ha condenado a seis meses de prisión, por un delito de omisión del deber de socorro, a un joven conductor que en noviembre de 2015 atropelló y no auxilió a un peatón de 74 años que cruzaba de forma indebida la carretera que atraviesa Navajeda y que falleció en el hospital. La magistrada Almudena Congil, presidenta del tribunal que le declaró culpable el pasado 6 de febrero, ha acordado la suspensión de la pena con la condición de que no vuelva a delinquir en el plazo de dos años.

De este modo, Congil ha atendido al pronunciamiento del jurado, que adoptó esta decisión por unanimidad. También informaron en este sentido el Ministerio fiscal y a la defensa, pero no la acusación particular. En una sentencia que ya es firme, la magistrada no impone ninguna indemnización ya que la acusación particular se ha reservado el derecho de emprender acciones legales en la vía civil.

Según el relato de los hechos, el acusado conducía su coche cuando, en el punto kilométrico 3,5 de la carretera comarcal CA-651, a la altura de Navajeda (Entrambasaguas), un peatón irrumpió en la calzada y fue atropellado «sin que el acusado pudiera evitarlo».

«Al ser consciente de que había atropellado al peatón, al que vio tendido en la calzada, sufrió un estado de nerviosismo que, sin embargo, no afectó a su capacidad de reacción», señala la sentencia. Y continúa relatando cómo el conductor «se ausentó del lugar en el vehículo sin detenerse a auxiliar y sin comprobar el estado en el que se encontraba, pese a que pudo haberle ayudado sin riesgo de sufrir ningún tipo de lesión o perjuicio en su persona».

El jurado entendió, y así lo relata la magistrada en su sentencia, que el ahora ya condenado se fue «conociendo, o cuanto menos estando en disposición de conocer, que el peatón podía haber sufrido lesiones graves y que necesitaba una asistencia urgente».

Minutos después, el conductor volvió al lugar acompañado de quien era su jefe, «reconociendo ante los agentes de policía que acudieron al lugar que era el causante del atropello, lo que facilitó la investigación de los hechos».

El peatón, Adolfo Gómez Fernández, un ganadero jubilado vecino de Entrambasaguas, fue llevado en ambulancia al Hospital de Valdecilla, donde falleció ese mismo día a consecuencia de las graves lesiones.

Accidente fortuito

Según explica la resolución, los miembros del jurado consideraron probado por unanimidad que «el peatón irrumpió en la calzada de forma antirreglamentaria, sin que, por tanto, el acusado pudiera evitar dicho atropello, de ahí que el accidente pueda ser calificado como fortuito». Del mismo, modo entendieron que el acusado se percató de que el peatón estaba tendido en la calzada y pese a ello se ausentó.

En este punto, no creyeron la versión exculpatoria del acusado, quien manifestó que al darse cuenta de lo ocurrido detuvo su vehículo más adelante y llamó a su jefe para pedirle que éste avisara a una ambulancia. Para no dar credibilidad a estas manifestaciones, el jurado se apoyó en los testimonios de las dos personas que, tras escuchar un fuerte impacto, salieron del bar La Central del que minutos antes se había ido la víctima. Ellos manifestaron que no vieron a nadie auxiliando al peatón ni a ningún vehículo parado en la zona. El jurado tampoco creyó que el acusado efectuara una llamada telefónica, y es que no existe ninguna constancia documental de la misma.

Por todo ello, la magistrada considera que la convicción del jurado para fundar su veredicto «supera ampliamente el canon de racionalidad, encontrándonos con que las pruebas analizadas gozan de suficiente contenido incriminatorio para alcanzar la conclusión probatoria a que ha llegado el jurado».

La defensa planteó «miedo insuperable»

La defensa planteó la concurrencia de una circunstancia eximente de miedo insuperable, pero el jurado, al ser cuestionado por la misma, por unanimidad rechazó esta tesis.

En este sentido, estimaron probado que el acusado sufrió un estado de nerviosismo que, sin embargo, «no afectó a su capacidad de reacción» y «no le impidió auxiliar al peatón atropellado», entendiendo que «tenía plenamente conservadas sus facultades, siendo consciente de sus actos y manteniendo íntegra su capacidad de reacción».

En el veredicto adujeron que «no se ha practicado prueba alguna ni informe médico que acredite ni justifique» ese estado de pánico, y añadieron que si tuvo la capacidad necesaria para conducir tras el impacto también «tenía la suficiente capacidad de reacción para actuar de forma diferente a la que realmente tuvo como, por ejemplo, bajarse del vehículo para socorrer al accidentado o llamar a una ambulancia».

Por el contrario, sí concurre la atenuante de confesión. Su actuación, volviendo al lugar de los hechos y confesando su autoría, teniendo además en cuenta que no se ha identificado a ningún testigo presencial del accidente, «permite concluir que la conducta del acusado favoreció la investigación penal».

A la hora de individualizar la pena, la magistrada ha tenido en cuenta que la víctima «lo fue a consecuencia de un accidente ocasionado fortuitamente por el acusado», que éste carece de antecedentes penales y que volvió al lugar de los hechos a los pocos minutos, sometiéndose a pruebas de alcoholemia y demás diligencias para las que fue requerido por la Guardia Civil.