Una novillada con muchos matices

Una novillada con muchos matices
Celedonio Martínez

El capote de Mora, la espada de De Manuel y la muleta de Grande, lo más destacado de la tarde

ALFREDO CASASSantander

No esperó el torilero a que Pablo Mora se colocara frente a la puerta de los sustos para recibir al primer novillo de la tarde. Entre pitos y flautas, el novillero madrileño saludó a su bajo y armónico astado, un auténtico tacazo, con una larga cambiada y un ramillete de mecidas verónicas. Añadan a ello un quite por recreadas tafalleras. Siempre fijo y descolgado, 'Cubanito' exigió sitio por delante y un tiempo muerto entre lance y lance a su bregador. Dos incógnitas que condicionaron el discurrir del último tercio. Le costó a Pablo entender la necesidad de perder un par de pasos entre muletazos, para crear hueco antes de volver a enganchar en los vuelos de la franela las enclasadas acometidas del novillo. Por consentir que el morlaco no parara, algunas series se amontonaron. Tras unas alborotadas manoletinas, mató de media estocada caída y atravesada.

Más basto de hechuras, abrochado de pitones, largo de manos, de generoso cuello y cargado de carnes fue el segundo en el orden de lidia. Por apoyarse en las manos y no rematar las embestidas, quedó patente su falta de fuerzas. Novillo de mejores inicios que finales, 'Divertido' echó la cara arriba en el peto del caballo, escarbó frente a los burladeros y se descompuso en banderillas. Cambiado el tercio, De Manuel tanteó por ambos pitones a un ejemplar que no tardó en cantar la gallina y buscar los adentros. En la primera serie por el pitón derecho, el novillo se dolió al ser apretado en el segundo embroque y lanzó un feo gañafón al ser rematado con uno de pecho. Renuente e incierto, el utrero se rebrincó y echó el freno de mano por el izquierdo. No por ello perdió la compostura Francisco que continuó intentando tirar de las acometidas y estructurar faena. Después de un pinchazo, cobró una estocada tendida.

La corrida

Novillada con picadores.
Tarde estival y de buena temperatura –30º al sol–. Algo menos de media entrada. Festejo presidido por Jesús Javier Plaza Olea. Novillos de la ganadería de Zacarías Moreno (514, 510, 480, 515, 513 y 513 kilogramos): astados de procedencia Juan Pedro Domecq Solís; encierro de desiguales hechuras y volúmenes. Repetidor, de gran clase y limitado motor el primero; rajado, informal, descompuesto y a la defensiva el segundo; manso, tardo y renuente el deslucido tercero; fijo, enrazado, combativo y de larga duración el notable cuarto; de mentirosa e incómoda movilidad el quinto y noble y manejable, aunque de limitado fondo, el ejemplar que completó la entretenida y variada novillada.
Pablo Mora
(verde hoja y oro): media estocada caída y atravesada (ovación con saludos desde el tercio) y estocada casi entera y pelín delantera (oreja)
Francisco de Manuel
(nazareno y oro): pinchazo y estocada tendida (ovación con saludos desde el tercio) y estocada entera y pelín delantera (oreja).
Antonio Grande
(azul marino y oro): más de media estocada tendida (ovación con saludos desde el tercio) y estocada trasera y muy tendida, dos descabellos y más de media desprendida (ovación con saludos desde el tercio tras aviso)
Incidencias
al salir al tercio a saludar una ovación, Antonio Grande fue interrumpido por la megafonía de la plaza.

El tercero cerró la cara y, salvo por sus excesivamente largas manos, exhibió buena hechura. Sacó pies y echó las manos por delante. Al rematar el saludo capotero Antonio Grande fue arrollado por el pitón izquierdo a la altura del pecho. Aunque aparentemente no hubo graves consecuencias, de la paliza no le libró nadie al maltrecho salmantino. Entregado en el peto de caballo, 'Bellota' comenzó a frenarse y a vender caras sus acometidas mientras fue banderilleado. Abierto al tercio en los terrenos del tendido 1, el novillo pronto comenzó a señalar su marcada querencia a tablas y a tardear sus cada vez más renuentes viajes. Con firmeza y paciencia debió Antonio Grande de ir cimentando cada afanosa serie. Pese a que el utrero no paró de buscar tablas y de salir por encima del estaquillador, el novillero charro porfió con seguridad y determinación. En tarde de inoportunos desajustes, cuando el novillero saludaba desde el tercio una ovación, la megafonía informó de no sé qué. Qué torpeza.

Superado el ecuador del festejo, saltó al ruedo un novillo brocho, bajo, montado, recogido y atacado de kilos, al que Pablo Mora saludó con dos faroles de rodillas y media docena de pulseadas verónicas. Tanto al rematar los lances de capote, como al salir de la suerte de varas, 'Pescadilla' sufrió fuertes volteretas. Brindado el trasteo a Fortes, Mora inició faena de hinojos y en redondo. Sin atosigar al encastado novillo. Abriendo los caminos que dice el maestro Muñoz. Encelado, descolgado y combativo, el enrazado astado embistió mejor cuanto más adelante lo enganchó en las telas. Por el pitón izquierdo, faltó empaste. Apercibido de ello, el madrileño volvió a echarse la pañosa a la diestra, para correr la mano y ligar dos animosas series de intermitente gobierno. Mientras tanto, el notable novillo no paró de surcar la arena. Unas manoletinas de rodillas y una tajante estocada, pelín delantera, permitieron a Pablo pasear una oreja.

Completó el lote de Francisco de Manuel un torete cornidelantero, de fuertes pechos y rematados cuartos traseros. Aunque se movió mucho y con poder antes de llegar a los embroques, debajo de los capotes quedaron en entredicho sus ganas de ir para delante. Difícil de fijar, 'Diablillo' hizo sonar el estribo y se dolió en banderillas. De los tres pares de banderillas que ejecutó De Manuel, por su compleja sincronización, destacó el tercero, un quiebro por los adentros. Una voltereta interrumpió el tanteo con el que Francisco inició su labor. Sacado al tercio, administrado un necesario tiempo muerto, el novillo acostó los viajes y no quiso soltarse de las telas. Por ambos pitones. Quizá un puyazo más hubiera ahormado su pegajosa y compleja condición. Quién sabe. Después de mucho tragar, consentir y querer, el madrileño terminó imponiendo su voluntad y rubricando su sólida labor, de ralentizada estocada entera. Oreja de peso.

Al huesudo y algo destartalado sexto, mansito en varas e incansable en banderillas, le quitó Antonio Grande las tonterías con la decidida y sometida serie de derechazos con la que inició su labor. Acusó 'Africano' la exigencia. Comenzó a buscar disculpas para no embestir. Aunque quiera desentenderse, no le quedó más remedio al novillo que tragarse dos poderosas series de naturales, ceñidos y rematados por debajo de la pala del pitón. Faena de roncos olés, para aficionados, difuminada con el manejo de los aceros. Una verdadera pena.

 

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