El chupinazo enciende la mecha de la Semana Grande

Momento en el que la alcaldesa Gema Igual ha lanzado el chupinazo. / Fotos: María Gil Lastra y Daniel Pedriza

Las calles de Santander se llenan de gente en el arranque de las fiestas

Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

Es muy difícil hacer comparaciones en estas cosas. Mil más o mil menos no se notan tanto. Pero la sensación ayer tarde en la Plaza del Ayuntamiento es que había más gente que nunca. Mucho más que en el 96, cuando se lanzó por primera vez. Pero también más que en los años que la costumbre fue cogiendo forma. Incluso, que en los últimos, cuando ya no se entienden las fiestas sin el estruendo. El chupinazo número 23 en la historia de Santander y su Semana Grande fue el más, el más en todos los sentidos. El más multitudinario y, posiblemente, el más divertido. Hubo algo, una magia especial contagiosa y extendida entre una muchedumbre inagotable que se desparramaba por Juan de Herrera, San Francisco, Isabel II o la Cuesta del Hospital. Mucho tuvo que ver que la llegada de las peñas fuese más tranquila, menos a la carrera, que otras veces. Y más aún un debutante en la programación. Una novedad. DJ Cheda, curtido en mil verbenas y muy conocido en todos los pueblos de Cantabria, fichó este año por la capital. Se trabajó al público subido en una grúa elevada sobre la plaza y le dio al acto un ritmo que nunca había tenido. Un diez, un gran acierto. Si a eso se le une un solazo de esos de tres veces al año por aquí, chupinazo perfecto.

Que la cosa iba bien se notó desde el primer momento. Sobre todo lo relativo a presencia de público, que se fue adelantando. La gente se echó a la calle desde mucho antes de la hora marcada en los programas. Como si hubiera más ganas de empezar que otras veces. Es curioso esto del chupinazo. Un fenómeno de estudio. Miles de personas (Cheda decía que más de 10.000, aunque en esto dar una cifra exacta es tarea imposible) se juntan –y mucho, porque están como sardinas en lata– para un instante, un par de segundos. Lo que tarda en explotar un cohete. Pero lo de ayer certifica que esto ha calado.

Dándose una vuelta, cualquiera pudo ver que hubo lo que no puede faltar en estas cosas. Las típicas estampas. Que si un perro con el pañuelo, que si alguien al teléfono diciendo «¿dónde estáis?», que si una madre grabando al crío toda emocionada y el chaval con cara de mala leche porque no quiere que le suban a los caballitos... O esa de «para que unos disfruten otros tienen que trabajar» que siempre dice alguien al que no le dieron libre. Hubo eso y lo que suele haber todos los años. Vendedores de globos, casetas abarrotadas sirviendo los primeros pinchos y un grupo infantil con una protagonista de las que tienen una voz aguda ideal para que los niños se vuelvan locos de remate (de alegría, claro).

Siempre hay cosas en las que detenerse. Detalles. A Hugo le pintaron la cara de Spiderman (había pintacaras este año, otra novedad) y andaba emocionado. Anécdotas. «No nos hacemos responsables si se caen los niños, que los subís sin pensar», decían desde el escenario junto a Mickey, Donald, Daisy... Los padres empujaban para que su crío no se quedara fuera y claro... No pasó nada, todos tranquilos. «Venga, vamos a bailar la del tiburón». Y la chavalería se lo sabía, porque todos simulaban al ritmo de la música con las manos la boca del bicho. Buen ambiente en la plaza.

Mucho calor, mucho helado y la cola de siempre para recoger programas y pañuelos en la caseta de todos los años (los que consiguieron el pañuelo con El Diario no tuvieron que hacer cola). «Vamos, que hay fila», «uno por persona», «vayan pasando»... Un par de extranjeros miraban el bullicio alucinados. «¿No querías ver jaleo?», le decían a un abuelo que se había empeñado en bajar este año. «Ya lo veo, ya».

Al chico que vigilaba el acceso ante las Gigantillas le preguntaron «doscientas veces en los últimos cinco minutos» si este año no desfilaban. Y no. Don Pantaleón, Doña Tomasa, La Repipiada y La Vieja de Vargas estuvieron, pero esta vez no se movieron de la plaza. Su papel por las calles del centro lo asumieron los componentes de Coros y Danzas de Santander. Dejaron una estampa preciosa en Lealtad, bailando ante las escaleras que sirven para subir a la catedral. Se convirtieron en una grada, con la torre del edificio de fondo. Muy bonito.

Por el camino, el tipo que mueve a base de piernas el carrusel ecológico tenía los caballitos llenos. «Hay dos repes», decía porque iban dos gemelos seguidos. Estaban los gemelos, el que mueve el carrusel, los caballitos y una legión de padres grabando con el móvil. Ahora la diversión es cosa de Instagram. Cerca, en la Porticada, los grupos andaban con pruebas de sonido y olía a churros.

Desde el balcón

Pero lo gordo estaba ya en la plaza. Y allí ya había empezado el turno de DJ Cheda, subido a la plataforma en lo alto y con una pantalla gigante debajo para que todos pudieran verle. Atronaban hasta los cimientos del Ayuntamiento. No es broma. Puso música, hizo que la gente aplaudiera y bailara, y más. Le tocó hacer de presentador y fue dando paso con soltura. A los de Coros y Danzas y, después, uno por uno, a todas las peñas, charangas y agrupaciones que iban llegando después de desfilar por el Paseo de Pereda.

Y eso fue clave. Fueron accediendo al recinto cerrado ante la puerta del Consistorio de una en una. Los artistas del circo de Raúl Alegría, Los hijos de Julio, La Panderetuca, La Pirula, la Charanga de Ronceros (desde Santoña, que eso se nota en una fiesta)... Con La Pera la plaza se vino abajo. Y esa llegada, con música, con tiempo, creó un ambiente que no se había visto nunca.

La alcaldesa, Gema Igual, salió con esa atmósfera y todo a favor y compartió palabras con representantes de cada peña. Hablaron todos, cada uno una frase. «¿Tenéis ganas de fiesta? ¿Queréis que empiece ya? Que empiece y viva la Semana Grande, y viva Santander. Cinco, cuatro, tres...». Y ya. Cohete, estruendo, papelillos azules al cielo, globos gigantes... DJ Cheda pinchó la Fuente de Cacho y luego todos bailaron eso de 'Follow the leader, sígueme'.

«Tenemos 240 horas de fiesta por delante en Santander en esta Semana Grande». Pues eso.