La joven que escaló por la fachada de la sede de Defensa se libra de toda sanción

Vídeo grabado por un testigo de la acción de esta mujer trepando por la fachada de la Delegación de Defensa, en Santander. / VRG

La Policía Nacional dice que su acción «no es delito ni merece sanción administrativa» porque no tenía intención de causar ningún daño

Mariña Álvarez
MARIÑA ÁLVAREZSantander

La joven que hace una semana escaló por la fachada de la Delegación de Defensa en Santander se ha librado de cualquier hipotético castigo por su temeraria acción. La Policía Nacional, cuerpo al que pertenece el agente que la obligó a bajar cuando ya iba por el primer piso, afirma que la acción de esta desconocida «no es delito, ni siquiera sanción administrativa», porque se entiende que la mujer, al trepar por el edificio oficial, «no tenía intención de dañar bienes o personas».

Esta intencionalidad es el requisito del tipo delictivo que se le podría aplicar. El artículo 37, apartado 14, de la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de Protección de la Seguridad Ciudadana (la llamada 'ley mordaza'), detalla las infracciones leves, en este caso: «El escalamiento de edificios o monumentos sin autorización cuando exista un riesgo cierto de que se ocasionen daños a las personas o a los bienes». Como ella no iba a causar daño a otros –al margen de su propio peligro–, no encaja en esta descripción.

Todo ha quedado, por tanto, en una anécdota grabada por un testigo, difundida por las redes sociales y compartida por miles de personas, una más de la serie ya bautizada como de 'las spider-woman de Santander', que empezó con las imágenes de mujeres limpiando ventanas encaramadas a estrechos alféizares o con un solo pie apoyado en el balcón de altos edificios, que siguió con otra tomando el sol en un inclinado tejado del centro de la ciudad y continúa ahora con el surrealista episodio de esta escaladora urbana. Nada se sabe sobre la identidad de esta mujer, que con gran agilidad logró trepar por las jambas hasta una altura de unos ocho o diez metros y bajar sin titubeos hasta el suelo cuando el policía la regañó.

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