Los propietarios del tiovivo de Pombo lo venden tras 43 años de actividad

El tiovivo de la plaza de Pombo forma parte de la geografía urbana de la ciudad. /Roberto Ruiz
El tiovivo de la plaza de Pombo forma parte de la geografía urbana de la ciudad. / Roberto Ruiz

María Amparo Sánchez y José Antonio Penagos, que han fijado un precio de 60.000 euros, garantizan que lo mantendrán hasta encontrar un comprador «que lo quiera trabajar justo en el sitio que está»

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Un tiovivo es la mejor alegoría de la vida, porque sigue dando vueltas aunque las personas ya no estén. «Nos jubilamos, lo dejamos. Y lo hacemos con mucha tristeza porque han sido 43 años maravillosos», resume en una sensación María Amparo Sánchez (65 años), propietaria junto a José Antonio Penagos (66), su marido, de 'Caballitos Penagos', en la plaza de Pombo.

Ella es la más sentida del matrimonio;él se obliga a ser más pragmático:«Vamos a seguir hasta que alguien lo compre, porque todavía podemos seguir. Y lo que deseamos, lo que vamos a intentar, es que quien lo compre nos pueda garantizar que va a seguir estando donde está, en Pombo. Que nadie se lo lleve a ningún lado. Se lo debemos a la gente, que nos ha tratado tan bien durante tantos años», confiesa. El anuncio está en redes sociales. Lo venden por 60.000 euros. «No podemos ponerlo más caro porque hay por ahí caballitos muy bonitos que vende la gente. Este es un precio ajustado», justifica ella.

Su periplo comenzó hace más de cuatro décadas en el parque Los Pinares, junto a la parroquia de San Roque. «Después estuvimos en Pombo, luego en Cañadío, justo cuando nos desplazaron para construir el parking subterráneo;también en la plaza de México, en Numancia, en el Paseo Pereda y después otra vez en Pombo, donde hemos estado los últimos veinte años», revela al descubrir un pasado lleno de anécdotas.

Unas buenas, otras peores. La más reciente, la que los abocó a la incertidumbre cuando el conflicto con la Asociación Pombo-Cañadío los obligó a cerrar los negocios temporalmente en 2009 por culpa de las molestias que la música ocasionaba al vecindario. Al final hubo acuerdo, y todo forma parte del pasado.

«Salvo pequeños baches como ese, nunca, pero absolutamente nunca, hemos tenido problemas con nadie. La gente nos quiere, nos conoce y nos aprecia. Y hablo de gente de todo tipo», confiesa el matrimonio, orgulloso. «Hemos vivido por y para los niños. Hemos sido felices viéndolos disfrutar, crecer. Eran los niños de gente muy conocida porque hemos paseado a la de Revilla, o a los de Jaime Blanco o Gema Igual», confirman. Algunos, incluso, han llevado a sus pequeños a dar el paseo que ellos daban cuando tenían la edad de sus hijos.

Recuerdan incluso los rodajes de filmes en que participaron. «Grabamos la película 'El intruso' (1993) con Imanol Arias y Victoria Abril. También hicimos alguna cosa con Miriam Díaz Aroca». «Siempre hemos estado cuando nos lo han pedido».

24 caballos y 6 bicicletas

El tiovivo suma ya 140 años de actividad. Es, visto así, toda una reliquia:«Lo adquirí de segunda mano ya cuando lo compré yo, imagínense», revela José Antonio. Con ocho metros de diámetro de su circunferencia, hace girar a 24 caballos, dos carros, seis bicicletas «otros tantos chones y cebras», matizan sus dueños. De alguna manera hay espacio para todos.

«Tengo miedo de que la gente ya no venga, que proteste o que no nos compren los bonos;pero que no se preocupen porque vamos a intentar garantizar que quien lo compre lo trabaje justo donde está», aseguran ambos.