El Puentuco le gana la partida a la arena

Aspecto que ofrecía el sábado el muelle del Puentuco en la playa de Los Peligros. / María Gil

El antiguo muelle de la playa de Los Peligros se exhibe cada día más ante los paseantes

Javier Gangoiti
JAVIER GANGOITISantander

La naturaleza sigue haciendo su trabajo y los resultados son cada vez más visibles. La pérdida de arena y la fuerza de las mareas tienen un impacto cada vez más evidente en la playa de Los Peligros. Uno de los síntomas más destacados de este cúmulo de fenómenos naturales es la presencia del antiguo muelle del Puentuco, una estructura situada frente al antiguo chiringuito Polo Norte que, casi medio siglo después de quedar sepultado por los rellenos artificiales de arena, se exhibe ahora ante todos los paseantes casi como se mostraba en los viejos tiempos. El embarcadero empezó a revelar sus noráis, primero, y un suelo cubierto por el musgo marítimo, más tarde, en torneo al mes de octubre del año pasado. La razón: los temporales que se llevan la arena por delante todos los inviernos y que, por primera vez este año, ha querido revelar esta antigua foto del Santander de los años 50. La naturaleza le ha ganado la partida a la arena y ha recuperado el terreno perdido en cuatro décadas de planes de rellenos.

César Vidal, ingeniero del Instituto de Hidráulica (IH), informó de este fenómeno a este periódico en cuanto el Puentuco hizo acto de presencia:«La de Los Peligros no es una playa estable. Para mantenerla, todos los años se ha tenido que dragar arena de la zona del Promontorio y trasladarla a la zona del Polo. Este año, debido a las obras –las de los espigones, ahora paralizadas– no se ha realizado dicho traslado y la playa ha seguido perdiendo arena como todos los años hacia el interior de la bahía». En esa línea, Vidal señaló que las obras en pausa son, precisamente, las del espigón oeste, que persiguen estabilizar la playa de Los Peligros. En octubre el ingeniero ya vaticinó que, salvo que se vuelvan a retomar las realimentaciones de arena, la playa seguiría retrocediendo «hasta quedar reducida a lo que había en 1972», año en el que comenzaron las labores de relleno de forma artificial.

El muelle fue un punto de recreo y de amarre desde los años 50 hasta 1972, cuando iniciaron los rellenos de arena

Benjamín García, extrabajador de la Autoridad Portuaria de Santander, también dio cuenta de sus recuerdos en el muelle, construido alrededor de 1950. «Forma parte de la vida de la ciudad y de la vida cotidiana de muchos ciudadanos que frecuentaban la zona. Su importancia arqueológica o cultural no es excesiva, aunque claro que tiene un valor patrimonial», declaró.

Para algunos es sólo una consecuencia de la falta de rellenos en la playa. Para otros, los mayores de 50 años, un símbolo de añoranza vinculado a su infancia. Y es que antes de que fuera enterrado bajo las capas de arena en 1972, esta estructura fue un punto de recreo para los niños de Santander.

Los chapuzones veraniegos eran habituales en aquella playa, entonces cubierta de piedras, y que ahora sería casi irreconocible. Benjamín fue uno de aquellos chavales que se tiraban al agua desde el Puentuco: «Y también desde la primera planta del chiringuito, cuando todavía estaba en construcción, porque el agua llegaba hasta allí. Hasta toda la zona donde ahora está el paseo».

Pero era algo más. Durante sus más de veinte años de actividad, este embarcadero sirvió de amarre para botes recreativos y las lanchas de la ruta marítima de pasajeros que comunicaba la Magdalena con la zona del Paseo de Pereda. Las generaciones siguientes no pudieron recoger aquel testigo y, con la intención de crear una nueva playa y cambiar por completo la fisonomía de Los Peligros, el muelle quedó oculto bajo capas y capas de arena durante cuarenta años. Hasta ahora, cuando vuelve a mostrarse.