La reconstrucción del Hotel París supera otro trámite y solo falta la licencia de obra
El Ayuntamiento de Santander aprueba definitivamente las obras de reconstrucción tras someterlas a información pública y que nadie presentase alegaciones
La reconstrucción –derribo mediante– del Hotel París supera un trámite más y ya está más cerca de ser una realidad. Como se publicó ayer en ... el Boletín Oficial de Cantabria (BOC), el Ayuntamiento ha aprobado definitivamente las obras tras finalizar el periodo de 15 días durante el que se sometió a información pública. Como en esas dos semanas nadie presentó alegaciones, la tramitación ha dado un paso más. Ahora, la propiedad está pendiente de que le concedan la licencia de obras para, definitivamente, poder ponerse manos a la obra. Su intención, como ya hiciera con el Hotel Sardinero –a pocos metros– es derribar el inmueble, muy deteriorado, y volver a construirlo replicando la misma estética. Ante este proyecto se han levantado voces en contra, como las de la asociación en defensa del patrimonio, el Grupo Alceda, y la asociación de vecinos de El Sardinero. Ambos pedían que se conservase la fachada del inmueble aunque, según el anuncio del BOC, ninguna de las dos entidades ha presentado alegaciones para tratar de frenar el avance de este proyecto.
Como este inmueble está dentro del Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico Artístico de El Sardinero, ha tenido que superar más trámites de lo habitual, que han consistido la obtención de un informe del Arquitecto municipal; la aprobación inicial por la Alcaldía y publicación del acuerdo en el BOC; el trámite de exposición pública de quince días y audiencia de treinta días a la Administración Autonómica; el acuerdo de aprobación definitiva por el Pleno a la vista del resultado de la información pública; y, por último, la publicación en el BOC.
Para que el arquitecto municipal emitiese el informe favorable que diera luz verde al derribo y posterior reconstrucción, se hizo una inspección en el edificio para comprobar el alcance de las patologías. Así, se confirmó que los desniveles en los suelos «eran notablemente manifiestos» en el interior de pasillos y estancias; los desplomes y abombamiento de los paños de fachada «se observaban a simple vista desde el exterior e interior»; se observaron «grietas significativas» en las fachadas de la planta primera y superiores, «las cuales trabajan como muros de carga»; y están resueltas con un aparejo de ladrillo «mal ejecutado en origen, cuyo mortero de agarre actualmente se encuentra apagado o muerto, sin apenas adherencia que garantice su función estructural de muro de carga, ni tan siquiera, su función como cerramiento». Así, según recoge el informe, los únicos elementos estructurales que se pretendía conservar «han alcanzado la ruina técnica por agotamiento».
Fachadas «sin ningún valor»
En cuanto a las fachadas, cuyo derribo es lo que más polémica despierta, el documento recoge que «son de ladrillo, de un pie de espesor, y no tienen ningún valor relevante que merezca su conservación». Además, el texto insiste en que «el propósito de la protección de los edificios con nivel de protección estructural no es proteger el propio elemento constructivo o estructural en sí, sino proteger la apariencia de los edificios en el entorno, los elementos básicos arquitectónicos y estructurantes definitorios de su forma». Así, el proyecto contempla reponer las fachadas exteriores «sin alterar la volumetría ni la morfología general, manteniendo y reproduciendo una imagen fiel a la situación original en su aspecto exterior».
Postura en contra del Grupo Alceda y la asociación de vecinos
'Hotel París: conservar nunca es demoler'. Con ese titular, el Grupo Alceda se posicionó a principios de noviembre contra el derribo del hotel en una tribuna que publicó en este periódico. A la petición de la entidad se sumó poco después la Asociación Ciudadana en Defensa de El Sardinero. Como explicaron estos vecinos, su posición es «firme» contra el derribo de «un edificio histórico y emblemático cuya presencia forma parte de la identidad arquitectónica, cultural y sentimental de Santander».
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