Así se monta un concierto

Un técnico revisa los instrumentos en torno a las cinco de la tarde sobre el escenario de La Magdalena/
Un técnico revisa los instrumentos en torno a las cinco de la tarde sobre el escenario de La Magdalena

Duncan Dhu y La Unión 'inauguraron' la Campa, escenario de un intenso trabajo estos días

ÁLVARO MACHÍN SANTANDER.

A las cinco de la tarde hay quince tipos subidos al escenario. Cuatro colocan los soportes donde irán los focos. Uno saca fotos y otros ocho mueven, ajustan y reajustan cajas, altavoces, monitores e instrumentos. Quedan dos. Las dos empleadas de la limpieza que van pasando la escoba por detrás de todos los demás. Y serían 17 si se contara a los de la grúa, que andan 'volando' para poner las lonas publicitarias en lo alto de la estructura. Justo ante unas pantallas en las que, a esa hora, se lee un: «No tocar los equipos. Estamos trabajando». «¿Qué hay aquí?», preguntan al chico de la entrada, que está abriendo paso para que salga un camión cargado con hielo -sí, un camión entero-. Junto a uno de los bares del recinto hay 32 barriles de cerveza y decenas de cajas de botellas de agua. «¿Y la matrícula para los mecánicos?», les preguntan a los de la oficina. El teléfono es una prolongación de su brazo. Hablan mientras leen correos electrónicos. «Es como un tetris, montar un todo donde no hay nada», dicen entre el ir y venir por la zona de carpas. Es una definición perfecta de cómo se monta un festival, de las horas anteriores al primer concierto. Al de anoche, el de Duncan Dhu y La Unión. El que abrió el Amstel.

Es todo un contraste. La playa a reventar y el Magdaleno, en su enésimo viaje por la península. Pero entre uno y otro escenario, tipos empapados de sudor que mueven vallas, ajustan lonas y colocan metros y metros de cable a la carrera. «Está el trabajo de gestión y el de 'batalla'», explica una de las personas que lleva la pulsera negra. Ese color implica poder entrar a cualquier parte. Los colores delimitan zonas. Aquí se puede, aquí no. Los primeros, los de la gestión, viven pegados al móvil. «Se supone que el trabajo de este concierto ya está hecho, con todos acreditados y las pruebas de sonido en marcha. Pero estamos mirando el concierto de mañana y los de la semana que viene». O eso parece, porque mientras Alberto Zubizarreta lo explica, en la oficina 'de campaña' que está junto a los camerinos de los artistas, preguntan por los mecánicos y vienen a resolver temas desde el escenario. Los imprevistos. En la 'batalla' anda Ismael Liaño. «Estamos acabando de rematar el cierre de los accesos y activando las taquillas de acreditaciones. En el escenario tienen que terminar las pruebas de sonido y hemos convocado a las seis a todo el personal de hostelería, a las azafatas y a los de seguridad». O sea, movilizar un ejército (se contrata a 150 personas durante estos días). El martes acabaron a las once de la noche y ayer la jornada empezó a las ocho y media de la mañana. A él, a Ismael, se le ve un par de minutos después atravesando la campa 'tirando' de una nevera industrial.

Justo antes de la prueba

Los bares repartidos por la zona, la barra del espacio VIP, el hospital de campaña (hay uno de Cruz Roja, junto a una ambulancia y una base móvil de los bomberos)... En una tienda de camisetas colocan una a una las prendas en las estanterías y un tipo sin camiseta coloca cables por una arqueta separada por listones entre la torre de sonido y el escenario. Unos 25 metros, para que no se mezclen.

Mikel Erentxun llega algo más tarde de las seis. Los cántabros de Repion -que fueron los teloneros anoche- probaron por la mañana. Y, a eso de las tres, los de La Unión. El cincuenta por ciento de Duncan Dhu se abraza con los músicos (entre ellos, el cántabro Fernando Macaya) y coge su guitarra. Puntea solo y luego se acompaña. Probando, probando. 'No debes marchar' suena ante una campa vacía. «Súbeme esto», «mira aquí...». El técnico se pasea ante cada músico para comprobar monitores. Delante del cantante hay un chivato, una pantalla con las letras.

«Juego de Tronos»

«Iniciar un festival supone cierta responsabilidad añadida, un plus de emoción», dice al terminar la prueba. «Todo lo anterior al concierto es bastante especial. Las dos horas son solo el premio a un día muy largo. Soy muy meticuloso en ensayos y pruebas, pero tengo un equipo excelente, muy bien engrasado». A Erentxun, ya antes de subir 'de verdad' al escenario, le queda «ir al hotel a descansar y ver un par de capítulos de Juego de Tronos». «Estoy enganchado», confiesa el artista, que antes de marcharse echa un vistazo a la zona de camerinos, justo sobre el mar. «Vaya playa tienes, ¿no?», bromea con Macaya. En ese momento, en la bajada hacia el recinto -la del Tenis- ya hay unas veinte personas que hacen cola para canjear su abono por una pulsera. Son las seis y media -a las ocho y media es la apertura diaria de puertas-.

Él se va, pero aún queda. La puesta a punto, el retoque. Mezclada con el fin del día turístico en la península de La Magdalena y con el cierre de la jornada de la UIMP. Un ir y venir constante. «Preparados para la guerra», dicen tras la barra de los VIP. Ya está extendida una enorme alfombra roja. «Cuidado con ella». Últimos detalles. Antes de que se apaguen las luces -las del cielo y las artificiales- y suene la música. Primero, los teloneros. Luego, Duncan Dhu. Y, por último, La Unión. Ellos abrieron fuego anoche en La Campa de La Magdalena. Pero llevó lo suyo hacerlo posible.

 

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