Estalla la fiesta en Santander

Estalla la fiesta en Santander

Por primera vez el alcalde cede el 'testigo' y ha sido un integrante de Ampros el encargado de lanzar el chupinazo | Lleno absoluto en la plaza del Ayuntamiento con miles de santanderinos entregados

ÁLVARO MACHÍNSantander

La forma de medir el tiempo es tan personal como el voto. Para los muy racinguistas, el calendario se mueve de domingo a domingo de Liga, aunque sea en el pozo. El año es ese espacio que hay desde la jornada uno hasta que se sabe si habrá permanencia o ascenso. Para los padres, el ciclo empieza en septiembre y acaba en junio. Meses de colegio. Están los que organizan su agenda dependiendo de la estación y los que miden el paso de los meses en función de lo bien o mal que llegan a fin de mes. Y hay otros. Porque en Santander, desde hace un tiempo, el uno de enero para más de uno llega tras la explosión en el cielo de un cohete.

El que se lanza desde el balcón del ayuntamiento ante una plaza en la que ya nadie juega a decir si esta vez había más o menos gente que otras veces. La vida en esta ciudad va de chupinazo en chupinazo. De semana en semana. Semana Grande, claro. Este viernes otro lleno histórico. Calcado al anterior y, casi seguro, al siguiente. Pero puestos a escribir la biografía de esta tarde, la del verano de 2015 será la de Paco. Paco Félix, en realidad. La primera persona que encendió la mecha de las fiestas de la ciudad sin ser alcalde. Dicen que el año pasado cumplió su sueño porque se fue a San Cipriano en albarcas. Dicen también que ha superado muchas cosas, hasta una enfermedad. En la noche no debió dormir porque en su cabeza retumbarían los gritos de sus compañeros de Ampros desde abajo. Vestidos de azul y felices. Cumplen cincuenta años de atención y eso bien merece un chupinazo. Y lo que haga falta.

En Santander hay mucho personaje típico. Uno de ellos son las cuatro gotas. Vinieron, se quedaron un rato y se fueron. Menos mal, porque daba rabia ver la cola para recoger los programas en el puesto de la plaza llena de paraguas abiertos. «Aquí regalan algo, ¿no?». Pues eso, a esperar lo que haga falta. También típico. A Don Pantaleón le costó dar su primera vuelta con el suelo resbaladizo. Abrió él y le siguieron el resto de gigantillas frente a la fachada del Mercado de La Esperanza. Doña Tomasa, la Repipiada y la Vieja de Vargas. Ya es un clásico de las fiestas, a ritmo de gaitas montañesas y tambores y acompañados por una legión de mozos y mozas con el traje que se ponen los chicos y las chicas cuando les llaman mozos y mozas. Parada en Juan de Herrera para la danza, fotos, críos corriendo y vuelta a empezar. Como toda la vida pero ahora incluyendo en el itinerario el selfie con un cabezudo. Tiempos modernos (hasta con palo).

Ambiente de espera

Es el rato previo. Ese en el que los turistas preguntan al que tiene pinta de ser de aquí a qué hora es el chupinazo. Hacen tiempo en las casetas. Para las del ayuntamiento es una tarde de agosto. Su día para hacer caja y empezar a restar los gastos de la inversión. Pincho, caña, ratito debajo de la sombrilla hasta que se vaya ese de las cuatro gotas, otra vez pincho, otra vez caña... En mitad de la música y de cierta dosis de locura bien administrada.

Gael es el crío que se ha hecho con la primera fila ante el escenario de la Big Band Boom. Él manda hasta que le llaman la atención porque intenta subirse al altavoz después de hacer una coreografía. Los chavales se vuelven locos con cualquier canción que implique tocarse las orejas, los ojos y la nariz de forma alternativa. Las partes del cuerpo en general. Ya que va de niños, los globos más vendidos, los de los personajes amarillos de mala leche que estrenan película. Muchos por encima de las cabezas en una plaza que, por entonces, ya tomaba forma. Y eso que faltaba todavía. Como una hora.

«Ya han salido. A y cuarto, más o menos». Los que se encargan de la organización andan pendientes del teléfono y del desfile de las peñas. Sin ellos esto no empieza. Está bien vivirlo desde abajo, pero también tiene lo suyo saber qué se siente desde arriba. En ese rato de espera, todo el mundo trata de colarse en el balcón para inmortalizar su vista. Los fotógrafos y los cámaras se ponen nerviosos porque casi no hay sitio y tienen que pillar la foto. «Por favor, este año no te subas al aparato del aire acondicionado». Cualquier día uno se lleva un susto...

Palabras

Esto ha crecido mucho. Parecen frases hechas de todos los años, pero este viernes había gente por toda la carretera de Isabel II y por la peatonal de Juan De Herrera. Riadas humanas en una marabunta a la que las camisetas de las peñas dan color. La Pera, de verde. Vividores y Puerta Gayola, de rojo. A los de La Pirula, cuando se bajan del barco, se les reconoce por el babi de cuadritos. Y ayer los de La Hora Bruja llevaban un espectacular gorro negro. Almas de la fiesta. Se colocaron en un espacio reservado, ante los artistas de Quimera, el circo de Raúl Alegría. Casi no le dejaron tiempo para sus galácticos, con exhibición de coctelería a la carrera y un cuadro de arena con mensaje hecho sobre la marcha que dejó asombrada a media plaza. Una tarjeta de visita para su carpa. Pero las peñas miraban ya hacia el balcón para empezar su fiesta su año, porque estos son los que colocan el calendario y la agenda entre chupinazo y chupinazo.

Lo reconoció el alcalde, Íñigo de la Serna, en su discurso y les pidió que pusieran sus «pañuelos arriba». Como esta vez pusieron una pantalla gigante «para que la gente se viera» (fue otra de las novedades), la imagen les volvió locos. «No sé si serán las fiestas de vuestra vida, pero probablemente sí», empezó De la Serna. Siguió con una que ya se sabe de memoria para estas citas y que no falla para conseguir la ovación: «Estáis en la ciudad más bonita del mundo». Tuvo el detalle de nombrar a la concejala que se encarga de la organización «de las cuatrocientas actividades que hay programadas» (Carmen Ruiz iba y venía con el teléfono en la mano) y «a toda esa gente que echa una mano». Fue justo antes de reservarse un momento para sí. Si el año pasado en sus palabras de este día hizo balance al ser el último de la legislatura, en éste dio las gracias por poder repetir tras unas elecciones cercanas con susto. «No hay momento más emocionante que poder estar aquí».

«Tenemos, siguió,que vivir esta Semana Grande como si fuese la última. Perdernos para volvernos a encontrar. Podéis hacer de todo...». Quedaba el remate, el grito que tenía «que retumbar hasta en Peña Cabarga». Un «viva las Fiestas de Santiago» y un «viva Santander» previo al minuto de gloria de Félix Francisco Trueba, Paco Félix. Callealtero, hijo de uno de los fundadores de Ampros... Cuentan que el año pasado le dieron el Premio Capaces 2014 por su capacidad de superación. «Porque es educado, alegre...». Eso contaban sus amigos.

La explosión

Estruendo y listo. Entre cohetes y cañonazos costó que se escucharan los acordes de La Fuente de Cacho por la megafonía. Cuando se pudo reconocer la canción ya andaba por el Jardín de Valencia. Porque ese minuto es de los que se pueden oír desde Parbayón. Mucha euforia envuelta en papeles de colores lanzados al cielo, humo y largas cintas. Unas de color rosa alcanzaron hasta al balcón donde aún andaban todos los protagonistas lanzadas por unos tipos que animan las calles con lanza llamas de plástico. Junto a los personajes del circo, parecían los protagonistas de la nueva entrega de Star Wars.

Eso es todo. Y no es poco, porque no es el cohete. Al fin y al cabo suena hasta raro que miles de personas se junten y se aprieten en poco espacio para ver cómo lanzan un petardo al cielo desde un balcón. Es lo que supone. Es empezar las fiestas, la semana más grande. Es evadirse por un rato (cada vez hay más gente en Cantabria que se coge las vacaciones estos días para no perderse nada). Es hasta el alivio para las cajas de los hosteleros y, con ellos, de comerciantes, taxistas... La esperanza de remontada en tiempos que siguen siendo difíciles. Y más. Porque desde hace un tiempo es el primer día del nuevo año a la hora de medir los tiempos. Día uno del nuevo calendario. Lo que ponía al principio de otra página más escrita sobre el chupinazo... Feliz semana y felices fiestas.

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