Mucho más que casetas

El calor de la mañana invitaba a tomarse una cerveza, acompañada por un buen pincho. /
El calor de la mañana invitaba a tomarse una cerveza, acompañada por un buen pincho.

La Feria de Día inauguró el viernes su actividad en las 57 casetas instaladas a lo largo de toda la ciudad

MAITE MESONESsantander

Vuelven las casetas. Uno de los símbolos de la Semana Grande en Santander fue inaugurado ayer, viernes, horas antes de que se lanzara el chupinazo inicial. El ajetreo empezó a notarse en la ciudad a mediodía en los lugares ya habituales, como la Plaza del Ayuntamiento o a los pies de los Jardines de Pereda. Con puntualidad británica, la música comenzó a sonar y en menos de cinco minutos las casetas se llenaron y una oleada de pañuelos azules inundó la escena.

Son las 12.55 horas. Los más puntuales disfrutan de las mesas que se han puesto y se toman una cerveza mientras la gente va llegando. Dos hermanas, Marta y Belén Ojeda, han traído a las niñas a pasar la mañana. Mientras las pequeñas se escapan de las casetas, ellas se preparan para degustar su pincho tradicional de la Caseta del Hotel Santemar, ese que se toman todos los años.

Al poco de abrir, en una de las casetas comienzan los agobios y los contratiempos: la máquina registradora no tiene intención de abrirse. La camarera mira desesperada a la caja mientras la gente se acerca a pedir. Al final, termina por abrirse. La camarera suspira. Problemas del directo. En la caseta del Hotel Bahía uno de los camareros sonríe porque es su primer día, intuye lo que pasará porque «la cosa pinta bien». Ramón, trabajador en la caseta del Hotel Santemar, sí que sabe como pintará la cosa. Tras ocho años trabajando en la caseta, «uno ya lo conoce. Los primeros años sí que es estresante con tantas prisas», comenta con una sonrisa cómplice. «Por la mañana suele estar calmado, pero se va animando a lo largo del día», añade.

La mañana de casetas estuvo acompañada por el buen tiempo: el calor se hizo presente, pero de vez en cuando una brisa marina se levantaba y más de uno lo agradecía. Natalia Santiago estuvo también el pasado año en la casetas, instaladas en el Paseo Marítimo. «Están mejor aquí, porque en el paseo estaba todo muy estrecho, no te podías mover con facilidad».

"Dan vida a Santander"

Muchos de los que se han acercado coinciden en lo mismo: las casetas dan vida a Santander. Un grupo de tres amigas había quedado para comer y aprovechó el buen día de ayer para pasarse por las casetas. «Todo esta genial porque la ciudad está muy animada». Ana García disfrutaba de su pincho de Feria, una cerveza y de una buena sombra: «Las casetas están muy bien y dan una buena imagen de Santander». En otra de las casetas, unas abuelas han traído a sus nietos y disfrutan de ellas, pero los pequeños no tanto. Son demasiados jóvenes y, al mismo tiempo, demasiado mayores para ir a los hinchables o subirse en el tren infantil de la plaza. Menos mal que la tecnología les ayudará a pasar el rato, aunque a la abuela no le guste la idea y reclame su presencia en la mesa.

Para muchos, la oferta de las casetas, pincho y cerveza por 2,50 euros es la adecuada. Otros no opinan lo mismo. Isidoro Gutiérrez, un avilés que se ha escapado de Madrid a la ciudad natal de su novia, afirmaba que «en Ávila la oferta de pincho y cerveza tiene un precio más reducido». «Entiendo que para los que viven aquí todo el año la oferta está bien, porque es más barato». Aún así escogen sus vacaciones para poder subirse a Santander y disfrutar de la Semana Grande, aunque desvelaban una peculiaridad: «A partir del tercer día el pincho ya no sabe igual. Hay que venir los primeros días que es cuando está mejor», afirmaba su novia entre risas.

Cuando los cuellos de todos los visitantes se han vestido con el pañuelo característico de las fiestas de la Semana Grande, un bolero comienza a sonar. El grupo Sondeindianos hace acto de presencia para ambientar las casetas con sus canciones. «Santander al marchar te diré...», entonan con soltura y ganándose la atención del público. Un hombre mayor a sus espaldas canta con ellos y sus amigos se sorprenden. La casetas de Santander siempre esconden sorpresas, amigos, tradiciones familiares e incluso regalos.

No muy lejos de aquí, en la Plaza del Ayuntamiento, hay una caseta muy peculiar: azul y blanca. Marinera en su diseño y con regalos en su interior. Desde por la mañana se han repartido revistas y programas de fiestas. Y muy cerquita de la misma, un fotocol en el que regalaban un pin de las fiestas. La fiestas comienzan con regalos, casetas y, por lo menos ayer, con buen tiempo. A pesar de que hay muchos que disfrutan de la gastronomía de las casetas, los bancos de la plaza del Ayuntamiento se llenan de todo tipo de personas, muchas de ellas «buscan una buena sombra» o simplemente quieren «ver el ambiente». Pero no participan. Espectadores silenciosos que disfrutan de la «vida» y la imagen que ofrece Santander.

Las peculiares casitas de madera estarán colocadas por diversos puntos de la ciudad y permanecerán abiertas entre las 12.00 y las 00.30, a excepción de hoy y el próximo sábado, en el que se ampliará el horario hasta las 1.00 horas.

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