Treinta años surcando la ciudad

Integrantes de la peña La Pirula, en la plaza de toros de Cuatro Caminos antes de la corrida de toros de este martes. /
Integrantes de la peña La Pirula, en la plaza de toros de Cuatro Caminos antes de la corrida de toros de este martes.

La peña La Pirula celebra tres décadas de colaboración con las fiestas de Santander

HÉCTOR RUIZ

La peña La Pirula empezó su andadura en 1985 gracias a una receta muy simple: amigos, aficiones en común y un lugar para reunirse. José Marqués, más conocido como El Asturias, fue uno de esos cuarenta primeros parroquianos del bar La Pirula que decidió juntarse en torno a una afición: los toros. En 2004, a su estatus de fundador se sumó el de presidente del grupo, que este año cumple treinta dando mucha fiesta a la ciudad. A estas alturas, resulta poco creíble que no los conozcan todos los santanderinos, pero si durante la Semana Grande, sobre las 17.30 horas, se encuentran con una barca roja, negra y verde surcando la calle con cerca de treinta personas a bordo tirando caramelos no hay duda. Son ellos. Se dirigen a la plaza de toros de Cuatro Caminos.

Llevan música, bebida y una gran cazuela con comida para matar el hambre durante la corrida. Lorenzo Sardina recuerda, con copa de plástico en mano, sus inicios: «Yo me uní un año después de que empezara la panda y la verdad que no me gustaban mucho los toros en ese momento, pero ahora les he cogido cariño».

Una vez que llegan a su destino y todos ellos desembarcan, se identifican fácilmente gracias a unos babis de parvulario. «Tienen su origen en que nos gusta muchos la diversión y mancharnos como niños. Además, ayuda a localizarnos entre nosotros durante la fiesta por la noche», asegura El Asturias.

Treinta años dan para mucho y la peña ya tiene su propia historia. A lo largo de este tiempo han tenido tres barcas. La primera se destruyó cuando un «graciosillo» le quitó las calzas y se cayó al suelo. El tiempo y la lluvia se encargaron de acabar con la siguiente y, ahora, según lo anuncian unas letras blancas pintadas en la proa, viajan en el Pirulo III. Cuando van sobre él, muchos de los transeúntes les dedican una mueca de perplejidad, otros les saludan, aunque la mayoría está más entretenida agachándose a por los caramelos que les lanzan. «La barca es uno de los símbolos más importantes de cara a las fiestas de Santander. Pero, evidentemente, tenemos otras cosas. En la plaza de toros tenemos el tercio de banderillas que tocamos desde hace muchísimos años, además de las fiestas que organizamos», explica el presidente. Además, fuera de Santiago, realizan cenas, encuentros para ver ganaderías en Burgos o Salamanca e intentan reunirse todos los viernes en su sede, el bar La Pirula.

Todas las actividades de la peña, además de la diversión, amistad o afición a los toros, esconden una motivación muy solidaria. Junto al resto de asociaciones festivas (La Pera, Los Vividores, La Panderetuca, El Desfiladero, El Pezón y La Hora Bruja) pertenecen al programa Siete peñas, siete causas. Principalmente, el dinero que donan va destinado a Médicus Mundi, que tiene una gran actividad en Malí y Bolivia.

Liébana Piedra es médico de urgencias en el hospital Sierrallana y presidenta de Médicus Mundi de Cantabria. Además, su afición taurina le llevó hace 4 años a formar parte de La Pirula. «Gracias a lo recaudado con las fiestas y huchas solidarias se ha construido una maternidad en Bamako y un dispensario de salud en la zona norte de Malí, la más afectada por Al Qaeda», asegura.

Con su ayuda humanitaria también consiguen fomentar la unión entre peñas, que lejos de la rivalidad, trabajan juntos para sacar adelante Santiago. «Nos pedimos muchos favores entre nosotros y vamos a las fiestas que organizan las demás», cuenta el Asturias. Recuerda que «las fiestas han salido adelante gracias a nosotros. Hace unos años Santander no recordaba que tenía su Semana Grande».

Para que este espíritu de diversión y de solidaridad no decaiga es necesario que se apunte más gente y, por ello, los componentes de La Pirula reconocen que «nos haría falta rejuvenecer la peña» y por ello intentan animar a sus hijos a seguir sus pasos y formar parte de ella. Aunque Ana Hernández confiesa que «es muy cansado y hay que cogerse unos días de vacaciones para poder disfrutar de todo lo que ofrece La Pirula». Lorenzo Sardina lo tiene claro:«No hay mejor forma que pasar una semana con los amigos de toda la vida para desconectar de los problemas».

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