Caer de pie

Noé con su hermano mayor, Jorge./
Noé con su hermano mayor, Jorge.

Una traumatóloga española adopta un niño etíope de 2 años con un pie zambo

JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

En el diccionario de la vida, ése que en vez de papel emplea la materia de la que están hechos los sueños, aparece el significado de Caer de pie y a continuación pone nacer en un país pobre del cuerno de África con una grave malformación en el pie y que te adopte una traumatóloga española. Junto a esa definición viene la foto de un niño etíope sonriente. El niño sonriente tiene dos años y se llama Noé y la mamá médico, Ana. También están Juan Carlos, el papá de Noé, y su hermano mayor, Jorge. Hay tanto amor en esa foto que el diccionario se queda sin palabras.

No es ni mucho menos la primera vez que unos padres con un hijo biológico deciden dar un paso al frente y adoptar un niño con necesidades especiales como Noé, al que conocieron en un orfanato de Adís Abeba, la capital de Etiopía, con una desnutrición severa, devorado por una infección cutánea y con el pie derecho completamente zambo. Pero no habrá muchos casos en España en que un chiquitín que no puede caminar haya encontrado la horma perfecta de su zapato. Empecemos por el principio.

Ana Cortés es traumatóloga, tiene 43 años y trabaja como especialista en cirugía ortopédica en el Hospital Ramón y Cajal, de Madrid. Su marido, Juan Carlos de la Vela, de 46, lo hace en una empresa de telefonía. Ambos son padres biológicos de Jorge, de 8 años, pero siempre tuvieron claro que querían adoptar, por lo que pronto iniciaron los trámites y se pusieron en lista de espera. Llevaban ya más de cuatro años aguardando una llamada que no llegaba (las adopciones internacionales han caído drásticamente por las fuertes restricciones en los países de origen) cuando les convocaron a una reunión para decirles que existía la posibilidad de adoptar un niño etíope de dos años con necesidades especiales. El pequeño había nacido con una malformación congénita en el pie, con la planta totalmente girada hacia adentro. Se denomina pie equinovaro o pie zambo y afecta a uno de cada mil niños.

El método Ponseti

Ana y Juan Carlos tenían tantas ganas de ser padres adoptivos que no se lo pensaron mucho. Lo hablamos, vimos que podíamos asumirlo y nos dijimos, adelante. En diciembre del año pasado volaron con Jorge a Etiopía a conocer a su futuro hermanito. El niño vivía en un orfanato de Adís Abeba, donde compartía habitación con cinco bebés. Médicos etíopes habían intentado sin éxito corregir la deformidad del pie. Pusieron toda la voluntad, pero les faltaba formación y el método Ponseti, el habitual para abordar estos casos, no funcionó, seguramente por la falta de medios y experiencia de los galenos.

Hagamos un breve paréntesis para hablar del método Ponseti, así llamado en honor a su creador, el ya fallecido doctor mallorquín Ignacio Ponseti, pionero en el desarrollo de un tratamiento no quirúrgico del pie zambo que ha sido aplicado con éxito en miles de niños, especialmente en países del Tercer Mundo. La razón es que se trata de una fórmula eficaz, sencilla y barata que, bien empleada, genera excelentes resultados. Básicamente consiste en ir corrigiendo lentamente la posición del pie deforme mediante yesos que se van quitando y poniendo durante un par de meses. Luego se realiza una microcirugía del tendón de Aquiles y se prosigue con los yesos durante dos o tres semanas más, para finalmente iniciar un tratamiento con aparatos ortopédicos (unos zapatos con barra) que permiten mantener la corrección del pie. El doctor Ponseti, que tuvo que huir de España en la Guerra Civil (ejerció como oficial médico en el bando republicano) es otro de esos españoles universales más reconocidos fuera que en su propia casa. Pero ésa es otra historia.

Volvamos al orfanato de Adis Abeba, donde cada vez que Besukefad (que así se llamaba Noé antes de llegar a España) intentaba dar un paso, perdía el equilibrio y se caía. Como no podía andar, se arrastraba por el suelo y solo salía de la habitación para reptar hasta un estrecho patio con vistas a cuatro paredes. Allí le encontraron Ana y Juan Carlos. Apenas pesaba 9 kilos (como un bebé de unos meses) y a su enclenque cuerpecillo le atacaban las llagas de una infección de piel galopante. El flechazo fue inmediato. A los pocos meses Noé aterrizaba en Madrid con su nueva familia española. Aquí lleva desde agosto y este tiempo de adaptación no ha sido un camino de rosas. Ha empezado con el tratamiento del método Ponseti, pero esta vez supervisado por una compañera traumatóloga de Ana, especialista en cirugía ortopédica infantil. Y aunque aún no puede caminar, el avance es extraordinario. Si todo prosigue igual, Noé, que en estos dos meses en España ha ganado peso y ya tiene muy curada la piel, andará por su propio pie en primavera.

Feliz con los progresos

Ana, que sigue de baja maternal, está feliz con los progresos de su hijo. Hay que estar muy pendiente todo el día, porque además Noé no para quieto, está superestimulado, todo le sorprende, alucina con los coches, todo para él es nuevo. ¡A mí me tiene agotada!, dice con una enorme sonrisa. La familia está volcada, y su hermano Jorge lo mima y protege como si llevaran toda la vida juntos. Por no hablar de los abuelos, a quienes esos ojos grandes y negros que llevan todo África dentro les ha robado el corazón.

Comer, no come mucho porque aún se está acostumbrando, y poco a poco va aprendiendo palabras en castellano ya dice casa, pis, mamá, papá..., cuenta Ana. Pero seguro que en el diccionario de la vida de Noé habrá una palabra que brille sobre las otras: Gracias. Un gracias para tomarlo al pie de la letra.