EE UU desarrollará implantes cerebrales capaces de controlar el comportamiento

Subvencionado por el Ejército con 50 millones de euros, el objetivo es regular las emociones de enfermos mentales y adictos para quienes los métodos al uso no sean una ayuda

IRENE GÓMEZ IGLESIAS MADRID

EE UU se enfrenta a una epidemia de enfermedades mentales entre los veteranos de guerra, con tasas de suicidio tres y cuatro veces superiores a las del resto de la población. Quizá por esto su Ejército ha decidido financiar, por valor de 70 millones de dólares (unos 51 millones de euros), el programa 'Subnets', que busca crear implantes cerebrales eléctricos capaces de tratar enfermedades psiquiátricas como la adicción, la depresión o el trastorno límite de la personalidad.

El proyecto parte del desarrollo de sistemas microelectrónicos insertables basándose en pruebas que afirman que los pensamientos y las acciones se pueden alterar a través de impulsos eléctricos en el cerebro. "Imagina que tuvieras una adicción al alcohol y tuvieras ganas de beber", explica José Carmena, investigador participante en el proyecto, "podríamos detectar esa sensación y estimular el cerebro para impedir que suceda".

La investigación se apoya en un mercado pequeño, pero en expansión, de dispositivos que funcionan estimulando nervios. Más de 110.000 pacientes de Parkinson ya tienen implantados estimuladores cerebrales que controlan los temblores mediante impulsos eléctricos. Pero la meta va más allá. "Nuestro objetivo es construir un dispositivo que regule las emociones", explica el investigador Alik Widge.

El profesor Michel Maharbiz afirma que, con la iniciativa BRAIN de Obama un proyecto para explorar este órgano contenedor de 86.000 millones de neuronas-, es un muy buen momento para hacer tecnología para el cerebro". En este caso, uno de los fines de estos implantes podría ser paliar el miedo que sienten los veteranos con Trastorno de Estrés Postraumático. El miedo, que se genera en la amígdala, la parte implicada en los recuerdos emocionales, se podría reprimir con señales en otra región cerebral, la corteza prefrontal ventromedial.

El debate ético está abierto

Previendo una eventual polémica, se ha nombrado un comité ético para supervisar la investigación. Ya en la década de 1970 un trabajo del neurocientífico José Delgado, también financiado por el Pentágono, demostró que podía provocar emociones a través de implantes, pero acabó siendo acusado de desarrollar dispositivos totalitarios para el control de la mente.

En este caso, Darin Dougherty, del Hospital General de Massachusetts, uno de los participantes en esta materia, afirma que sólo se consideraría colocar un implante cerebral en pacientes para quienes los fármacos y la psiquiatría no son efectivos. "Nunca va a ser un tratamiento de primera línea", afirma.