El asteroide que diezmó a los pájaros

Un hipotético superviviente de la catástrofe./Philip M. Krzeminski
Un hipotético superviviente de la catástrofe. / Philip M. Krzeminski

Acabó hace 66 millones de años con los dinosaurios, quemó los bosques y provocó la extinción de las aves que anidaban en los árboles

LUIS ALFONSO GÁMEZ

No sobrevivió ninguno de los pájaros que anidaban en los árboles. El asteroide que hace 66 millones de años borró de la faz de la Tierra a los dinosaurios también se llevó por delante a todas las aves que vivían en lo alto de los bosques, sostiene en la revista 'Current Biology' un grupo de científicos liderado por el paleobiólogo Daniel J. Field, de la universidad británica de Bath y cuyo principal tema de investigación es la historia evolutiva de los pájaros modernos.

Un asteroide de unos diez kilómetros de diámetro se estrelló a finales del Cretácico en lo que hoy es el norte de la península de Yucatán (México). El choque, en el que se liberó mil millones de veces la energía de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, acabó con el 75% de las especies, incluidos los dinosaurios, y abrió un cráter de 200 kilómetros de diámetro con epicentro en el actual puerto mexicano de Chicxulub. Y se desató un incendio global. Ardieron todos los bosques y no se recuperaron hasta pasados siglos e incluso milenios, según Field y sus colaboradores.

Los pájaros que vivían en los árboles se extinguieron porque el fuego arrasó su hábitat. Solo escaparon de la muerte las aves que anidaban en el suelo, que tenían un aspecto parecido al de los kiwis y los emús. De ellas descienden todos los pájaros actuales. «Hoy, las aves son el grupo de vertebrados terrestres más diverso y globalmente extendido: hay casi 11.000 especies. Pero solo un puñado de linajes ancestrales sobrevivió a la extinción masiva de hace 66 millones de años, y toda la asombrosa variedad de aves vivas puede rastrearse hasta esos antiguos supervivientes», explica Field. Los antepasados de las aves modernas no subieron a los árboles hasta mucho después.

Los investigadores destacan que, inmediatamente tras del impacto, hay en el registro fósil de Nueva Zelanda, Japón, Europa y Norteamérica gran cantidad de carbón de árboles quemados y, a continuación, toneladas de esporas de helechos. «Después de un desastre como el incendio de un bosque o una erupción volcánica, las primeras plantas que regresan son los colonizadores más rápidos, especialmente los helechos», dice Regan Dunn, paleoecóloga del Museo Field de Chicago y coautora del estudio. Como los helechos no brotan de semillas, sino de esporas, que son mucho más pequeñas, el viento las transporte más lejos que a las semillas y llegan las primeras al terreno virgen. «Todo lo que necesitan para crecer es un suelo húmedo», indica Dunn.

La bióloga advierte de que, a pesar de que los dinosaurios -incluidas las aves, que son una variedad de dinosaurios- atraen mucho más nuestra atención que las plantas, estas son cruciales para la vida en el planeta. «Las plantas lo son todo. Son el contexto en el que toda la vida terrestre evoluciona y sobrevive. Son los productores primarios, los que hacen que la energía esté disponible para todas las formas de vida capturándola del Sol; nosotros no podemos hacer eso», recuerda Dunn.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos