Mi primer voto a los 44

La Ley cambia para permitir a unas 100.000 personas con discapacidad intelectual participar en unas elecciones por primera vez. Marta Díaz es una de ellas y así lo vive

Marta Díaz posa en su lugar de trabajo actual, la consultora PwC. / Vídeo: Óscar Chamorro y Virginia Carrasco
Óscar Chamorro
ÓSCAR CHAMORROMadrid

A sus 44 años Marta Díaz Muñoz está a punto de ser la protagonista de su propio «milagro». Así lo siente ella. De hecho, todavía, a pocos meses de la próxima convocatoria electoral, le cuesta creer que será una de esas 100.000 personas con discapacidad intelectual que podrá ejercer su derecho al voto por primera vez en España. El pasado 18 de octubre, el Congreso de los Diputados aprobó la modificación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General que garantiza el derecho al sufragio de las personas con discapacidad. Ese día, comenzó a gestarse el cambio que hará realidad el sueño de muchas personas. El de Marta entre ellas.

Su capacitación oficial como ciudadano de pleno derecho, a pesar de la discapacidad intelectual que tiene, será mucho más que el hecho de ir a depositar una papeleta en una urna para elegir a unos candidatos u otros. Para ella simboliza un gran salto hacia delante en lo que a la integración del colectivo al que pertenece se refiere. El cambio legislativo le permitirá, como ella expresa, sentirse un poco más cerca de todo y de todos, convertida en un pequeño símbolo de superación, de derechos ganados.

Tiene claro que se levantará muy temprano para acudir a la cita: «si empieza a las 9, tendré que estar a las 8.30 horas», calcula. Y que esperará paciente en la puerta del colegio que le asignen a que todo esté listo dentro. Conoce a la perfección el ritual que se dispone para tan esperado acontecimiento, incluso se presta voluntaria a participar en alguna mesa electoral para hacer lo que haga falta: «Pasar lista no me importa, en mi trabajo estoy acostumbrada», ríe.

Cada día se levanta a las 7 en punto de la mañana. Desayuna, se viste y se dirige a coger el metro que la lleva hasta su trabajo en la consultora PwC, situado en una de las emblemáticas torres del distrito financiero de Madrid. Allí se encarga de que todo este a punto en las salas de reuniones y oficinas, además de repartir el correo, archivar documentos o preparar colgantes para acreditaciones. Como una más.

Al acabar su jornada, Marta suele acudir a uno de los centros que tiene la Asociación Síndrome de Down para participar en alguno de los proyectos que ésta desarrolla. La finalidad de todos ellos es la de contribuir a que estas personas sean lo más autónomas posible. «Tenemos un grupo de autogestores en el que hablamos de muchos temas, la política por ejemplo», apunta Marta. Es con este grupo con quien prepara el gran día, donde debaten sus ideas y donde se informan de todo lo relativo al cambio que les permitirá participar por primera vez en unas elecciones.

Metro, reuniones y trabajo con responsabilidad en una gran empresa. En su día a día, Marta Díaz lleva una vida inegrada en la sociedad y disfruta de autonomía. / Óscar Chamorro

Unanimidad política
Resultado de la votación el pasado 18 de octubre.

La reforma ha contado con el consenso de todas las fuerzas políticas , a excepción de EH Bildu, que se abstuvo en la votación de la ley en la Comisión Constitucional, en la última parte de su tramitación, como consecuencia de una enmienda presentada por el PP y que, finalmente, fue incluida en el texto votado. Cuando entre en vigor, el texto legal dejará de contar con los apartados en los que se establece que «carecen de derecho de sufragio los declarados incapaces en virtud de sentencia judicial firme» y los «internados en un hospital psiquiátrico con autorización judicial». Durante el histórico día de la votación, todos los grupos saludaron al Comité Estatal de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), la Asociación Pleno Derecho y otras organizaciones que trabajan con personas con discapacidad intelectual, que presenciaron la jornada desde la tribuna de invitados del Congreso. La aprobación fue celebrada con un gran aplauso en el hemiciclo en donde gran parte de los diputados llevaban un clavel blanco, símbolo de los defensores de este derecho.

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