Es el momento de las altas complicidades

Encuentro entre familias, mentores y voluntarios del Programa 'Amentúrate', el jueves, en la Universidad de Cantabria./María gil Lastra
Encuentro entre familias, mentores y voluntarios del Programa 'Amentúrate', el jueves, en la Universidad de Cantabria. / María gil Lastra

Alumnos de Secundaria, familias, docentes de la UC y voluntarios confluyen en 'Amentúrate', un programa para respaldar y visibilizar las altas capacidades

Mada Martínez
MADA MARTÍNEZ

Quizá, lo primero de todo sea definir qué son 'altas capacidades', un concepto a veces difuso y en torno al que pueden sobrevolar ideas preconcebidas, imprecisas. ¿Las 'altas capacidades' no tienen que ver solo con el cociente intelectual? ¿Los alumnos que las presentan no sacan siempre buenas notas? ¿No es mejor dejar a estos chicos a su aire dado que tienen asegurado el éxito profesional? Estas preguntas contienen tópicos y simplificaciones comunes. Sin embargo, desde el ámbito de la educación, desde la universidad y desde colectivos como Acaaci, Asociación Cántabra de Apoyo a las Altas Capacidades, tratan de iluminar el camino por el que transitan y transitarán quienes son sus alumnos, sus hijos o compañeros.

Alba Ibáñez es personal docente e investigador de la UC, concretamente en el Área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos del Departamento de Educación. Ibáñez ofrece una definición más abierta, y sin embargo más ajustada, de las 'altas capacidades', un término «que abarca diferentes manifestaciones relacionadas con el talento o las capacidades de una persona». El modelo más aceptado para acercarse a esta realidad, explica, es el 'tripartito', de S. Pfeiffer (Florida State University). Pfeiffer, indica Ibáñez, «entiende que la alta capacidad puede ser considerada de tres formas distintas: como alta inteligencia; como alto rendimiento, y como potencial para rendir de modo excelente». De este modo, las altas capacidades se analizan con distintos filtros, no son una realidad homogénea, y es necesario «brindar los apoyos necesarios para lograr alcanzar un desarrollo exitoso», indica Ibáñez.

Como espacio para el análisis y el encuentro ha nacido 'Amentúrate', un programa centrado en las mentorías que coordina la propia Ibáñez y que incluye actividades grupales e individuales −las dirigen profesores universitarios− para que el alumnado de Secundaria con altas capacidades pueda desarrollarse, pueda motivarse más allá del aula, del curso y las materias que les tocan por edad. El proyecto cuenta con un equipo técnico investigador formado por docentes de la Facultad de Educación de la UC (la propia Ibáñez, Juan Amodia, Teresa Gallego, Verónica Guillén, Maricel Totoricagüena, Ruth Villalón o Rocío Ruiz), y Rafael Ruiz, miembro del CISE (Centro Internacional Santander Emprendimiento) de la UC. Tres estudiantes de la Facultad de Educación participan, además, como voluntarios.

¿Qué objetivos persigue la primera edición de 'Amentúrate'? Por un lado, «facilitar herramientas y experiencias de aprendizaje, y, al tiempo, desarrollar habilidades socioemocionales −la autoestima o el trabajo en equipo−, y creativas en los 'metees' (alumnos)», explica Ibáñez. Por otro, «visibilizar las altas capacidades, promoviendo formación en ellas, el desarrollo del talento y medidas educativas exitosas como la mentoría», añade. La idea es que cualquier profesional del ámbito de la educación, con independencia de la etapa educativa en la que se encuadre, pueda beneficiarse de estas herramientas y puedan atender adecuadamente la diversidad. «El fin último es contribuir al avance personal y social, mejorando la convivencia e inclusión social en Cantabria», remata Ibáñez.

Por una labor de detección «sensible»

Víctor tiene 13 años y la idea, más o menos clara, de que cursará un bachillerato científico. Le gusta la ciencia, la entiende, la explica con soltura. Expone con detalle el experimento de la 'doble rendija' que ha practicado en los talleres de 'Amentúrate'. Se ha apuntado a 14, y lo está disfrutando.

A su lado está Óscar, su padre, psicólogo, psicomotricista y director de un centro de día. Su formación le ha ayudado a comprender cómo su hijo se posiciona ante la realidad, por qué hay tanta intensidad en sus inquietudes intelectuales, en sus emociones, en su sensorialidad. Pero no siempre ocurre así. «Muchas familias lo viven como una situación muy difícil», indica. Acaci y programas como 'Amentúrate', indica, ayudan a llenar esos vacíos, e impulsan el diálogo con los espacios educativos. «Estar en la universidad, aporta contexto y motivación, dos conceptos muy importantes». Que tengan en cuenta el contexto de estos chicos y sus factores diferenciales les pide Óscar a los orientadores. Es decir, que realicen una «labor de detección sensible».

La realidad acaba por desmontar los tópicos señalados al comienzo de este artículo. Por ejemplo, los menores con altas capacidades no tienen por qué mostrar buenos expedientes académicos. Le pasa, por ejemplo, a Víctor Molina, que participa en los talleres de 'Amentúrate' para experimentar con distintas realidades científicas. Con un cociente intelectual de 133, sus calificaciones no reflejan ni sus capacidades ni sus talentos. «Me gustaría hacer una ingeniería, pero no sé si me darán las notas», indica. He aquí la paradoja. Pasa que, a veces, los métodos de evaluación o formación 'tradicionales' no surten efecto con chicas y chicos de altas capacidades. A Víctor, por ejemplo, no se le da bien memorizar, pero sus capacidades para entender los procesos de la física, por ejemplo, son a todas luces extraordinarios. Víctor reflexión sobre la forma, a veces incompleta, de medir la inteligencia: «El cociente intelectual es un criterio, sí, pero no se mide la inteligencia emocional o creativa».

Los datos y las necesidades

En Cantabria, según datos de la Consejería de Educación para el curso 2016-17, hay detectados 128 alumnos con altas capacidades. Atendiendo al porcentaje mínimo del 2% (de la población escolar) sobre el que hay consenso entre los expertos, esta cifra no parece representar bien la realidad.

En Acaaci, por ejemplo, hay alrededor de cien familias inscritas. Llevan año y medio de andadura y en ese tiempo, explica Sonia Álvarez Sánchez, presidenta del colectivo, tienen conocimiento de una cifra superior a la oficial.

La asociación se creó para hacer bueno el refrán que dice que la unión hace la fuerza. Un grupo de padres y madres de menores con altas capacidades eran conscientes de que a sus hijos no se les atendía «en su diferencia» dentro del sistema educativo. «Nos unimos para reivindicar los derechos de nuestros hijos y luchar por ellos», añade Álvarez Sánchez. Desde noviembre de 2016, han logrado programar actividades extraescolares y habilitar algunos espacios de encuentro donde sus hijos pueden desarrollar sus talentos y su autoestima, o, simplemente, estar a gusto. También han impulsado el programa 'Amentúrate', un apoyo que encarnan, entre otros miembros de la asociación, Pilar Regato y María Sampedro. El programa, añade Álvarez, «se ha convertido hasta en un motivo para seguir estudiando».

¿Qué se puede hacer para proporcionar a estos chicos una formación acorde a sus necesidades? La presidenta de Acaaci pone la Ley de Atención a la Diversidad en la cúspide de cualquier estrategia que se tome, y apunta aspectos que habrían de mejorar: mayor detección de las altas capacidades en la población escolar; formación de los maestros en esta casuística; que se evalúe atendiendo a la diversidad, o poniendo en marcha acciones pedagógicas que alimenten el desarrollo de capacidades y talentos, como los trabajos en grupo, por objetivos o por proyectos. Y, sobre todo, es esencial la sensibilización, expone Álvarez, «para acabar con los tópicos», entre ellos, el de que no necesitan una atención acorde. «Eso no es así. Solo hay que ver la tasa de fracaso escolar que tienen».

La presidenta de Acaaci recuerda que los chicos con altas capacidades viven su crecimiento, en muchos casos, en entornos poco motivantes. «Al final, gran parte de la imagen que tiene (sobre sí mismo) un niño es la que le ofrecen los adultos. Para los que tienen altas capacidades, muchas veces es una imagen frustrante: no hagas eso, espera a los demás, no molestes...».

La diferencia ha de ser contemplada, pide Álvarez, madre de dos hijos con altas capacidades. También la excepción, a veces encarnada en la posibilidad de que estos chicos tengan dislexia. Con todo, Álvarez quiere que la Administración se implique más. «El objetivo es que todos los profesores pudieran formarse».

Actividades por venir

En el Aula de Música de la UC, a media tarde, suena el 'Creep' de Radiohead a todo volumen. La batería, el piano y los instrumentos de cuerda han sido tomados por unos chavales que tratan de seguir el compás. La voz cantante la lleva Juan Amodio, quien, armado con una guitarra eléctrica, anima esta 'jam session' vespertina integrada en 'Amentúrate'.  Amodio, en breve, enfrentará tutorías individuales con estos chicos.

Las tutorías son el centro de la segunda fase. Lo explica Ibáñez: tras finalizar la fase de talleres, hay un mes para hacer los emparejamientos. «Ello exige nuevas entrevistas personales del equipo técnico-investigador con los mentees y sus familiares, así como con los mentores, alguna dinámica para poder decidir qué 'mentees' se emparejarán con qué mentores y arrancar así la 'Fase 2 de Mentorías Individualizadas». Y en este tramo, Rafael Ruiz acompañará el proceso. Para que el grupo sea el protagonista, «también esperamos que los 'mentees' generen comisiones y propongan actuaciones que les gustaría realizar y les aportaría beneficios a nivel personal o tendrían un impacto positivo a nivel social». Parece que ha llegado el momento de las altas complicidades.