Programa De Apoyo Integral A Las Familias

«El PAIF persigue la promoción de las competencias en padres e hijos»

Coincidiendo con la celebración del Congreso de Infancia y Familias, los expertos que diseñaron el PAIF han hecho balance de este primer año de implantación del programa en Cantabria
CRISTINA PASCUAL

–Cómo nace el Programa de Atención Integral a las Familias?

–A.O. En el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla llevábamos bastantes años trabajando en proyectos relacionados con la parentalidad positiva. La Consejería de Política Social del Gobierno de Cantabria se puso en contacto con nosotros, porque tenía interés en llevar a cabo un proyecto vinculado con estos temas. En nuestra primera visita a Cantabria, en el año 2010, nos centramos en el municipio de Santoña, como estudio piloto. Llevamos a cabo una investigación de las necesidades y los recursos existentes. Para ello, nos reunimos con profesionales de sanidad, educación, servicios sociales, padres y madres; recopilamos esa información y elaboramos un informe que, finalmente, fue el germen del programa de intervención PAIF.

–¿Cuáles son los objetivos y destinatarios del PAIF?

–V.H. A partir de ese análisis vimos que había unas necesidades de apoyo integral a las familias. Siempre se tuvieron en cuenta una serie de directrices, establecidas a nivel político, sobre cómo planificar esta intervención, por lo que diseñamos unos objetivos centrados, principalmente, en dos líneas de actuación. Por un lado, la promoción de la parentalidad positiva, es decir ayudar a que todas las familias de Cantabria tuviesen un mejor desempeño de sus tareas y responsabilidades como padres; y en segundo lugar, todo lo relacionado con la promoción del desarrollo en niños y adolescentes.

–¿Qué tipo de actuaciones recoge el PAIF?

–V.H. Todas comparten una línea común, que es la promoción de la parentalidad positiva. Lo que ocurre es que esta se puede aplicar mediante intervenciones o en contextos distintos. Por ejemplo, trabajamos con padres de escuelas infantiles, con padres de adolescentes y con familias desde el ámbito de la salud, el deporte… Al final, todo tiene que ver con la capacitación. Se trata de dotar a los progenitores de mejores competencias para llevar a cabo su tarea de crianza y educación.

–¿Sobre qué principios se sustenta la parentalidad positiva?

–V.H. Podríamos decir que hay unos principios comunes, establecidos a nivel europeo. Están el afecto, el control, los hábitos y la autonomía de los propios niños. Es decir, que los menores, en la medida de que son más capaces, vayan teniendo más actividad en la construcción de su propio desarrollo.

–'Prevención de Conductas Problemáticas', frente a 'Promoción de Conductas Saludables'. ¿En qué escenario se mueve el PAIF?

–A.O. En realidad son dos escenarios complementarios. El modelo de prevención sigue siendo muy útil, pero nosotros nos movemos en un modelo más centrado en la promoción de las competencias parentales y el desarrollo positivo. Nuestro modelo de partida no busca tanto detectar los factores de riesgo para minimizar los problemas, sino que el objetivo es promover esas competencias en padres y niños.

Cuando promocionas la autoestima, el autocontrol, la autoeficacia o las habilidades sociales, los valores, etc., al mismo tiempo estás previniendo todo tipo de problemas.

«El modelo de intervención busca padres autónomos que tomen sus decisiones. No queremos padres que hagan lo que les diga el experto»

–V.H. Sí. Es un enfoque de prevención, pero también de promoción. Gran parte de los activos se destinan a la prevención de problemas que, en algunos casos, son muy mediáticos. Todos conocemos la problemática con el consumo de drogas, alcohol, los problemas de alimentación o las tentativas de suicidios en adolescentes. Eso genera tanta preocupación social que demanda muchos fondos y planes de intervención.

Sin embargo, nosotros no nos conformamos con lograr que un niño no tenga problemas. Lo que realmente buscamos son menores competentes desde el punto de vista social, cognitivo, emocional.

–¿Cuál sería este primer balance del PAIF en Cantabria?

–V.H. Muy positivo. Pese a su corta trayectoria, y teniendo en cuenta que es una experiencia piloto, ha tenido una gran cobertura. Ha llegado a bastantes familias y con gran diversificación. Además, se ha implementado respetando muchos de los criterios de calidad establecidos. La implementación ha sido buena en criterios de adherencia de los participantes.

–A.O. Es muy relevante la percepción que madres y padres han adquirido de su rol de padres. Eso ha mejorado de forma muy significativa en todos los programas. Por ejemplo, en la faceta educativa hemos visto el incremento de prácticas positivas, como el razonamiento, mientras que las negativas, como la excesiva permisividad o la reactividad, han disminuido. Además, la percepción sobre la calidad de vida de sus hijos también ha mejorado. Los padres participantes tienden a tener una mejor percepción del bienestar psicológico y físico de sus hijos, del clima famliar, de la relaciones…

–¿Qué metodología sigue el PAIF?

–V.H. Una de nuestras señas de identidad es el uso de la metodología grupal. No tiene nada que ver con las antiguas escuelas de padres, donde un profesional venía y te contaba cómo educar a tu hijo. La eficacia está en la experiencia, en la reflexión sobre tu modelo educativo. Escuchar a otras personas, compartir problemas y descubrir que hay muchas formas de resolver un mismo problema. Es una construcción conjunta del conocimiento. No tratamos a los padres como alumnos, sino como a personas que traen una experiencia, un bagaje.

El modelo de intervención busca padres autónomos que tomen sus decisiones. No queremos padres que hagan lo que les diga el experto. Ese el gran objetivo y beneficio de este programa.

–A.O. Muchas veces nos demandan respuesta sobre algo muy concreto. Por ejemplo, la hora de vuelta a casa o la concesión de permiso para hacer ciertas actividades en la adolescencia. El profesional no tiene la respuesta. El hecho de que los padres discutan y reflexionen sobre ello les va a dar más seguridad. Entre ellos consiguen una respuesta compartida y eso aumenta su sentimiento de competencia. Cuando expones un problema que no sabes cómo solucionar y encuentras a otros padres que viven lo mismo, te sientes arropado y dejas de lado esa sensación de incompetencia.

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