Más de 150 minutos de ejercicio físico semanal reducen hasta en un 20% las posibilidades de sufrir cáncer

La edad también condiciona el tipo de ejercicio y la intensidad que se considera saludable. /Andrés Fernández
La edad también condiciona el tipo de ejercicio y la intensidad que se considera saludable. / Andrés Fernández

Lo dice la doctora Soraya Casla, de la Asociación Española contra el Cáncer, y advierte: «Hay que sudar, tiene que requerirnos un esfuerzo»

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Cada nuevo estudio lo deja más patente, el ejercicio físico contribuye a mejorar la salud igual que lo hacen las rutinas saludables de higiene, alimentación o descanso. «La última revisión de esta afirmación dejó claro que el mínimo exigible para prevenir el cáncer son 150 minutos de ejercicio físico moderado a la semana», resumió ayer en Santander la especialista de la Asociación Española contra el Cáncer, Soraya Casla. «Eso sí, cuando hablamos de ejercicio moderado estamos dando por sentado que nos exige entre un 70 y un 80% de nuestra capacidad cardiovascular», matizó. En resumidas cuentas, cuanto menos habría que sudar la frente.

Esos límites son diferentes para cada persona, porque los umbrales de esfuerzo no tienen nada que ver según de quién se trate. «No valdría, evidentemente, un paseo calmado, o ir de compras por la ciudad. Habría que salir a andar con cierto ritmo, con intensidad», apuntó la experta en la charla que ofreció este lunes en la Universidad Europea del Atlántico, dentro de los actos con los que el Colegio Oficial de Licenciados en Educación Física y en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de Cantabria conmemoran su primer año de vida.

Fue el Colegio Americano de Medicina Deportiva -el máximo referente mundial en esta materia-, el que acreditó el dato: «Hablaron de que con esa premisa se reducía ese 20% de posibilidades de sufrir algún tumor de esófago, hígado, riñón, gástrico, endometrio, leucemia, mieloide y pulmón. También sucedía en el caso del de mama y cólon, además de otros».

La práctica en enfermos

Diferentes son los casos en los que la persona está enferma. «Ahí la situación es más delicada, porque se han estudiado los beneficios que puede acarrear un ejercicio físico adaptado a cada caso, pero siempre con mucho cuidado porque dependiendo de la situación puede traer efectos secundarios». Por eso el afán ahora de la comunidad científica mundial se enfoca hacia el establecimiento programas estándar de actividad física orientados a la mejora de la calidad de vida de los pacientes oncológicos. «Se dibujarán tablas con programas generales que se podrán individualizar para los casos concretos, que es lo que nos interesa», matizó la experta.