Peregrinación a la Virgen Grande

Peregrinación a la Virgen Grande

Cientos de personas llegan a Torrelavega desde toda la región para disfrutar de los conciertos gratuitos en el Bulevar Demetrio Herrero y la Gala Floral

ENRIQUE MUNÁRRIZ

Las ciudades sin ti no tienen nombre», dice el verso. «Las ciudades sin ti no las recuerdo». Torrelavega, esa ciudad perdida por la crisis, siempre de un encuentro falsamente casual durante sus fiestas patronales, comienza a encenderse como un farolillo que guía el camino para cientos de personas de otros lugares. De Santander, Laredo, Campoo o Potes. De Londres, Madrid o Barcelona. Los foráneos, no todos turistas, también muchos expatriados, llegan por la Virgen Grande.

En la foto. César Retorta, María Gómez, Izara Retorta y Rosa Elorza (Peña Los Vividores); Enrique González, Pablo Pacheco y Fernando Pinedo (La Pera); Mercedes Pereira y Lorenzo Sardina (La Pirula); Marina Martínez y Lucía Arce (El Pezón) y Silvia Señas y Mª Ángeles Girado (La Panderetuca).

No se trata de un simple goteo de aficionados, sino más bien de un torrente de cántabros y turistas que inundará las calles de la capital desde el primer día para disfrutar de un buen rato en el circo, de explotar la creatividad en los talleres de manualidades o bailar al ritmo de la música en el Bulevar Demetrio Herrera. Todos cogerán la carretera y recorrerán, por ejemplo, los 24 kilómetros que separan Santander del corazón del Besaya. Las peñas de Santander ya calientan motores en la carretera, esperando en el paso de cebra para salir pitando. Suponen la nota de color, el estallido de diversión que termina, casi de manera irremediable, contagiándose por toda la ciudad. Y es que, a menudo, no solo da la sensación de que estén en todas partes, es que prácticamente lo están. A lo largo de los diez días de fiesta, más de una veintena de peñas participarán activamente en los actos que se desarrollen, ya sea en la calle, desde un autobús o incluso por río.

Una presencia irremplazable que este año trae consigo a varias peñas de la capital cántabra que acudirán a disfrutar de las casetas, que sirven de continuación a las que vivieron hace tan solo unas semanas en su ciudad de origen; a las ferias, a los conciertos, que a diferencia de su municipio aquí todos a excepción del de Rulo y La Contrabanda son gratuitos; y a la gala floral, que es el principal foco de atracción de los visitantes.

Las peñas Los Vividores, La Pera, La Pirula o El Pezón han decidido coger sus bártulos, hacer las maletas, sellar el pasaporte y traer su guasa durante los próximo diez días a la capital del Besaya. Invadirán las calles con sus camisetas verdes y rojas y sus babis rosas y azules para pasárselo como auténticos niños. No han tenido bastante con la diversión de la capital cántabra y llegan en busca de juerga.

Todo son pérdidas y encuentros. La pena por la muchacha que se fue con sus padres a la costa y que ya no disfrutará de las noche de fiesta hasta no se sabe bien cuándo. Ay. Las reuniones de amigos que viven fuera y que vuelven a casa este fin de semana a reencontrarse. O esos juegos del destino que te cruzan con alguien a las cuatro de la tarde y hace que no llegues antes de las 20 horas. Una compañera de trabajo, un mero conocido, un antiguo amigo, un amor perdido, uno futuro, quizás. La Virgen Grande te sorprende con eso y mucho más. Es su magia, que conquista a todos.

 

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