La cornada de la crisis

Hoy arranca la temporada taurina más desoladora: los ganaderos temen lidiar 2.500 toros menos

FRANCISCO APAOLAZA

Valdemorillo, Madrid, ocho grados de temperatura. Si el tiempo lo permite, allí arranca esta tarde una feria sin las nevadas del pasado año, pero con más frío que nunca. El paseíllo del novillero mexicano Arturo Saldívar abrirá una temporada taurina que tirita en medio de la crisis. «Más cornadas da el hambre», le dijo El Espartero a un periodista en 1884. Y tenía razón. El toro vive uno de sus momentos más difíciles desde la Guerra Civil. El pasado año la situación económica acabó por suspender uno de cada tres festejos taurinos previstos y nadie ha logrado aún hacerle el quite a la fiesta, que lucha colgada de los pitones de las cifras. El año pasado, la venta de reses bravas cayó un 23%. Siendo optimistas, algunos ganaderos como Eduardo Miura, presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, esperan que el bajón este año no llegue al 10%. Esto dejaría en el campo a 2.500 toros bravos.

Tienen hasta octubre para remediarlo. Les queda Valdemorillo, Olivenza, Valencia, Castellón, Sevilla, Madrid, la locura de las ferias de verano y el otoño, un maratón de capotes que dura hasta el Pilar de Zaragoza. El enorme reloj de albero se vaciará en ocho meses. En todo ese tiempo, el pasado año se dieron unos 1.600 festejos, 300 menos que en 2008 (en 2007 fueron más de 2.200). Las grandes ferias (Bilbao, Sevilla, Pamplona o Valencia) no sufren grandes cambios. El problema está en las plazas de tercera categoría y en los festejos populares como las sueltas. «Ahí viene un recorte drástico», asegura Tomás Entero, empresario de Valdemorillo y otra quincena de ferias de la Comunidad de Madrid. La organización de muchos festejos está en manos municipales y los ayuntamientos no andan para fiestas. Es el caso de Coín (Málaga), donde el consistorio se ha ahorrado 88.000 euros para poder pagar a sus proveedores. Entre los recortes, caen todos los festejos taurinos hasta nueva orden. En muchos otros pueblos, donde antes se daban tres corridas y una novillada (generalmente más barata) ahora tocan dos corridas y una novillada. O dos y dos. En los tendidos, menos puros habanos, menos relumbrón y «menos abonados», dice Entero.

En las fincas, la situación es cada vez más grave. En el campo miles de animales podrían sumarse a los que no se lidiaron el año pasado (más de 5.000). Los novillos tienen una oportunidad este año, pero a más 'primaveras', peor. Los toros de cuatro años en 2009 ya son cinqueños y a los ganaderos les cuesta más venderlos. No los quieren los toreros. Si se queda un cinqueño en el campo, lo tendrá negro zaíno, porque su única salida es el sacrificio. El ganadero percibirá por su carne en el matadero entre 350 y 450 euros, menos de lo que se come en pienso un macho adulto en un año. Y un cinqueño habrá comido durante cinco.

Una ruina. El toro que no se lidia lastra un año entero en su rentabilidad. Y se venderá más barato por acumular más años y por lidiarse en una temporada en la que los precios se apuran al límite. ¿Cuánto se paga por un toro? Depende de la plaza, la ganadería, los toreros que lo maten y las necesidades de empresario, público y ganadero. Alquimia de mercado: un solo toro puede venderse más caro que toda una corrida. Si en Bilbao, Madrid o Pamplona se llegan a pagar hasta 15.000 euros por un animal (a 90.000 la corrida), en otras plazas se venden, con suerte, a 1.500 (9.000 los seis). Muchos no alcanzan a cubrir gastos.

Producción imparable

«El problema es que esto no es como un coche, que lo paras cuando te da la gana, sino como un barco, que tarda en detenerse», explica Miura. Los toros de hoy nacieron en 2006 y las previsiones de mercado se hacen con cinco años de adelanto. Con todo, la suerte está del lado de las cuentas de los ganaderos. «La camada de 2006 fue muy corta». Este año vienen menos toros, una bendición económica y un posible desastre artístico. Cuando se eligen los padres y las madres de los toros (lo único que se puede escoger), no se sabe el resultado de la mezcla. Cinco años después, vendrán al mundo becerros que pueden convertirse en enormes ejemplares con trapío y presencia suficientes para Madrid, o en candidatos sólo a plazas modestas. A menos toros, menos posibilidades de sacar una corrida a la altura de las grandes plazas. Cuestión de probabilidad y genética. En Zahariche (Lora del Río, Sevilla), Eduardo Miura ha criado diez corridas y ha tenido que decir que no a Bilbao y Zaragoza.